Ciudadanías

Así se forman los nuevos influencers de derecha

Por Rodrigo Sosa y Sebastián Méndez

Visualizaciones de Rodrigo Sosa y Eduardo de Quevedo

En septiembre de 2021, varios legisladores de oposición, encabezados por el panista Julen Rementería, se reunieron en la sede del Senado mexicano con Vox, el partido español de ultraderecha. En una rueda de prensa, esos legisladores y Santiago Abascal, el líder de Vox, firmaron la llamada Carta de Madrid; un documento en el que se comprometían a «frenar el avance del comunismo en la Iberósfera».

La visita de Vox al Senado provocó polémica. En los días posteriores, la noticia ocupó la primera plana de varios periódicos, se publicaron columnas que hablaban del tema y hubo tuits a favor y en contra. Después de la polvareda mediática, la mayoría de los políticos que firmaron la Carta de Madrid se echaron para atrás y expusieron en sus redes sociales los argumentos para justificar su comportamiento. Christián Camacho, el operador de redes sociales del PAN en el Senado y quien tuvo la idea de traer a Vox, fue despedido. Él mismo lo anunció con un tuit que decía: «¿Adivinen quién no va a ir a trabajar mañana? El facho de Christian Camacho. Ah caray, soy yo. La vida, la libertad, la familia, la patria, la propiedad privada y la democracia se defienden al precio que sea». Christian, además de ser asesor de comunicación política, forma parte de una organización llamada Sublevados, para la que, a diferencia del PAN, la visita de VOX fue todo un éxito.        

¿Qué es Sublevados?

En sus cuentas de Twitter e Instagram, Sublevados publicó fotos presumiendo que ellos (o por lo menos algunos de sus miembros) habían estado en la rueda de prensa en la que los senadores recibieron a VOX. También subieron fotos con Santiago Abascal en lo que parecía un restaurante o una fiesta, donde estaban otros políticos y figuras de ultraderecha, como el argentino Agustín Laje. Ese fin de semana, la organización atiborró sus redes sociales con contenido en el que festejaban que por fin llegaba a México «un verdadero partido de derecha».

Fundada en 2019 por un académico llamado Pedro Cobo, por dos tuiteros llamados Mario Fernández y Lía Trueba y por un asesor político llamado Fernando Cota, Sublevados nace como una agrupación conservadora diseñada para tener como miembros a gente fresca, joven y ajena a los partidos políticos tradicionales y las organizaciones como el Frente Nacional por la Familia. Sus primeros miembros fueron jóvenes tuiteros, influencers provida y «guerrilleros de internet», como los llamó Pedro Cobo. Fueron esos miembros fundadores quienes le hablaron de Sublevados a sus amigos, familiares y compañeros de clase, hasta llegar a agrupar hoy a 60 miembros de toda Hispanoamérica.

Pedro Cobo, fundador del proyecto, aclara que Sublevados no es una agrupación partidista, ni un medio de comunicación, ni una organización religiosa, sino «una plataforma que busca amplificar la voz de jóvenes conservadores en América Latina para influir en la agenda política, mediática y cultural».

Académico e investigador español, Pedro Cobo fue profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) por casi 20 años; también dio clases en la Universidad Panamericana, en la Universidad Anáhuac y ha sido profesor invitado de la Universidad Hebrea de Jerusalén y el City College de Londres. Es a partir de esa experiencia como docente que Cobo asegura que «los loquitos de izquierda» tienen cada vez más poder dentro de las universidades, lo que para él implica que la libertad de cátedra y la libertad de expresión están en peligro. Cobo cuenta que muchos de sus estudiantes eran estigmatizados por tener posiciones en contra de la legalización del aborto o por criticar acciones de los colectivos feministas como los tendederos de denuncias. Por eso, desde hace años, él tenía en mente la idea de formar un grupo de estudiantes conservadores para «hacerle frente a los colectivos feministas y a la agenda LGBT en la universidad».

