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Ale Poire: a tres metros del suelo

Ale Poire disfruta estar a tres metros sobre el suelo. Pinta las primeras líneas de algún mural sintiendo la adrenalina de encontrarse solo consigo misma. Siente que el mundo ruidoso de abajo no existe.  A tres metros sobre el suelo piensa que quiera hacer esto toda su vida, hasta que le duelan las rodillas y su cuerpo ya no lo aguante.

Además de la adrenalina y la soledad que le da pintar, Ale piensa de su profesión como un conducto directo a sí misma. Sus murales y cuadros son atentos de entenderse, conocerse a profundidad. Por eso su inspiración raramente se agota. Antes de incluso concebir una imagen en su cabeza, piensa en la intención que tiene su arte.

En realidad, a ella le gusta intencionar todo lo que hace. Cuando camina por los cuartos de su casa tiene la intención de apropiarse de cada esquina, sentirse en su hogar. Cuando pinta murales tiene la intención de descifrar un aspecto de su persona, inmortalizar una fase por la que pasó. El mural que pintó en una columna de la Línea 3 sobre Ávila Camacho, cerca de la colonia Country, es un girasol con varias manos aferradas en puños al tallo. Su intención era representar el crecimiento de su sobrino Aleph, que tiene tres años.

Aleph es un niño inquieto y burlón. Va creciendo inocente y puro y es responsabilidad de todos, la persona en la que se convertirá. No solo sus papás dejan marcas imborrables. Los que se cruzan con Aleph también tienen el poder de meter mano, de dejar su huella para bien o para mal. La intención de Ale al pintar un girasol sostenido en varios manos era dimensionar el hecho de que todos somos responsables de todos. No en el sentido juzgón y moralista sino como una realidad que no se escapa.

A Ale le gusta dirigir cada detalle de sus obras artísticas. En este caso ella misma compró los girasoles y les tomó las fotos que usaría de base. En otros murales pide a sus amigos que posen para después retratar sus caras en toda la ciudad. Para ella es importante usar de referencia a las personas que quiere. Pintarlas lo hace más especial.

En junio del 2020, Ale decidió retratar a su abuelo materno, que falleció hace un año en la casa del adulto mayor en Atlacomulco. Para ella fue muy emocionante retratarlo sentado en un sillón, leyendo con calma el periódico como lo hizo por décadas todas las mañanas. “El sentimiento de conexión fue muy real. No porque él ya no esté aquí significa que no sea real”. Su familia se sintió igual de conmovida por el mural. Ale no solo está en una búsqueda incansable de entenderse, también está en la búsqueda incansable de entablar conexión con su entorno, con sus seres queridos, consigo misma.

Y con desconocidos. Ale pasó muchas horas de su vida atorada en el tráfico de Periférico. Estudió Diseño en el ITESO y en sus trayectos largos y cansados se aburría. Los paisajes grises a los costados de Periférico la deprimían. El arte urbano, que tiene la intención de atraer y emocionar, está centralizado. Ale entendió lo que un mural podía hacer por las zonas grises de la ciudad, quería salvar del aburrimiento y la rutina a los transeúntes. Se propuso darle más vida al espacio público y ya lleva siete años haciéndolo.

Cuando baja del andén, vuelve al mundo ruidoso y apretado, Ale regresa a su casa exhausta. Descansa sin interrupción el día siguiente de terminar un mural. No siempre tiene las ganas ni la actitud de intencionar todo lo que hace. Pero cuando pisa tierra firme su intención siempre es volver a tres metros sobre el suelo.

Tere de Alba
Estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

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