El boleroglam se deja ver como el legado de un género desbordado, hasta pagano. A varias décadas de distancia, este nuevo producto cultural y su predecesor saben cómo seducir nuevas audiencias y coexistir en la era de la crítica al amor romántico

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El fenómeno boleroglam

Es probable que nuestros papás y abuelos hayan acusado más de una vez a la juventud de desahuciar al más romántico de los géneros: el bolero. Que cuando los primeros dedicaban “Sabor a mí”, de Eydie Gormé y Los Panchos, los otros sustituimos las dedicatorias amorosas por una base rítmica infinita de no más de tres notas, cargado de letras que invitan con poco recato a poner el cuerpo y a bailar con pasos “indecentes”, entre otras cosas en verdad prohibidas para mencionar aquí.

La realidad es que el bolero está vivo y está siendo, más bien, revestido. La nueva fama de la que goza no implica ninguna rivalidad respecto a otros géneros más contemporáneos como el reggaetón, según algunos de nuestros familiares, un ruidajero indecoroso. ¿Cómo explicar que la música de aquéllos, sus tiempos, no es taaan diferente a Yonaguni? En contraste, el performance del bolero sabe dar zancadas entre generaciones y germinar, sin mucho esfuerzo, en nuestro imaginario amoroso y en la música que preferimos escuchar.

Una banda de bolero improvisada, con piano, bongó y requintos en Tik Tok. El uso de esta música en la plataforma es recurrente. Nico Gómez, queretano de 26 años, interpreta canciones de algunos clásicos como Los Panchos, Los Tres Reyes, Roberto Cantoral y Luis Miguel. Su cuenta tiene poco más de 54 mil seguidores.
@nicogomezz2

#dúo con @charlyeac @robbiegiibson grandes músicos los dos! 🙏🏼💯 gracias! #duo #guitarra #piano #percusion #parati #foryou

♬ sonido original - Nico Gomezz

A principios de abril del 2021, el dueto mexicano Daniel, Me Estás Matando publicó su nueva canción Lo hice, te dejé; un mes después, su video en Youtube alcanzó el millón de visualizaciones. El dúo admite que no hace boleros, sino boleroglam, una mezcla del bolero mismo con música digital y toques de sintetizadores. Ambos figuran en la lista Radar México de Spotify, una palestra virtual para los artistas más talentosos del país.

El término y el código musical del boleroglam fueron fijados por el dúo integrado por Daniel Zepeda e Iván de la Rioja, y ellos inspirados por grandes influencias como José José, los Tres Ases y Los Panchos. Otros artistas hispanohablantes también han intentado hacer circular el bolero original. Está Natalia Lafourcade, quien interpreta obras ya compuestas, y Los Rivera Destino, que entonan sátiras líricas sobre perrear y botar a un viejo amor, o la infidelidad de un sinvergüenza al ritmo del bongó y el arpegio de una guitarra, por poner algunos ejemplos. “A veces una canción de ‘trap’ te puede recordar un bolero de los tiempos dorados”, dicen Los Rivera Destino.

Ilustraciones: Dulce Nataly Figueroa Santana.

Hoy, el canon del amor romántico se desbarata. Esa visión de complementariedad entre hombres y mujeres rendida por el deseo, donde la individualidad queda neutralizada bajo un “nosotros omnicomprensivo, omnipotente y totalizante” según lo expresa Cinthia Cruz, profesora especializada en psicología social por la Universidad Iberoamericana, es cada día más criticada.

La reivindicación de la mujer fuera de la violencia sistemática y lo privado, mezclada con un poco de cultura de cancelación, nos pone en alerta ante cualquier asomo de misoginia que pueda aparecer en letras, videos, películas o canciones. De todas maneras, la producción y consumo de este tipo de música, y de otras tantas que hablan en el mismo tono, sigue en marcha. Imaginar que no existe mejor estado para el ser humano que estar unido en matrimonio con la bendición de Dios, o que el crush nos contesta las historias de Instagram, nos gusta, nos entretiene.

Ilustraciones: Dulce Nataly Figueroa Santana.

Las historias que cuentan las canciones de bolero son cada vez más diversas, pero no abandonan su narrativa sentimental tan característica, llena de retóricas. Querer entender su inmortalidad lleva a repasar sus precedentes. Esta figura fue el portavoz más poderoso de temas sentimentales y políticos de comunidades hispano y latinoamericanas populares hacia los siglos XIX y XX, donde se tienen los primeros registros de estas melodías. De raíces gitanas y ritmos africanos, el bolero se extendió primero por Cuba, de ahí la existencia del son cubano. Después trascendió por el resto del territorio latinoamericano como Puerto Rico, Venezuela, Bolivia y México. Música de “gente común”, de clase media baja, sonetos a raya de la marginación.

El bolero es, en esencia, poético, político, sentimental e histórico. Poético y sentimental por ser una colección abundante de sentires intensos expresados con versos, “poesía realzada con ritmo” dicho de otra forma por Melissa Kovacs a su pregunta “¿Qué hace que un poema sea un poema?”. Es político, por ser un fenómeno textual que entona discursos (por mayoría, hegemónicos de su época) y que transfigura las expresiones de amor que suponen poder o dominio en la vida de otros.

Ilustraciones: Dulce Nataly Figueroa Santana.

Mariano Muñoz Hidalgo, doctor en Estudios Americanos sobre Pensamiento y Cultura de la Universidad de Talca, en Chile, sostiene que lo más importante de esta expresión cultural es su facilidad para vernos iguales. Tras la canción bolerística hay discursos insistentes de la cultura donde se origina. En palabras del compositor y promotor cultural cubano Leo Brouwer, “la música es un renglón de la cultura que enriquece el complejo políticosocial de un pueblo, se identifica con este y se representa”. La comunidad que lo hace y lo consume ve la oportunidad en el bolero de construir su propio discurso literario, lo altera sin maltratar su característica musical. La canción en su conjunto se va adaptando a expectativas de la gente que la consume, según los estudios culturales de esta figura.

De rumores de pueblo a amoríos imposibles, caídas de cánones religiosos, crítica de dogmas, alabanzas a prostitutas, codicia por lo adúltero y atrevimientos de retar la voluntad Dios, el bolero fue y es el vehículo de muchos versos subversivos. En su tiempo eran enunciados insurrectos que iban en contra de todo lo establecido, por ejemplo, de la Iglesia. Aún así, “exquisitas piezas” para escuchar en la sala de la casa durante una reunión familiar.

Ilustraciones: Dulce Nataly Figueroa Santana.

Anda como una canción performativa que se consuma cuando se ejecuta en sociedad. Viene acá la imagen de los clásicos álbumes de bolero, casi con decenas de músicos enfilados a tocar, o un simple trío de bolero improvisado en Tiktok con unos cuantos miles detrás, escuchando. Parece que siempre encontrará la manera de caminar más allá que un discurso preexistente sobre el amor y más allá de una cantaleta repetida.

Por ello, el bolero ayuda a entender y reflejar la vieja y la nueva cultura popular. A nosotros nos toca saludar a su pequeño hijo, el boleroglam, y quizás nunca habrá que despedirlo. Resulta entretenido pensar de qué hablarán los boleros del año 2050; quizás de nuevas y más responsables y divertidas formas de cortejo, a pesar de las reminiscencias de su pasado, de una forma de amor que aún existe, pero que languidece.

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