El proyecto es tan importante para Cobo, que dejó su carrera académica para dedicarse de tiempo completo a Sublevados. Él afirma que lo que busca hacer con estos jóvenes es «construir influencers de derecha»; personas que empiecen a ganar seguidores, que poco a poco se hagan caras conocidas en el ecosistema mediático de hispanoamérica y que puedan colarse a medios de comunicación tradicionales, a espacios académicos e incluso a instituciones públicas. Eso es algo en lo que han tenido éxito. Sublevados ya ha formado redes con Santiago Abascal, el líder de VOX; con Agustín Laje, el influencer de ultraderecha más famoso de hispanoamérica, y con Eduardo Bolsonaro, el hijo del presidente brasileño. Además, sus miembros ya han aparecido en espacios periodísticos nacionales como SinEmbargo y los de Carmen Aristegui y Julio Astillero; también han establecido vínculos con políticos a nivel local y federal.

Cobo asegura que él y los fundadores de Sublevados no se identifican ni con el PAN ni con cualquier otro partido político conservador en México, pues los consideran «de derecha tibia». La ideología de Sublevados, dice su fundador, se acerca más bien a la del Partido Republicano estadounidense o a la de políticos como Viktor Orbán o Jair Bolsonaro.

Para conocer y entender el tamaño de la red de Sublevados, sus estrategias, sus discursos y cómo se insertan en las distintas coyunturas de la conversación pública, presentaremos, a lo largo del texto, una serie de grafos de relaciones realizados a partir de descargas de metadatos de Twitter.  Los siguientes dos grafos muestran la relación entre usuarios a partir de los tuits descargados de 57 cuentas que pertenecen a miembros de Sublevados.

Grafos de relación entre usuarios. Realizados a partir de la descarga de 123,951 tuits de las cuentas de 57 miembros de Sublevados. El tamaño de las etiquetas destaca, en el grafo de la izquierda, los usuarios con más grado de entrada y en el de la derecha, los usuarios con más grado de salida. 21,727 nodos, 41,273 aristas y 17 comunidades.

Estas dos visualizaciones representan, a grandes rasgos, el universo de usuarios de Twitter que interactúan con la cuenta de Sublevados y con las cuentas personales de los miembros de esta agrupación. La red tiene 21,727 nodos. Cada nodo representa a un usuario que interactuó con una mención, una respuesta o una cita con los miembros de Sublevados. Estas interacciones están representadas por las aristas, o sea, las líneas entre un nodo y otro. Aunque es imposible saber qué porcentaje de esos 21,727 usuarios concuerda o no con las ideas de Sublevados, el número en sí mismo muestra el importante tamaño de conversación y grado de incidencia que este grupo despierta en Twitter.

Incendiar las redes

Cobo tiene claro que internet es su campo de batalla. Sublevados tiene una cuenta de Twitter con veintiún mil seguidores, una de TikTok con nueve mil, una de Instagram con cuatro mil, una de Facebook con tres mil quinientos y un canal de YouTube con dos mil suscriptores; números que podrían parecer menores si no se toman en cuenta dos factores: las cuentas de Sublevados tienen relativamente poco tiempo de haberse creado, y las cuentas personales de sus miembros tienen muchos más seguidores: Lía Trueba, por ejemplo, tiene casi 83 mil seguidores en Twitter y las cuentas de otros miembros tienen diez, quince, veinticinco o treinta mil seguidores.

Lo relevante de Sublevados, lo que los hace destacar de otros grupos conservadores en México, es su estrategia transmedia en redes sociales. Una estrategia que gira en torno a una dinámica que busca incendiar las redes, generar polémica y llamar la atención para después, una vez que se apagó el incendio, publicar contenido extenso, en el que exponen sus ideas con estructuras bien definidas y valores de producción profesionales. Mientras en su cuenta de Twitter publican memes burlándose de alguna marcha feminista o tuits donde califican de «enfermos mentales» a las personas transgénero, en YouTube publican videos de entrevistas con líderes protestantes, historiadores y economistas. Estas dos actitudes podrían parecer contradictorias, pero son las dos caras de una misma moneda: Por cada tuit transfóbico que publica Sublevados, hay cien usuarios que se indignan, los ridiculizan y los exponen, pero quizás haya dos o tres que se meten a su perfil por curiosidad, terminan por ver uno de sus videos en YouTube y por suscribirse a su canal. A Sublevados le importan esos dos usuarios que ganan, no los cien que los insultan.

