Una exposición en el MUSA y la nueva edición de los Cuentos completos ofrecen oportunidades para entrar en contacto con la compleja y característica obra de la hoy tan popular artista inglesa-mexicana

Reportajes

Dos encuentros con Leonora Carrington

Por: Rodrigo Sosa

Guadalajara, Jalisco, 14 de abril de 2021.- “En la época en que sería presentada en sociedad iba al zoológico con frecuencia. Con tanta frecuencia que conocía mejor a los animales que a las chicas de mi edad. De hecho, iba al zoológico todos los días para escapar de la gente. El animal que mejor llegué a conocer era una joven hiena. Ella también me conocía. Era muy inteligente; yo le enseñaba francés y ella, a cambio, me enseñaba su lenguaje. Así pasamos muy buenos ratos”. Ése el comienzo de La debutante, uno de los primeros cuentos que Leonora Carrington escribió y que apareció en el libro La casa del miedo, publicado en 1938.

Fotografías: Rodrigo Sosa.

La obra plástica y pictórica de Leonora Carrington ha sido etiquetada hasta el cansancio de “onírica”, pero los cuentos de La casa del miedo, que Leonora escribió cuando tenía 19 años y estaba en medio de su relación con Max Ernst, demuestran que su capacidad imaginativa va mucho más allá de esa etiqueta e, incluso, más allá del mismo movimiento surrealista.

La casa del miedo es previo a los acontecimientos clave en la biografía de Carrington. Fue escrito y publicado antes de que los nazis invadieran Francia y enviaran a Max Ernst a un campo de concentración; antes, también, de que a Leonora la internaran en un hospital psiquiátrico, antes de que ella siquiera pensara en irse de Europa. Sin embargo, algunos de los elementos más reconocibles de su universo y de su obra —los salones interminables, las mansiones gigantes, la obsesión por los animales, los monstruos, los seres fantásticos y las tensas escenas— ya están en este libro.

Como se puede leer en otro de sus cuentos: “Después de comer me fumé un cigarrillo y medité sobre el lujo que sería salir de noche, en vez de hablar conmigo misma y morir de aburrimiento con las mismas historias interminables que me cuento siempre. Soy una persona aburrida y nadie lo sabe mejor que yo”. Las semillas del universo de Carrington nacieron en el aburrimiento que ella sintió durante su infancia y adolescencia. Leonora era hija de un magnate de la industria textil, llegó a asistir a la corte del rey Jorge V, la expulsaron de dos colegios católicos y de una escuela de buenos modales. El mundo hermético en el que nació, el conservadurismo de su familia y la rigidez social y moral que la rodeó es algo que siempre la sofocó y de lo que siempre intentó huir. Cosa que consiguió a los 19 años cuando se fue a París con Max Ernst. Ella usó la fantasía como un escudo para una realidad que la aburría y que la lastimaba. Una imaginación desbordante, desobediente y antirrealista. Parecida a la de la protagonista de su cuento Jemina y el lobo; cuando su madre le regala una muñeca y ella la rompe para luego decir: “¿No es suficiente con que el mundo esté lleno de feos seres humanos? ¿Para, además, hacer copias suyas?”.

Hay un cuadro que, por su título y sus elementos, nos deja ver cómo es que Leonora recordaba su infancia en Inglaterra. La obra se llama Crookhey Hall. El fondo de la pintura está dominado por una casa enorme, gris y tétrica. Se trata de la mansión gótica en Lancashire, donde Carrington pasó sus primeros 10 años de vida. La figura central del cuadro, una mujer totalmente blanca, aparece escapando de todo lo que hay detrás: un fantasma, un perro, una hiena y otros seres indistinguibles que se pierden en los colores azulados que tienen todos los elementos de la pintura. La protagonista huye de todo eso que la asfixia y la acecha. Un cuadro que podría ser la antítesis del autorreferencial Crookhey Hall es Personajes fantásticos, que está lleno de colores ardientes, casi chillones, y de seres anfibios o con cabeza de pez montados a caballo. En Personajes fantásticos nadie busca escapar o huir. Todo convive con extraña armonía.

