Reportajes

De ciencia y ratones

Ahtziri Isabel Castro Arévalo estudia la Licenciatura en Gestión Cultural y Mateo García Cerda la Licenciatura en Gestión Pública y Políticas Globales en el ITESO. Este artículo es parte de la investigación “La relación entre animales y personas en el Área Metropolitana de Guadalajara” que se realizó en el PAP “Mirar la ciudad con otros ojos: memorias e identidades” en el periodo Verano 2021.
Por: Ahtziri Isabel Castro Arévalo y Mateo García Cerda

La ciencia ha sido la herramienta más importante de la humanidad. Para adquirir este conocimiento hemos propulsado perros al hostil espacio, se ha hecho fumar marihuana a chimpancés y millones de animales han sido abiertos y examinados mientras estaban con vida. La historia de la ciencia, las personas y los animales está entrelazada de manera más íntima de lo que creemos, y en medio de este largo camino se encuentran la crueldad, áreas grises y la esperanza de nuestra relación con los animales y sus contribuciones al conocimiento del mundo.

Los animales han sido fundamentales para la supervivencia de nuestra especie. Durante los primeros millones de años de coexistencia han sido una de las fuentes primordiales de alimento. Vlad Smil, en Energía y civilización: una historia (2017), explica que para muchos grupos humanos el alimento obtenido de los animales era tan satisfactorio energéticamente que su estilo de vida ha permanecido casi idéntico por miles de años —como es el caso de los inuit en el Ártico americano—. Jared Diamond, en Armas, gérmenes y acero (1997), destaca el hecho de que pocos animales fueron domesticados por cumplir características esenciales, entre ellas la de ser una fuente estable de alimento.

Sin embargo, los animales también han sido responsables de satisfacer otra necesidad primordial: el conocimiento. De hecho, se podría argumentar que el papel de los animales en la ciencia ha sido tan importante como su papel en la alimentación de las personas. Sin ellos, muchos descubrimientos vitales relacionados con la física, la química y la biología, así como sus contribuciones a la ingeniería y la medicina, no habrían sido posibles.

En la antigua Roma, Claudio Galeno (129-200) analizó la anatomía de monos y cerdos con técnicas de vivisección y encontró que su cuerpo es análogo al de los seres humanos. Si algunos animales tenían huesos, estómago, sangre y muchos órganos más, era seguro que las personas tendríamos algo parecido. A partir de esta hipótesis, Galeno comenzó a descifrar propiamente la fisiología humana subdividiendo varios sistemas corporales de acuerdo con sus funciones —como lo hacemos hoy en día—. Los descubrimientos de Galeno fueron pilares para el entendimiento de nuestra propia biología.

Durante el cambio de paradigma científico en el Renacimiento (siglos XV y XVI), los animales fueron abonando al creciente conocimiento científico. Las disecciones públicas de animales vivos se convirtieron en una práctica común a partir de las traducciones de trabajos antiguos que describían técnicas de vivisección. La práctica comenzó a ser justificada por medio de argumentos religiosos, principalmente que los animales fueron puestos en la Tierra para el uso de las personas. Incluso, la discusión llegó a subir de tono con propuestas de vivisección de esclavos y criminales. Las justificaciones públicas de la experimentación en animales significaron dos cosas importantes: la proliferación de vivisecciones y el inicio de la idea de que causar sufrimiento animal era inmoral.

El segundo gran cambio de paradigma científico, durante los siglos XVII y XVIII, ahondó más en el problema de la ética de la relación científica entre animales y personas. Se podría argumentar que conforme más se sabía del mundo, paradójicamente, más se consideraba que los animales utilizados para la ciencia eran capaces de sufrir. Andreas Vesalio (1514-1564) fue uno de los primeros científicos modernos en reconocer el sufrimiento de los animales durante las ya comunes vivisecciones. A la par de los descubrimientos matemáticos de Gottfried Leibniz (1646-1716) y físicos de Isaac Newton (1643-1727), el científico Robert Boyle (1627-1691) perdonó la vida de los gatos que sobrevivían a sus experimentos para demostrar los principios del vacío. El científico Robert Hooke (1635-1703) compartía correspondencia con colegas (como Robert Boyle) y expresaba su preocupación por experimentos innecesariamente crueles en animales. Estos actos y comentarios, aunque no parezcan muy revolucionarios hoy, sí lo fueron en un tiempo en que se consideraba que los animales eran incapaces de sentir.