Otra característica de esa estrategia transmedia es la búsqueda de colaboración con creadores de contenido que tengan más seguidores que ellos. Destaca su relación con el argentino Agustín Laje, quien tiene más de un millón de suscriptores en YouTube y cientos de miles de seguidores en Twitter. Convertido en una especie de superestrella del antifeminismo, Laje ha ayudado a Sublevados a crecer y a legitimarse: cada que él aparece en alguno de sus videos, le da retuit a sus publicaciones o viene a México a reunirse con ellos, Laje inserta a Sublevados en la constelación de movimientos ultraderechistas que ya han ganado una enorme popularidad e influencia en países como España, Brasil, Chile y Argentina.

Con esta estrategia transmedia, Sublevados transita del meme a lo formal de manera casi imperceptible. Un día postean un TikTok en el que se burlan de «los aliades» y al otro están en el Senado de la República.

El siguiente grafo de relación entre usuarios y hashtags muestra los hashtags más utilizados por los  miembros de Sublevados y por los usuarios que interactuaron con ellos. El tamaño de las etiquetas destaca el grado de entrada, o sea, los hashtags más utilizados por esta red de usuarios de Twitter. Con una mirada rápida vemos #corteabortono, #salvemoslas2vidas, #mexicoesprovida, #quintanarooceleste y #prolifearmy. Un clavado en el grafo permite conocer perfectamente cuál es la agenda que tiene Sublevado, pues, la gran mayoría de hashtags que utilizaron sus miembros y los usuarios que interactuaron con ellos tienen que ver con la oposición a la legalización del aborto. Aunque aparecen otros temas y otras coyunturas como #cancelporn, #ITAMSinCensura o #PíldoraParaLaMemoria, la absoluta mayoría de los hashtags del grafo se enmarcan dentro de la agenda antiaborto y, por extensión, antifeminista.

Grafos de relación entre usuarios y hashtags. Realizados a partir de la descarga de 123,951 tuits de las cuentas de 57 miembros de Sublevados. El tamaño de las etiquetas destaca el grado de entrada. 4387 nodos, 6654 aristas y 13 comunidades.

Los hitos de Sublevados

Ayudar a traer a Vox a México fue el evento que más visibilidad mediática le ha dado a Sublevados hasta el momento, pero también han colaborado con una lista heterogénea y amplia de políticos, académicos y creadores de contenido. Solo en este año han entrevistado a Christopher Landau, el embajador de Estados Unidos en México durante la administración de Donald Trump; al economista Sergio Negrete; a José María Figaredo, diputado español; a Gilberto Lozano, el líder de FRENAA, y a José Daniel Borrego, un influencer y excandidato a la alcaldía de Monterrey.

Todo ese trabajo de networking legitima e inserta a Sublevados y sus miembros en el ecosistema mediático en español, pero a escala local los grandes hitos de la organización los marcan la conversación, discusión y confrontación que han generado en redes sociales;  hashtags como #ITAMSinCensura e #ITESOAntiderechos son dos de los ejemplos más exitosos en este ámbito.

#ITAMSinCensura fue tendencia nacional en Twitter en febrero de 2021, después de un choque entre algunos alumnos, que se identificaban como provida, con La Cuarta Ola, un colectivo feminista de alumnas del ITAM. Los mensajes que acompañaron al hashtag acusaban al colectivo de buscar censurar a los alumnos que militaban en posiciones diferentes y acusaban también al ITAM de complicidad, al haber cedido terreno y poder a colectivos y activistas dentro de la universidad.

