Reportajes

8M: reescritura de cuerpo y territorio

Por Úrsula Sahagún 

Guadalajara, Jalisco, 8 de marzo de 2021.- El 8 de marzo de 2020, Día Internacional de la Mujer, más de 35 mil mujeres pusimos cuerpo en la marcha de Guadalajara. Al día siguiente, el lunes 9 de marzo, se nos convocó a un paro según el cual no saldríamos de casa ni usaríamos redes sociales; ese día dejamos que la ausencia hablara por nosotras y quitamos el cuerpo de donde cotidianamente lo poníamos, para que el silencio masivo de nuestras ausencias nos hiciera presentes. Finalmente, el viernes 13 de marzo, nos mandaron a casa por tres semanas que ya se han convertido en un año.

Puedo imaginar que éste será un 8M distinto, más allá de los cubrebocas que se escondan en cada pañuelo amarrado al rostro. Aunque la pandemia de Covid 19 no frenó a las feministas de concentrarse el 16 de septiembre para la Antigrita, ni para la marcha del 28 de septiembre, día por la despenalización del aborto, me atrevo a pensar que también pesará el encierro de las que no podemos salir este año. Hoy más que nunca, comprendo la importancia de poner el cuerpo en lo que una cree y celebro que el encierro no frene la protesta, aunque se traduzca a una foto con una pancarta publicada bajo un hashtag.

Creo que parte de la razón por la que el movimiento feminista se vuelve cada vez más fuerte son los entramados simbólicos que componen sus expresiones: detrás de cada acción de protesta feminista hay también una liberación simbólica. Cuando bordamos nuestros pañuelos verdes o morados, hacemos del bordado un arma para exigir nuestros derechos; bordar es una acción bellísima; sin embargo, le ha sido históricamente impuesta a nuestro género, y esta reivindicación le añade un peso simbólico.

Collage: Úrsula Sahagún. @carnenpapel

El feminismo nos acuerpa, es decir, nos vuelve un solo cuerpo, uno más grande que nos respalda y protege. Las marchas feministas son un gran ejemplo de ello, pues nuestro cuerpo se disuelve entre muchos otros que, interseccionados, resisten las mismas violencias. Los pasamontañas, la ropa negra y los pañuelos se vuelven un lenguaje simbólico que reescribe los espacios que pisamos, inundando los territorios prohibidos, esos que no podemos recorrer por la inseguridad que representan. Aunque un año de encierro ha demostrado que estar en casa tampoco promete ninguna seguridad para las mujeres, y reitera que los únicos espacios seguros los hacemos nosotras, porque, marchando juntas, si tocan a una, respondemos todas.

El movimiento feminista resiste a través de la reescritura de nuestros cuerpos y los territorios. Personalmente, celebro la intervención de los monumentos y los espacios por parte del movimiento, pues los monumentos, como las celebraciones, ya están rotos en un país donde mueren 10 mujeres al día a manos de la violencia. Hay toda una preocupación en torno al estado de los monumentos cada que se acerca una fecha conmemorativa para el movimiento feminista, cuando somos nosotras las que corremos verdadero peligro todos los días del año; tan solo de enero a septiembre de 2020 se registraron 704 feminicidios.

El 8 de marzo, los nombres de las que nos faltan se convierten en sangre que se desborda a gritos de los archivos impunes y olvidados de nuestros gobiernos y, al igual que nuestros cuerpos, los nombres de las ausentes toman las calles con la misma finalidad de los monumentos: permanecer en la memoria.

El 8 de marzo es un día para ocupar más espacio del que nos es permitido, porque a las mujeres históricamente nos lo han negado: desde la forma en la que se nos permite sentarnos, hasta la cantidad de mujeres que tienen un lugar en la historia del arte, en la política o en la industria del cine. Ante las limitaciones que vienen con una pandemia, este 8M nos invita a ocupar el espacio desde donde nos sea posible: con la voz, con el cuerpo, en redes sociales.

El 8 de marzo es un día para hurgar en la memoria y exigir en colectivo y con especial fuerza la justicia para las que nos faltan y la dignidad de las que aún estamos. Quizá muchas no podremos salir de casa, pero antes de la pandemia ya habíamos burlado un encierro.

Úrsula Sahagún
Realizadora audiovisual en formación. Apasionada del cuerpo y el arte. Bailo en mi cuarto todas las noches y hago collage. Instagram: @carnenpapel.

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