Se podría argumentar que el papel de los animales en la ciencia ha sido tan importante como su papel en la alimentación de las personas. Sin ellos, muchos descubrimientos vitales relacionados con la física, la química y la biología, así como sus contribuciones a la ingeniería y la medicina, no habrían sido posibles”

Ilustración: Athziri Castro.

Durante el siglo XIX comenzó a surgir en Gran Bretaña un movimiento que cuestionaba las razones de los seres humanos para utilizar a los animales en experimentos científicos; por ello, en 1876 se declaró la primera ley que protegía a los animales contra la crueldad. Posteriormente, más países europeos comenzaron a crear asociaciones y leyes para evitar la crueldad animal, incluso para su uso científico.

En tiempos modernos hay ejemplos incontables sobre la relación entre humanos y animales en la ciencia. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX los roedores han tenido un papel espectacular en el avance científico. De hecho, a partir de 1901, 76% de los premios Nobel de ciencia han utilizado la investigación en animales como columna vertebral de sus descubrimientos.

Algunos de los animales de estos descubrimientos son muy famosos. Iván Pavlov (1849-1936) inauguró la corriente psicológica del condicionamiento clásico a partir de hacer salivar intencionalmente a perros con una campana. Pavlov utilizó perros callejeros y siempre los mantuvo sanos para que su salud no interfiriera en los experimentos, lo cual era una práctica poco común para la época. En 1953 la perra Laika fue el primer animal en orbitar la Tierra, allanando el camino para el eventual viaje de astronautas al espacio. Pero, a diferencia de los perros de Pavlov, Laika tuvo que vivir en jaulas muy pequeñas expuestas a condiciones extremas como parte de su “entrenamiento”; murió sola en su cuarta órbita alrededor de la Tierra por exceso de calor dentro del satélite.

El chimpancé bautizado Nim Chimpsky (1973-2000) fue el principal sujeto de experimentación en el esfuerzo por refutar los descubrimientos de Noam Chomsky acerca de la habilidad única de los seres humanos para adquirir lenguaje. El experimento consistió en tratar al pequeño chimpancé de manera similar a como se trataría a niño humano durante casi 10 años y enseñarle lenguaje de señas. El estudio resultó muy controvertido tanto en sus descubrimientos dudosos como en las consecuencias que tuvo en la vida posterior del chimpancé. Chimpsky jamás logró adaptarse de nuevo a la vida con otros chimpancés y cambió de hogar varias veces por su proclividad a la violencia contra otros de su especie.

Por último, la oveja Dolly, el primer mamífero en ser clonado a partir de una sola célula somática, vivió una vida de granja normal y murió prematuramente debido a una enfermedad pulmonar no relacionada con la clonación.

Los debates sobre el uso de animales para la experimentación son cada vez más importantes en la política de algunos países europeos. Por un lado, están los científicos que aprueban el uso de animales para la enseñanza científica y la experimentación y que ponen de ejemplo importantes hallazgos, como el descubrimiento del bacilo de la tuberculosis de Robert Koch, en 1822. También están los que repudian este tipo de prácticas con argumentos éticos, pues los animales sienten dolor. En algunos países, como Canadá y Reino Unido, se han publicado instructivos en los que se aclara cuál es el aspecto humanitario para aplicar la eutanasia a animales que han sido expuestos a experimentos científicos. En Estados Unidos y Holanda se publicaron guías para el trato y uso de animales de laboratorio. La guía de Estados Unidos fue traducida al español para utilizarse en México y se publicó en la Academia Nacional de Medicina.

En México, el 6 de diciembre de 1999 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Norma Oficial Mexicana NOM-062-ZOO-1999, que tiene como objetivo “establecer y unificar las especificaciones técnicas para la producción, cuidado y uso de los animales de laboratorio”. Entre sus especificaciones se menciona la función que tiene la Sagarpa (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural) en el cuidado de los animales de laboratorio mediante técnicas que garantizan la producción y protegen su salud. De igual forma, se mencionan el cuidado y control de calidad que se debe tener en laboratorios y bioterios para lograr resultados confiables, ya que la falta de organización, cuidados y criterios de utilización de animales para la investigación, desarrollo tecnológico y enseñanza ha provocado graves daños a su salud y bienestar.