Por otro lado, #ITESOAntiderechos fue tendencia en mayo de 2021 y surgió a partir de que Alex Barboza, un estudiante del ITESO, comenzó un proceso judicial a raíz de que esta universidad lo sancionó y le impidió cursar materias por, supuestamente, incitar al discurso de odio. Los tuits que acompañaron al #ITESOAntiderechos ponían sobre la mesa lo inverosímil de las acusaciones que le hacían a Barboza y, de nuevo, la complicidad de esta universidad por doblarse ante la presión de grupos feministas.

Cuando ambos casos salieron a la luz, los miembros de Sublevados coordinaron una campaña de asedio digital a las cuentas de Twitter del ITAM y del ITESO, utilizando los hashtags ya mencionados para simplificar, eliminar los matices y empujar un relato que califica a los colectivos feministas, las comisiones de género y los activistas sociales como un peligro para la libertad de expresión y la libertad de ideas de estudiantes y docentes.

Estos dos grafos de relación entre usuarios y hashtags fueron realizados con descargas de tuits de ambas campañas de asedio. Es importante subrayar que estos dos hashtags no solo fueron utilizados por los miembros de Sublevados, sin embargo, fue este grupo el que con la lógica de una milicia digital, realizó una campaña coordinada y centralizada de ataques contra estas dos cuentas y eso provocó que estos dos hashtags se hicieran tendencia en Twitter. Sublevados, pues, marcó el tono y el enfoque de cómo se conversó en Twitter sobre estos dos casos.

Grafos de relación entre usuarios y hashtags. Realizados a partir de la descarga de 1821 tuits en el caso de #ITAMSinCensura y 634 en el caso de #ITESOAntiDerechos. En ambas se destaca el grado de entrada. El de #ITAMSinCensura tiene 2184 nodos, 2221 aristas y 31 comunidades. El de #ITESOAntiDerechos, 386 nodos, 409 aristas y 9 comunidades.

Esta estrategia de asedio digital tiene dos finalidades. La primera es la de intimidar. Citando a Carlos Piña, analista de redes, “el esfuerzo coordinado de coerción digital tiene la finalidad de silenciar y contrarrestar cualquier opinión que sea diferente a la del grupo que coordina el asedio”. La segunda finalidad, mucho más sutil, es poder llegar a estudiantes jóvenes de estas instituciones y convencerlos de que en sus universidades hay un grupo esquizofrénico, paranoico y vengativo que buscar censurar, cancelar y sancionar a todos los que no se doblen a la tiranía feminista woke.

Con esa estrategia, Sublevados (como cualquier grupo de ultraderecha), aprovecha ese tipo de coyunturas para presentarse como los paladines del sentido común, la coherencia y la moderación aunque reconozcan que sus posturas son ultraconservadoras, ultraderechistas y belicosas.

Ese discurso funciona. Cuando sucedieron estos dos casos y ocurrió la confrontación en Twitter, varios estudiantes del ITAM y del ITESO, consultados para este trabajo, celebraron que por fin alguien levantara la voz frente a los colectivos feministas de sus respectivas universidades. Ninguno de ellos eran neonazis, militantes de provida o ultracatólicos. Simplemente consideraron que «rebelarse» ante el feminismo era algo necesario.

Sublevados, sin embargo, no se limita a ser una reacción ante la aparición y visibilización de movimientos feministas o defensores de los derechos de la comunidad LGBT+; de hecho, forma parte de un sector del conservadurismo que se asume a sí mismo como «derecha alternativa» o «nueva derecha» y que logra apropiarse del sentido de rebeldía. Es decir, logra presentar posturas ultraconservadoras, fundamentalistas e intolerantes como contraculturales, rebeldes y subversivas, esto resulta muy atractivo para un sector de audiencia joven que se informa principalmente en redes sociales. Al final del día, ¿qué joven no quiere ser un revolucionario?

¿Cómo son los miembros de Sublevados?

Pedro Cobo sostiene que Sublevados tiene 60 miembros de toda Hispanoamérica. Esos miembros tienen entre 18 y 35 años. Héctor y Ana, ambos de 27 años en el momento en el que los entrevistamos, son apenas dos de esos integrantes.

