“De verdad no sé por qué me quejaba, hay que disfrutar la escuela y todas las etapas”

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Andrea se fue de intercambio en la pandemia… y todo ha salido bien

Por: Paula Pedrero

Guadalajara, 11 de marzo de 2021.- María Andrea Aguirre Medina nació en León, Guanajuato, y vivió allí sus primeros 23 años hasta que se mudó a Guadalajara, donde hoy reside. Curiosamente ella siente que eso quedó decretado desde su infancia, pues tiene vagos recuerdos de comentarle a su madre que de grande viviría en esta gran ciudad y, ahora que eso se hizo realidad, su madre disfruta recordárselo. 

Andrea estudia Diseño y artes visuales en la Ibero León. Actualmente cursa su décimo y último semestre de carrera; se supone que ya debería estar graduada, pero, al igual que a todas y todos, la pandemia la tomó por sorpresa y los planes cambiaron.

Pero, según Andrea, también cambió ella misma. Hay cosas de todos los días que relaciona con la pandemia, como su cabello: sintió el impulso de cortarlo y decolorarlo sin razón alguna. Cuando lo piensa más, tal vez fue una manera de externar los nervios que sentía gracias a que estaba a punto de cambiar su vida; mudarse, vivir con desconocidos, en otra ciudad, y en otra universidad. 

Andrea cursaba octavo semestre cuando la pandemia llegó; debía haber terminado en noveno y su intercambio en el ITESO habría sido presencial, pero, en medio de la incertidumbre, prefirió dejar que las cosas sucedieran como tenían que suceder. Es así que ahora vive su intercambio en Guadalajara, estudiando en el ITESO y a nada de convertirse en licenciada. 

Estudiar fuera de León siempre le pareció una buena idea para crecer; ya había vivido una especie de intercambio en Chiapas, gracias al servicio social de su universidad, pero fue solo una pincelada de lo que sería un intercambio. La pandemia subrayó el desafío: “Es como si me hubiera ido de mi casa para estar en otra casa”.

Así, llegó a Guadalajara con la esperanza de tener clases presenciales: guardó todas sus materias optativas para el intercambio y metió solo clases prácticas. Todas le encantan, pues implican un reto y echar a volar su creatividad; una de ellas fue canto, y algo curioso es que la universidad virtual lo hace un poco más sencillo, pues le es más fácil dejarse llevar frente a pantalla.

Las relaciones con otras personas, en cambio, han sido más complicadas: debes decidirte a conocer personas por ti misma, pues no hay pasillos en donde puedas relacionarte, ni cafetería, ni jardines. Sin embargo, aunque no está yendo a la universidad, sí está en un lugar en el que nunca había vivido y con personas que no conocía.

Andrea en Guadalajara. Fotografías: Paula Pedrero.

Andrea se propuso conocer personas nuevas sí o sí; la primera persona con la que convivió fue su roomate, que le presentó a sus amigos y amigas, y resultó que tenían varios en común; buscó por su cuenta personas con hobbies similares y que vivieran por sus rumbos, atrás del campus del ITESO, lo cual le abre la posibilidad de al menos convivir con personas itesianas. Un día visitó a sus amigos de León en Guadalajara y allí se encontró a una compañera de clase y de equipo de su clase de cerámica, que además resultó ser su vecina.

La segunda persona a la que conoció fuera de la virtualidad fue su profesor de cerámica, lo cual resultó toda una aventura, pues fue a una parte de la ciudad en la que nunca había estado. Al llegar al estudio de su profesor se dio cuenta de lo superficial que puede ser la percepción a través de pantalla: a pesar de que fue un encuentro fugaz, sí que fue placentero pues tuvo un acercamiento más humano; que fuera la primera vez que se veían en persona le recordó el sentimiento del primer día de clases, cuando en realidad ya iban poco más de cuatro semanas. Andrea opina que eso evidencia cómo las clases virtuales dejan espacio casi solo para el aprendizaje, mientras que las relaciones personales pierden importancia. 

Según Andrea, la experiencia de la pandemia ha sido bastante positiva, pues desde que llegó a Guadalajara ha intentado mantener esa actitud. Cuando se enteró de que las clases presenciales no se iniciarían hasta marzo, tuvo dudas acerca de quedarse en la ciudad, pero concluyó que está en donde debe estar: ella siente que la vida ya está escrita, que ya tenemos destinado con quién estar y que, en esos lugares y con esas personas, vas a encontrar respuestas.

“Fue como si ya tenía que estar aquí, y así me ha pasado con los lugares que más disfruto: aunque no se está cumpliendo esto de estar en la escuela, por algo estoy acá y sigue siendo interesante ese camino”. 

Aun así, Andrea sigue teniendo la ilusión de ir al campus, pues está segura de que una de las tantas maneras en las que la pandemia influye en un estudiante es en hacerlo reflexionar acerca de ir a la escuela: “De verdad no sé por qué me quejaba, hay que disfrutar la escuela y todas las etapas”. Estudiar en pandemia la hizo valorar mucho más la oportunidad de poder estudiar, y ésta es también una de las razones por las cuales decidió hacer su intercambio aunque fuera en pandemia: “Aunque esté aquí encerrada, no estoy en casa”.

Paula Fernanda Pedrero Hernández
Artista multidisciplinaria en formación. Apasionada por el cine de no ficción, el arte plástico, la naturaleza y las realidades ajenas a la suya. Escribe por gusto, pregunta por curiosidad. @ilaaarte @ojorojo.producciones

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