Reportajes

Autodefensa feminista: un entrenamiento colectivo

Nos enseñan a culpabilizarnos; nos preguntamos: ¿si yo hubiera dicho algo?, y luego nos culpabilizan de nuestra defensa; hay que romper ese estigma”

—Instructora.

La defensa personal es diferente a la defensa feminista: ésta enseña a las mujeres técnicas para zafarte de un agresor, prepara psicológicamente para actuar y qué hacer si ves a otra mujer en una situación de riesgo; ahí es donde se marca la diferencia.

La colectiva Lavanda organizó un taller de defensa feminista dentro del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), en el marco del paro activo al que convocó el jueves 5 de marzo; al menos 70 alumnas y empleadas participaron.

La emoción de las chicas se veía en sus sonrisas, sus ojos buscando un lugar disponible para sentarse; no importaba dónde: era un lugar en el que se respiraba seguridad.

Se formó un círculo alrededor de las tres chicas que impartieron el taller, y quienes pidieron mantener su identidad oculta por su seguridad; sin embargo, esto no detuvo su pasión de enseñar a más mujeres a defenderse.

Antes de iniciar con las técnicas, tres asistentes compartieron historias acerca de cuando fueron acosadas y sintieron que no pudieron defenderse; quienes las escucharon les contestaron con una ronda de aplausos.

Conocerse a sí misma

El autoconocimiento, los sentimientos, el miedo y el espacio vital son parte de la preparación psicológica: las talleristas subrayaron la importancia de conocer las fuerzas y debilidades propias, ya que, “mientras más nos conozcamos, mejor respuesta vamos a poder dar”.

También hay que estar alerta al ver a una compañera en una situación de peligro: primero hay que ver el contexto, si el agresor es su pareja o un desconocido, y recomendaron dirigirse siempre a la mujer.

—¿Alguna vez se han sentido incómodas mirando a alguien?

—¡Sí!

La primera defensa inicia con el contacto visual: cuando miras a los ojos al atacante, le estás diciendo: “Ya te vi”. Cuando se acerca más, es el momento de confrontar: “¿Qué quieres? ¡Aléjate! ¡No!”.

En el primer ejercicio, las asistentes se colocaron en dos filas, una enfrente de otra, y la orden fue “mírense a los ojos, chicas”; una chica representaba al atacante y debía acercarse a la otra para que ésta se defendiera con el poder de su palabra. Algunas chicas hicieron pareja con una amiga, mientras que otras aprovecharon para conocer a gente nueva.

Si alguien las agarra del brazo, vean hacia qué lado apunta el pulgar del agresor y jalen su brazo hacia esa dirección”.

Los nervios bajaron y las chicas fueron cobrando confianza; las risas y los gritos se hicieron presentes hasta que todas completaron 10 veces el ejercicio.

¿Y si nos agarran del cabello?, preguntó una joven, y se hizo silencio.

Daniela Camacho
Periodista en formación, apasionada por los movimientos sociales y el arte

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