Abogado y comunicólogo de Chihuahua, Héctor se describe a sí mismo como un joven conservador; para él, los valores más importantes son la vida, la familia, la nación y la idea de que fuimos creados por un ser supremo. Héctor empezó a etiquetarse a sí mismo como conservador porque sentía que en determinados contextos era juzgado y rechazado por sus visiones políticas. Un ejemplo es su postura en contra de la legalización del aborto: «dentro de las universidades, los jóvenes provida son estigmatizados, perseguidos y censurados», dice Héctor, y asegura que todo esto es parte de «una revolución cultural marxista que busca cambiar radicalmente los valores más importantes». Por eso, para él, ser hoy un joven conservador es asumir una postura contracultural, es «rebelarse contra las élites que quieren destruir la vida y la familia».

Para Héctor, la presencia de colectivos feministas en escuelas y espacios de trabajo hace que cientos de jóvenes en las universidades tengan miedo a expresar sus opiniones: «párense en cualquier universidad y pregunten a quien sea qué opina sobre el aborto; cinco te van a decir que están totalmente a favor, dos te van a decir que no pueden opinar porque son hombres y, a lo mejor, una te dice que no sabe. Absolutamente nadie te va a decir que está en contra por miedo a ser cancelado o ridiculizado». Esa es una de las razones que motivó a Héctor a unirse a Sublevados: «poder hacerle ver a esos jóvenes conservadores que no están solos, que no tienen de qué avergonzarse y que no tienen que bajar la cabeza».

Héctor explica que Sublevados está enfocado solo en personas jóvenes porque «en la cultura, hay una imagen anciana y decrépita del conservador, que busca ligarlo a ideas absurdas, viejas y de antaño». Sublevados busca darle la vuelta a esa imagen, Héctor lo explica así: «hay que dejar claro que nosotros en Sublevados tenemos visiones tradicionales y conservadoras, sin embargo, no queremos que nos asocien con monjitas, padrecitos o con señoras que van todos los días a misa. Queremos demostrar que el conservadurismo está más vivo y más vibrante que nunca. En ese sentido sí se podría decir que buscamos ser la cara joven y atractiva de la derecha en México».

A lo largo de la conversación, Héctor citó a autores como Edmund Burke o Hans Christian Andersen para sostener argumentos que expuso con coherencia y fluidez. Quizá por eso él ha participado e incluso moderado, algunos debates acerca de temas jurídicos que se encuentran en el canal de YouTube de Sublevados. Por ejemplo, en los videos Activismo judicial: cuando al juzgador ya no le importa el derecho e Infancias Trans: Perspectiva jurídica, Héctor habla de manera crítica, con argumentos serios y robustos, acerca de dos temas que han estado en el debate público durante años: la legalización del aborto y la aprobación de la ley de infancias trans de la Ciudad de México

Ana tiene la misma edad que Héctor, estudió diseño y es de la Ciudad de México. Lo primero que nos confesó fue que durante casi toda su vida, no había estado muy interesada en la política, ni era muy consciente de qué era ser de derecha o de izquierda. Empezó a nombrarse a sí misma como conservadora en la universidad, después de asistir a una conferencia de Agustín Laje. Ana cuenta que cuando empezó a utilizar Bumble para conocer a gente nueva, escribió «conservadora» en el apartado de «ideología política» del perfil de esa App. Eso provocó que mucha gente hiciera match con ella para burlarse e insultarla. Por situaciones como esa, dice Ana, es que empezó a ser más abierta y militante en torno a sus posturas políticas.

A pensar de etiquetarse a sí misma como conservadora, Ana también se consideraba una feminista. Aunque «feminista provida», aclara. Ella decidió asistir a la marcha del 8 de marzo de 2020 y ahí vio cómo grafitearon a un reportero y como un sector de la marcha feminista chocó con manifestantes antiaborto que estaban reunidos afuera de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Eso la hizo tomar una postura antifeminista y expresarla en sus redes sociales. Un día, una de esas publicaciones de Ana se volvió viral en Twitter y mucha gente llegó a su perfil a insultarla. Una amiga de la universidad le dijo que conocía a un grupo que podía «ayudarla a defenderse de las feministas». Así conoció a Sublevados.

