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El cáncer de mama se busca con deseo de no encontrarlo, pero ¿y si lo encuentras qué?

Michelle tenía una bolita del tamaño de una canica en el seno derecho, Ana Karen sentía algo parecido a un chicharito atrás del pezón y Peque sintió como si tuviera fiebre en la mama izquierda. Las tres tuvieron cáncer. Más allá de sus síntomas, estos fueron los miedos, expectativas y acompañamientos que tuvieron en la primera etapa de la enfermedad. 

Por Fátima Herrera, Carolina Martínez, Nataly Figueroa y Ximena Torres. Brince Tapia participó también en las fotografías.

Una de cada 12 mujeres padecerá cáncer de mama a lo largo de su vida según la Organización Mundial de la Salud (OMS). A pesar de eso, todavía no existen los conocimientos suficientes para determinar las causas de la enfermedad. Por eso, la detección temprana se considera el mejor recurso contra esta enfermedad, en la que las células de la mama crecen sin control y suelen formar un tumor.

El tema del cáncer de mama siempre llega acompañado de la autoexploración y las revisiones periódicas, pero después de encontrar un bulto o anormalidad en los senos ¿qué? Poco se habla de ese primer duelo, del miedo que inunda y de todos los procesos que vienen después.

Michelle, Ana Karen y Peque, son tres mujeres que padecieron cáncer de mama y cuentan ese momento en el que notaron que algo extraño sucedía en sus cuerpos.

Las tres mujeres se autoexploraban o hacían chequeos frecuentes antes de enfermarse. Conocían el riesgo y los síntomas del cáncer de mama, pero eso no hizo su experiencia más fácil. En una paradoja, buscaban para encontrar algo, sin querer hallarlo.

Michelle Arenas se reconoció en esa contradicción. Estaba acostumbrada a hacerse ecografías mamarias cada año porque padecía fibrosis. En una de esas pruebas que enviaban imágenes de sus pechos a un ultrasonido, al inicio de 2017, le encontraron una bolita del tamaño de una canica. A través de una prueba en la que una aguja extrajo fragmentos de su “bolita” (una punción) detectaron que era un tumor benigno, no provocaba cáncer.

Con el tiempo Michelle notó que su tumor creció. Tenía su siguiente eco en marzo del 2018, pero lo aplazó para mayo del mismo año.

“Te dicen en todos lados que te revises, pero cuando te das cuenta de que algo está mal en tu cuerpo es difícil querer afrontar la situación”, cuenta ella.

La psicóloga Miriam Judit Hernández, quien tiene un grupo de apoyo para pacientes y familiares en el Instituto Jalisciense de Cancerología, explica que es normal que las personas sientan temor o rechazo desde el primer probable síntoma del cáncer, aun sin saber el diagnóstico.

Dice que eso pasa porque el cáncer se ha socializado en los medios de comunicación como un sinónimo de muerte. Sin embargo, la OMS explica que, cuando la enfermedad se detecta a tiempo, la probabilidad de supervivencia es del 90%.

A Michelle además del miedo se le atravesó la vida y la maternidad. Con todo el amor que le tiene a su hija Ivana, reconoce que muchas veces no priorizó su salud por las exigencias de la crianza.

“Pasa que cuando eres mamá te dejas en segundo, tercer o cuarto lugar. Tus prioridades son otras, y te dejas, te abandonas”.

Cuando Michelle finalmente fue a su chequeo de mayo de 2018 le dijeron que tenían que hacerle una mastografía, un estudio de rayos “X” para detectar anormalidades en los senos, porque su tumor ya medía más de cinco centímetros. Estuvo renuente al inicio porque ese estudio se recomienda para mujeres mayores de 40 años, y ella era más joven.

“Cuando me iban a hacer la mastografía puse mi pecho sobre la plancha y vi que justo en la parte donde estaba mi tumor se hizo un hoyo, tal cual así, signo inequívoco de cáncer”. Así conoció el diagnóstico de su enfermedad.

La aparición del cáncer fue similar en Ana Karen Bahena. Se hacía exploraciones desde los 10 años porque su mamá le explicó que eran importantes. Cuando tenía 15 años se sintió una bolita del tamaño de un chícharo detrás del pezón. Los médicos que la atendieron le dijeron que era un bolita de grasa, nada de qué preocuparse. Fue hasta 2019, cuando tenía 21 años, que la bolita empezó a dolerle mucho.

“Me recomendaron un ultrasonido (ecografía mamaria). Me lo hicieron y fue súper traumático. El doctor que me atendió no dijo ni una sola palabra, y cuando terminó le dijo a mi mamá que si podían hablar afuera. Yo me cambié rápido para salir a escuchar también, pero resultó ser un tumor benigno”.