Estas normas se aplican para los bioterios y otro tipo de establecimientos que tengan animales como ratas, ratones, conejos, perros, porcinos y primates no humanos, entre otros. Estos espacios deben seguir las especificaciones de la Norma en cuanto a ventilación, tamaño de las jaulas, adquisición de animales, higiene, vigilancia y traslado, y seguir los lineamientos para efectuar prácticas experimentales, anestesia y métodos permitidos para la eutanasia, entre otros.

Un ratón de laboratorio. Imagen: Tibor Janosi/Pixabay,

Los bioterios son centros de experimentación animal científica que pueden pertenecer a instituciones gubernamentales, centros universitarios públicos y privados. Hay tres tipos: de producción, experimentación y mixtos. Los utilizados para la experimentación deben realizar un trámite para obtener la aprobación si cumplen las especificaciones de la Norma, pero algunos de estos bioterios —o como así se hacen llamar— son espacios que no están adecuados ni operan de acuerdo con las especificaciones; muchos son baños, bodegas, almacenes, salones o espacios reducidos en donde se mantiene a los animales en malas condiciones, infectados con bacterias o desnutridos, y muchas veces mueren durante los experimentos, lo que ocasiona que las pruebas no sean válidas; además representa una pérdida de tiempo y dinero para los investigadores, pues tienen que empezar todo de nuevo.

Podría parecer que no tiene importancia de dónde provienen y en qué estado se encuentran los animales que se usan para análisis y experimentos, pero este tipo de malas prácticas con animales en espacios en malas condiciones lleva a una mala ciencia, que puede derivar en zoonosis, enfermedades infecciosas que se transmiten de animales a humanos.

Durante los sexenios de los presidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto los bioterios realizaron sus actividades de investigación y experimentación con animales con irregularidades y sin vigilancia de las dependencias responsables, como la Sagarpa. Entre 2013 y 2018 las autoridades suspendieron laboratorios que presentaban irregularidades, como el Laboratorio de Petróleos Mexicanos, la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional y el bioterio del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Entre algunas de las irregularidades que presentan los bioterios se encuentran la falta de actualización de los registros, tarjetas de identificación que no coinciden, alimentos para animales sin fecha de caducidad, ausencia de veterinarios autorizados y falta de evidencias del mantenimiento de los espacios donde se aloja a los animales. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud 2018, en México hay 48 bioterios autorizados activos, y de éstos solo 12 presentaron datos; los demás no cuentan con registro. Según especialistas en diversas ramas como biotecnología y biomedicina, los bioterios en México siguen siendo un riesgo sanitario, o “bioterrorismo”, como lo expresan datos oficiales, ya que expertos calculan la existencia de por lo menos 300 bioterios que trabajan sin registros.

El uso de animales para la experimentación científica ha traído muchos avances y beneficios al bienestar de la humanidad, como el desarrollo de vacunas, inmunización para enfermedades como el tétanos y tratamiento de enfermedades como el Parkinson. Lamentablemente, la situación en México no está al nivel de la experimentación que tienen otros países. En 1939 México era productor de vacunas y era reconocido por la OMS; para 1970 su producción iba en aumento en vacunas para el sarampión, el tétanos, la rabia y otras enfermedades. En 1999 dejó de ser autosuficiente en la producción de vacunas, lo que lo llevó a acercarse a mercados privados internacionales para obtenerlas. Hoy solo produce vacunas antibacterianas, antialacrán, antiviperinas y faboterápicas.

A más de 20 años de la creación de la NOM-062-ZOO-1999 el incumplimiento de los centros de investigación y la falta de otorgación de documentos que avalen las prácticas y condiciones de los animales para experimentos impiden a México la mejora de las condiciones de éstos y el desarrollo de vacunas. Una mejor calidad de vida en los animales en experimentos científicos pone en riesgo la salud de los mexicanos.

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