La metieron a un grupo de WhatsApp, le dijeron que estaban interesados en que se uniera a Sublevados, le hicieron una entrevista y entró. Ana estaba sorprendida de que se hubieran fijado en ella; en ese momento tenía muy pocos seguidores, pero le aclararon que lo que buscaban era «gente que fuera muy intensa en Twitter». Durante la conversación, Ana compartió otras características de los integrantes de Sublevados: todos los miembros tienen que pagar una cuota mensual para costear los gastos de producción y edición de contenidos audiovisuales, y que en Sublevados habían llegado a tener a miembros menores de edad, pues querían también producir contenido para adolescentes.

Para Ana, en Sublevados no todo es política o peleas en Twitter; de hecho, lo que más le gusta es el ambiente del grupo; «nunca había conocido a tanta gente nueva», dijo. Aunque reconoció que en Sublevados «había aprendido a ser más agresiva». Con eso se refiere a que, desde que ingresó, ha tomado posturas más «combativas» respecto a su antifeminismo. Por ejemplo, está infiltrada en grupos de Facebook y WhatsApp de mujeres que buscan abortar clandestinamente usando medicamentos. De esos grupos, Ana saca y publica información personal de mujeres que buscan ayuda para realizarse un aborto y de las acompañantes que les facilitan los medicamentos. La cuenta de Twitter de Ana está repleta de capturas de pantalla, fotografías o mensajes de texto de mujeres pidiendo ayuda para abortar que ella consigue en estos grupos y publica sin consentimiento junto al hashtag #ExponiendoFeministas. Los tuits que ella publica con este hashtag incluyen, por ejemplo, fotografías explícitas de fetos o capturas de pantalla de mensajes de mujeres que terminaron hospitalizadas por complicaciones durante su aborto, de los que Ana se mofa.

Héctor y Ana son solo dos miembros de Sublevados pero son dos perfiles que representan las dos caras de la moneda de las que hablamos antes: Héctor, el formal, el que cita a Edmund Burke y el que aparece de traje en los videos, y Ana, «la intensa de Twitter» y la incendiaria. Aunque podrían parecer muy diferentes, porque lo son, ambos comparten dos cosas que encontramos en muchos otros miembros de Sublevados: un antifeminismo absoluto y la idea fija de que ellos, por ser conservadores, han sido víctimas del estigma y de la censura.           

Al hablar con los miembros de Sublevados, es evidente una sorprendente heterogeneidad en cuanto a ideas, posturas y referencias. Lo único que parece unificarlos es la claridad que tienen al considerar al feminismo como su enemigo a vencer; ese enemigo concreto que siempre necesita construir la ultraderecha. En España es el Islam; en Estados Unidos son los inmigrantes ilegales; en Brasil es el socialismo, y en la visión de Sublevados, en México, ese enemigo es el feminismo. Ellos tienen la absoluta certeza de que los movimientos feministas buscan destruir los cimientos de nuestra sociedad y eso hace que sientan el deber de comenzar una batalla en contra de éste; una batalla que trasciende el plano electoral o partidista y que es llevada incluso al nivel de cruzada cuando la llaman «batalla cultural» o «batalla espiritual» contra el feminismo.

Los miembros de Sublevados, además de coordinar campañas de asedio como las que citamos anteriormente, también buscan participar en la discusión de coyunturas nacionales e internacionales; principalmente en las disputas que surgen cada que se debate el tema de si el aborto debe ser legalizado o no. En este tipo de disputas, altamente polarizadas, participan cientos de miles de usuarios para apoyar o refutar ambas posiciones y es el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de grupos extremistas y fundamentalistas. El siguiente grafo de relación entre usuarios y hashtags fue realizado a partir de la descarga de 116,536 tuits con menciones de #mexicoesprovida, #corteabortono, #seráley o #abortolegalya publicados desde 2019 en el marco de las distintas disputas que ha habido en torno a la legalización de aborto en México. El grafo muestra la interacción de 87,556 nodos y el tamaño de las etiquetas destaca los que más menciones tuvieron.