La situación que Ana Karen cuenta, en la que un profesional de la salud pasó por encima de su autonomía, es una de las prácticas que pueden intensificar los sentimientos de ansiedad y angustia de las probables pacientes con cáncer de mama. Lo ideal es que todos los y las médicas, enfermeras, psicólogas y acompañantes sean abiertas para escuchar y orientar a sus pacientes, dice Miriam Judit.

Ana Karen decidió someterse a una cirugía para quitarse su tumor cuando supo de él. Aunque supuestamente no era riesgoso, le seguía doliendo. Pero la oncóloga que atendió su operación decidió hacerle pruebas de patología al “chicharito” después de sacarlo porque lo notó extraño. 10 días después de la intervención el 30 de diciembre de 2020 le dijeron a Ana Karen que sí tenía cáncer.

“Me quedé en shock cuando la doctora mencionó la palabra cáncer, más porque mi abuelo acababa de fallecer por lo mismo dos meses antes. Me acuerdo que no me salían lágrimas, simplemente me quedé sin palabras. Ya después cuando lo registré en mi cabeza me puse a llorar, pero la doctora me dio muchísima tranquilidad porque me dijo que estábamos súper a tiempo” dice Ana Karen.

Para Peque Álvarez fue muy distinto. Un día hace 21 años, cuando ella tenía 35, salió de bañarse y sintió su seno izquierdo hirviendo, como si tuviera fiebre. Estaba acostumbrada a hacerse autoexploraciones, pero no había sentido nada raro.

Después del primer síntoma, Peque fue a consulta con cuatro médicos diferentes. Todos le dijeron que seguro tenía calcificaciones, que son pequeños depósitos de calcio que no suelen ser cancerosos. Aun así la operaron porque le dijeron que solo así podrían asegurar que no había riesgos.

“Yo entré al quirófano tranquilísima. Juraba que me iban a sacar la calcificación, peleé para que mi cicatriz fuera muy chiquita, yo muy vanidosa. Ándale que despierto, se acerca mi mamá y me dice que fue una mastectomía, o sea, había perdido el seno”.

Resultó que Peque tenía dos tumores, uno muy grande que le provocó el cáncer y un segundo más pequeño y benigno.

Despertar inesperadamente sin una parte de su cuerpo fue muy duro, Recuerda que se preguntaba “¿por qué a mí?” enojada y constantemente, pero el acompañamiento de sus amigas y familia la salvó.

Hoy Michelle, Ana Karen y Peque están curadas del cáncer, pero en el proceso para llegar ahí atravesaron muchos duelos y miedos más. Si te interesa conocer más de sus historias de recuperación, no te pierdas los próximos dos capítulos de esta serie sobre el cáncer de mama. En esta primera entrega sobre la autoexploración y el diagnóstico temprano, las tres mujeres que compartieron su testimonio llaman a otras a tocarse y a estar alertas de cualquier síntoma, porque así fue como ellas se salvaron.

¿Qué hay que tocar, ver y hacer?

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) recomienda que todas las mujeres mayores de 20 años autoexploren sus mamas cada mes, mejor si es siete días después del inicio de su menstruación.

Después de los 25 años lo mejor es que un especialista haga una exploración clínica de sus senos anualmente. A partir de los 40, es conveniente que se realicen mastografías periódicamente.

Otras pruebas como las ecografías, punciones y biopsias, usualmente se recomiendan hasta notar una anormalidad. ¿Cómo saber qué es lo normal? Aunque los nódulos, hoyuelos, secreciones y alteraciones de tamaño son los síntomas comunes, cada cuerpo es diferente, por eso es importante que las revisiones sean periódicas.

Otras pruebas como las ecografías, punciones y biopsias, usualmente se recomiendan hasta notar una anormalidad. ¿Cómo saber qué es lo normal? Aunque los nódulos, hoyuelos, secreciones y alteraciones de tamaño son los síntomas comunes, cada cuerpo es diferente, por eso es importante que las revisiones sean periódicas.

Otras pruebas como las ecografías, punciones y biopsias, usualmente se recomiendan hasta notar una anormalidad. ¿Cómo saber qué es lo normal? Aunque los nódulos, hoyuelos, secreciones y alteraciones de tamaño son los síntomas comunes, cada cuerpo es diferente, por eso es importante que las revisiones sean periódicas.

Infografía de la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres

Si necesitan realizarse una mastografía, una posibilidad es consultar el sitio web https://camujal.site/, que permite ubicar los centros de salud pública en los que pueden hacer una cita para la prueba y consultar los resultados después.

Si estás interesada en conocer otros testimonios sobre diagnósticos y síntomas de cáncer de mama, puedes revisar los foros de BreastCancer.org:

https://comunidad.breastcancer.org/foro/16

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