La exposición Recóndito mundo de Leonora Carrington. Fotografías: Rodrigo Sosa.

Personajes fantásticos forma parte de la exposición Recóndito mundo de Leonora Carrington, inaugurada el 26 de marzo y disponible hasta el 7 de junio en el Museo Universitario de las Artes (MUSA) en Guadalajara.

La exposición muestra un abanico de obras que ofrece un panorama bastante amplio de la capacidad creativa de la artista. Carrington se ha convertido en un ícono del surrealismo por un puñado de pinturas y esculturas que vemos en postales, tazas, fondos de pantalla, páginas pretenciosas de Instagram y hasta en prendas. Y si bien Recóndito mundo de Leonora Carrington tiene algunas de esas piezas canónicas, también tiene otras que proponen un acercamiento más osado a su obra. Por ejemplo, su trabajo como diseñadora de joyas. Leonora trabajó por décadas con estudios de diseño y en la exposición hay varios ejemplos de este tipo de piezas. Sus dijes de animales, hechos de oro y piedras preciosas y el pequeño ejemplar de La barca de las grullas, hecho de plata, oro, diamantes, zafiros y rubíes, muestran cómo Carrington, además de ser una pintora y escultora espectacular, era una maestra de la microscopía.

Parte de la obra de Carrington expuesta en el MUSA. Fotografías: Rodrigo Sosa.

Otra cosa que destacan son las litografías que Leonora realizó en 1974 para el diseño de vestuario de la puesta en escena de El Dybbuk, una obra de teatro del escritor ruso Shloime Anski. Esa obra está basada en una leyenda de la cultura judía y Anski la escribió tras años de convivir con comunidades yiddish en Rusia, Polonia y Ucrania. Por su afición a la mística judía y a la cábala, los personajes que Carrington plasmó en estas litografías parecen sacados de un libro de Isaac Bashevis Singer o de Joseph Roth.

La exposición en el MUSA permanecerá abierta al público hasta el 7 de junio. Fotografías: Rodrigo Sosa.
El ingreso al MUSA está permitido de martes a domingo a partir de las 10:00 horas. Fotografías: Rodrigo Sosa.

Pero las piezas más íntimas que hay en la exposición son unos pequeños bocetos hechos a lápiz. Están un poco arrinconados en la sala principal y fácilmente pueden pasar inadvertidos. Los bocetos, que por los trazos podemos deducir que fueron hechos de manera muy rápida, le sirvieron a Carrington para su realizar su mural El mundo mágico de los mayas que está en el Museo Nacional de Antropología. Ella pintó ese mural después de pasar meses en San Cristóbal de las Casas conviviendo con las comunidades mayas y leyendo el Popol Vuh. Aunque los bocetos de la exposición son de apenas unos cuantos elementos como árboles, plantas o personas rezando, dan una idea de la enorme cantidad de piezas que Carrington tuvo que unir para la realización de El mundo mágico de los mayas, que es su obra más monumental, en el sentido más literal de la palabra.

Obra de Carrington. Fotografías: Rodrigo Sosa.

La exposición Recóndito mundo de Leonora Carrington, así como una nueva edición de los Cuentos completos de Carrington, editada por el Fondo de Cultura Económica y que está en librerías desde principios de año, son una oportunidad para reencontrar la obra de una de las artistas más importantes del siglo XX. En el primer caso, encontrarnos con nuevas facetas de su obra plástica y pictórica y en el segundo, con su obra literaria, que está formada por cuentos, novelas, memorias y textos infantiles, y que cada vez es más valorada y explorada.

La exposición Recóndito mundo de Leonora Carrington. Fotografías: Rodrigo Sosa.
Rodrigo Sosa Guzmán
Es estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

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