Grafo de relación entre usuarios y hashtags realizado a partir de las descargas de 116,536 tuits con alguna de las siguientes menciones en distintos puntos del 2019, 2020 y 2021: #abortolegal, #abortolegalya, #seráley, #mexicoesprovida, #corteabortono y #marchavidamx. Los tamaños de las etiquetas destacan el grado de entrada. 87,556 nodos, 195,987 aristas y 118 comunidades.

En el grafo anterior hay activistas, colectivos, partidos políticos, medios de comunicación y muchos otros perfiles de usuarios que participaron en las discusiones enmarcadas en este tema. Tomando en cuenta la agenda de Sublevados, quisimos conocer qué tanta incidencia tiene este grupo en una de las coyunturas que más les interesa. Para eso, hicimos un gráfico de relación entre usuarios ahora solo con las menciones de #mexicoesprovida, #corteabortono y #marchavidamx. El resultado fue un grafo realizado a partir de 45,450 tuits. Después, buscamos en el grafo las 57 cuentas de los miembros de Sublevados que teníamos identificadas y encontramos que 34 de ellas que sí postearon algo con alguno de los hashtags. Al realizar el filtro donde solo se ven las interacciones de estas 34 cuentas, queda el 4.19% de los nodos y el 6.2% de las aristas del grafo principal. Sublevados es apenas la punta del iceberg de la llamada marea celeste.

Grafo de relación entre usuarios realizado a partir de las descargas de 45,450 tuits con alguna de las siguientes menciones en distintos puntos del 2020 y 2021: #mexicoesprovida, #corteabortono y #marchavidamx. Los tamaños de las etiquetas destacan el grado de entrada. 25,823 nodos, 68,656 aristas y 86 comunidades. El grafo de la derecha es un filtro que solo muestra las interacciones de 34 cuentas de los miembros de Sublevados, ocupan el 4.19% de los nodos y el 6.2% de las aristas.

¿Qué sigue?

El periodista y escritor Álvaro Delgado, uno de los mayores expertos en el estudio de la extrema derecha en nuestro país, nos comentó que, desde su perspectiva, por lo que él ha reporteado del grupo, lo que Sublevados desea es ser parte de un frente de agrupaciones conservadoras que pueda fundar una especie de Vox México; un partido político que logre capitalizar el voto provida y el hartazgo de un enorme sector de la militancia de los partidos conservadores tradicionales hacia sus élites.

Emilio Yitzhak, estudiante de psicología y actual director de Sublevados, fue directo al hablar sobre el futuro de la organización: aunque Sublevados ha cosechado algunos éxitos en sus dos años de existencia, quieren ir por más y eso implica, en el corto plazo, constituirse como una asociación civil que les permita recibir donativos e incorporar más personas como miembros formales. De hecho, iniciaron ya ese proceso legal. Emilio asegura que «ya hay varias empresas grandes que están interesadas en hacer donativos a la organización», ya que buscan hacer proyectos más ambiciosos, especialmente dentro de las universidades. Emilio se negó, sin embargo, a revelar los nombres de esas empresas; también nos dijo tajantemente que Sublevados no busca ser un partido político, aunque matizó: «si en un futuro, en México surge un partido similar a Vox, no tengan duda de que habrá algunos miembros de Sublevados ahí».

No podemos tener la certeza de que Sublevados vaya a convertirse en una plataforma masiva que logre movilizar a millones de personas, ni de que los miembros del grupo vayan a formar parte de las filas de un hipotético partido de ultraderecha mexicano. De lo que sí tenemos certeza es de que Sublevados es apenas la punta del iceberg. Es un punto visible dentro de una red gigantesca de usuarios, organizaciones y facciones ultraderechistas que están utilizando las redes sociales para propagar discursos extremistas, y que están teniendo un éxito enorme en países de Europa y América.

Rodrigo Sosa Guzmán
Es estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

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