PRIMAVERA DEL 2020Reportajes

Apá, y el alcohol que no lo deja llegar a la casa

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Apá, y el alcohol que no lo deja llegar a la casa

Fotografías: David Rojas.

Guadalajara, 27 de mayo de 2020.- Apá no llegó otra vez a la casa. Hace tres días que no viene. “Ma, ¿y mi papá?”, pregunta mi hermano Jorge, con interés, y sin ganas. “Sigue en la fábrica, creo”, dice Carmen, que es mi mamá. No es la primera vez que pasa. Esto tiene unos cinco años. Apá es alcohólico.

Es domingo. La cena está lista a las nueve.

Le marcamos por teléfono tres veces. No contesta. Nos manda un mensaje. “Me molestan las preguntas estúpidas”. “Regreso mañana”. Un no estén chingando impecable. Somos muy insistentes. Le marcamos de nuevo. Sigue sin dar respuesta.

Sí: José Luis, “Apá”, tiene un problema con la bebida. Se lo hemos dicho. Nunca lo niega. Tampoco dice que sí.

Siempre que le preguntamos por qué tomó, hay un motivo: “Se murió un amigo”, “me peleé con Pepito”, mi hermano más grande, “Me preocupa el negocio”, “Estamos gastando mucho”. Los pretextos se repiten a veces. Incluso se repiten en la misma semana. Es domingo y se le acabaron las razones. Sólo el impecable “no estén chingando”.

Cumplió. Se apareció por la mañana.

Según como llega es lo que hace: si no tomó, se sienta en la cocina a cenar lo que mamá preparó mientras ve el noticiero de las diez y media en ImagenTV. Luego, espera a que den las once y cuarto para ver ¡Qué importa! Después se va a dormir. Si tomó la cantidad suficiente para arrastrar las palabras, cena paaaan, galleeetas o passsstel. Lo que haya, siempre de harina. Le encanta.

Y si llegó muy mal, se sube a su cuarto, a veces sin saludar, para irse a dormir en su sillón gris. Prefiere dormir ahí que en la cama.

Lastima. Lastima como sea que llegue. Los codependientes somos fáciles de lastimar.

Apá jamás ha hablado de eso. Eso es su alcoholismo. Por más que insistimos, nunca quiere hacerlo. No estén chingando, responde, aunque no lo diga.

Por eso, a veces me refugio en la casa de mi abuela materna, María Carmen. Alego que acá hay más internet; es cierto, y también hay más paz. Hace seis días que no estoy en casa. Tal vez regrese mañana, o en dos días, o la siguiente semana. No lo sé. Tampoco sé si, cuando regrese, va a llegar esa noche, si va a llegar borracho; qué tan borracho llegará. Lo único seguro es que, si llega, me va a decir “Hola, Peque”. Así ha dicho siempre. Ese Hola, Peque que siempre me rompe el corazón.

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