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Detén tu pose ahí

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Detén tu pose ahí.

Es el día de la candelaria y Evelyn Carmín ha decidido dejar de ser virgen. Será su primera vez caminando en un ball, él apenas salió del clóset y su familia no sabe — ni se podrían imaginar — que está hoy aquí maquillada, en tacones y con un atuendo de virgen, a punto de debutar.

Los ballroom son eventos de baile y performance en el que las diferentes casas vogue compiten entre sí. Hay jueces y los competidores tienen que interpretar un rol para que estos elijan un ganador. Peper Labeija, una de las figuras más legendarias de esta cultura, definió a las casas vogue como “pandillas callejeras de homosexuales que en vez de pelearse en la calle, se pelean en los en los ball”.

Evelyn con su vestuario de Virgen de la Candelaria.

Esta no es una competencia cualquiera y Evelyn lo sabe. Llegó su turno de participar, el presentador dice su nombre y empieza a sonar Dancing on my own. Ella sale del camerino hasta la pasarela. Lleva puesta una corona, un velo y unos tacones enormes, de color dorado. Es más alta que las demás. El público grita las porras de sus respectivas casas y levantan sus manos para chasquear los dedos, esa es la manera de aplaudir en los ballroom.

Evelyn empieza a caminar. Se agacha. Se toca la cara, la cadera y los pies. Acelera el paso y se detiene. Todo eso mientras conserva una seriedad absoluta. No hace un sólo gesto con su cara. El presentador les recuerda que esto está apunto de acabar: “tres, dos, uno… ¡Detén tu pose ahí!”. Las participantes se detienen y los jueces deliberan.

Evelyn pasó a la siguiente ronda. Y a la siguiente. Y a la siguiente. Evelyn está en la final y tiene que competir contra Chelsea, quien también está debutando hoy. Están cansadas. Repiten los pasos que ya han hecho toda la noche. Todos en el público gritan el nombre de una o de otra. De nuevo, uno, dos, tres… ¡detén tu pose ahí! Todos se callan. Las competidoras se quedan estáticas. Los jueces anuncian a la ganadora. Evelyn perdió. Chelsea se lleva las manos a la boca y brinca de emoción. Una sonrisa se dibuja en la cara de Evelyn y abraza efusivamente a su contrincante. “Aquí nadie gana nada ni está en juego nada, lo hacemos por diversión”.

Chelsea bailando

La cultura ball tiene sus raíces en la Nueva York de la segunda mitad del siglo XX pero en Guadalajara la escena es relativamente joven. La primera casa vogue tapatía — House of Machos — se fundó en el 2016 y a partir de ese año se han fundado otras seis casas en la ciudad. House of Ladies, House of Medusa, House of Prisma, House of Apocalipstik, House of Chulos y House of Mamis.

En el libro Gay New York. Gender, Urban Culture and The Making of the gay men, el historiador y catedrático de la Universidad de Columbia, George Chauncey, explica que la cultura ballroom surgió durante la década de los cuarenta cuando grupos de jóvenes negros y latinos en Nueva York se apropiaron — en parte como burla y como protesta — de los bailes de salón que organizaban las familias acomodadas de esa ciudad para presentar a sus hijas en sociedad. Estos jóvenes emulaban estas dinámicas y hacían su propia versión de salir a sociedad, en pasarelas donde bailaban y modelaban.

Durante la década de los sesentas y setentas al estilo de baile que se hacía en estos eventos se le empezó a denominar como vogue voguing. Se le nombró así porque en los balls, los participantes buscaban imitar las poses, los vestuarios, los gestos, el maquillaje y la esencia que tenían las modelos que aparecían en la revista Vogue. Fue durante la década de los ochenta, en el contexto de los movimientos por los derechos civiles de los negros y de la epidemia del VIH, cuando surgen las casas vogue.

Estas casas eran un espacio al que jóvenes homosexuales que eran rechazados en sus hogares llegaban en busca de refugio. En un inicio, estas casas daban resguardo físico a estos jóvenes, pero luego se fueron convirtiendo también en un espacio de política y de expresión artística. En estas casas existen las figuras de la madre, el padre y los hermanos que se apoyan y se cuidan mutuamente.

Lupe luciendo su glitter

A partir de la década de los noventa, la cultura ball, que se caracterizaba por ser un espacio de resistencia para los cuerpos y las sexualidades disidentes. Empezó a tener visibilidad en la cultura popEn 1990 Madonna lanza su sencillo Vogue y también en ese año, Jenny Livingston publica Paris is Burning. Documental de las primeras casas que surgieron en Nueva York. Programas y series de televisión recientes como RuPauls Drag Race y Pose también han contribuido a popularizar esta cultura que ha sido imitada y reapropiada en todo el mundo.

Dionisio Guisor, quien se define a sí mismo como teibolera antes que activista o maestro de baile, fue miembro de la primera casa vogue del país y aunque él ya era un bailarín experimentado, dice que cuando conoció el baile vogue nunca volvió a ser el mismo. “Esas competencias perfectas y estéticas que tú veías en Nueva York, Moscú o Tokio las podías ver en tu comunidad. Podías ver a la que entre semana vende pollos dándolo todo esa noche. Siendo perfecta por ese momento. No se puede describir la adrenalina. La primera vez que caminas en un ball te haces pipí, un poquis, pero después ya no puedes esperar a que sea el siguiente”.

Dionisio hoy es fundador de su propia casa, la House of Chulos. Donde tiene dos hijas y una hermana. Ser padre es ser maestro de baile pero también es ser alguien que ofrece su apoyo y tolerancia incondicional. Su casa, ubicada en la Colonia Americana de Guadalajara, es rentada como Airbnb para costear los gastos pues su casa ha servido como residencia y comedor para sus hijas, hermanas y otras compañeras de la comunidad ball tapatía porque para él, la cultura ball, además ser una fiesta, es un espacio para construir comunidad y para deconstruirse.

A las casas tapatías no les ha sido fácil sobrevivir. Rafael Paredes, gestor cultural, explica que las expresiones culturales de la comunidad LGBT+ han sido históricamente relegadas del ojo público y de las agendas culturales tradicionales. Paredes, es el impulsor de un proyecto cultural llamado Posa Poderosa, este proyecto es un festival que inició el dos de febrero y terminará el 12 de marzo. El festival está siendo financiado por la Secretaría de Igualdad Sustantiva y consiste en balls, talleres, conversatorios, conferencias, exposiciones y proyecciones de cine que buscan visibilizar las expresiones culturales y artísticas de la comunidad LBGT.

Posa Poderosa es solo una pequeña parte del esfuerzo que están haciendo para proteger y difundir la cultura ball, es esfuerzo más notable es GDL is Burning un espacio donde representantes de todas las casas de Guadalajara para financiar y organizar eventos y talleres.

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Reportaje realizado por:
Rodrigo Sosa Guzmán
Rodrigo Sosa Guzmán
Es estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

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