Reportajes

El futbol tapatío en los tiempos del covid 19

Fernando Aarón Franco González
cc710642@iteso.mx

Este trabajo se deriva del PAP “Mirar la ciudad con otros ojos”, impartido por el profesor Rogelio Villarreal.

Hasta marzo de 2020, cada fin de semana más de 20 mil personas asistían al futbol en Guadalajara: a ver un partido de Atlas en el Estadio Jalisco o de Chivas en el Estadio Akron. Todo eso cambió luego de la llegada del covid 19 a México: la pandemia significó la cancelación de los torneos profesionales y que ahora, sin la asistencia del público a los estadios y con las medidas sanitarias enmarcando cada partido, haya otra manera de disfrutar de este deporte. Cambió, de hecho, la forma de hacer futbol.

La pandemia evidenció la desarticulación que ha venido sufriendo el futbol mexicano en su vínculo con los aficionados: se supondría que, como pasan más tiempo en casa, estarían más pendientes de los juegos y encenderían el televisor para verlos, pero no ha sido así.

Tampoco se trata de un fenómeno reciente: desde hace más de una década la proximidad entre el futbol y el fanático en México ha ido en declive. No hay nada nuevo, nada que promueva ir y comprar una entrada para ver un partido. Sí, se han innovado las transmisiones de televisión para que el espectador de sofá vea cada ángulo de lo que acontece en el encuentro, en tanto que el aficionado que va por su boleto para asistir al estadio ha quedado rezagado, ya que lo único que le ofrecen es ir, entrar al inmueble y mirar el juego desde su asiento.

De hecho, la oferta para el asistente al estadio apenas ha cambiado en años. Se puede adquirir un abono para toda la temporada que solo asegura un lugar en las gradas —caso del Pase Rojinegro de Atlas—, mientras que en Chivas, con el Chivabono, además de tener un asiento específico asegurado, si se adquiere el pase anual se incluye el jersey de la temporada.

La influencia de los comentaristas de televisión ha sido determinante para ese distanciamiento entre aficionados y juego. El estilo puesto de moda en los últimos años implica una preferencia de los narradores por demeritar o alabar las acciones de jugadores y equipos, en lugar de, sí, criticarlos, pero con la argumentación pertinente que permita entender el comentario. Darle información y contexto al televidente.

Ante comentarios insulsos o poco constructivos, el espectador parece no formarse un criterio propio, con más elementos de juicio. Y a la hora de estar en las gradas del estadio se desentiende de lo que ve, en contraste con lo que le dijo el narrador televisivo; no ha logrado construir un elemento de vinculación con el deporte más que el que proporciona la televisión.

Por su lado, el futbol femenil profesional en México, que comenzaba a elevar sus audiencias, quedó estancado por la emergencia de salud, ya que con el paso de los torneos desde el Apertura 2017 —agosto de 2017— los clubes han trasladado los partidos de los equipos femeniles al estadio principal, en donde juegan los varoniles.

Antes de la pandemia, 12 de los 18 equipos femeniles ya disputaban así sus encuentros, ante el constante crecimiento del público en las gradas, que vio su punto más alto en el Apertura 2019 con 381,081 espectadores; eso equivale a 44.8% más que el torneo previo, el Clausura 2019.

La proximidad del público con el deporte es fundamental: que los aficionados se sientan cerca del futbol crea mayor afinidad, ya que se van apropiando del juego.

El académico del ITESO y periodista Eduardo Quijano dice que la finalidad principal de los narradores de los partidos de la liga mexicana es vender y “crear activos” con los aficionados, al aludir a los números de rating que significan. Además, menciona que no es lo mismo que gozar una jugada o el deporte mismo; más bien se trata de escucharlos criticar las acciones de ciertos jugadores, lo que sucede juego tras juego con los mismos futbolistas.

Un elemento fundamental con los espectadores es el gozo por el propio juego y por los equipos: un gesto técnico, una jugada, un gol, deberían disfrutarse tanto o más que el resultado.

Quijano opina que el futbol ha sido un remedio para la soledad: ya sea que ganen o pierdan, los aficionados de los diferentes equipos se hermanan a la distancia. En cambio, hoy hay pocas marcas emocionales que acerquen al aficionado al futbol, y quedan solo las retóricas que ofrece la televisión. Para un niño, un dispositivo electrónico ofrece mayores atractivos que salir a la calle y jugar, pues hay más vínculos de socialización que los que ofrece el deporte.

El académico del ITESO Bernardo Masini dice que somos una especie que, para sobrevivir, necesita de los demás, por lo que puede suponerse que el aislamiento obligado por la pandemia ha limitado la confianza en nosotros mismos, a falta de encuentros físicos con otras personas.

Siguiendo la imagen, Masini dice que no es lo mismo mirar un partido por televisión que ir a un estadio y vivirlo. El periodista brasileño Armando Nogueira hacía hincapié en que lo mejor de escribir era el hecho de haber escrito, y así lo traslada Masini al deporte, pues ver un juego desde las gradas ya es un “trofeo”, que se sustenta en que estuviste ahí, en el mismo espacio donde sucedieron los hechos, y no tuviste que verlos a través de una pantalla.

El antropólogo Clifford Geertz escribe en La concepción simbólica de la cultura (1973) que lo que retenemos e interpretamos que es parte de la cultura es lo que nos parece más significativo; así, entre más significativa sea la experiencia del futbol, más arraigada está en la cultura.

Canchas vacías. Imagen: Pixabay.

En una conferencia ofrecida el pasado 9 de octubre de 2020 vía streaming, el escritor mexicano Juan Villoro habló de la situación de la pandemia y el futbol y citó al filósofo mexicano Jorge Portilla, quien en La fenomenología del relajo (1966) explica que las personas en México buscan alguna excusa para juntarse para echar relajo, ya sea una fiesta religiosa o cívica, o un juego de futbol. Ese pretexto es la invitación a estar juntos y, una vez congregados, el pretexto pasa a segundo plano; el fin es estar feliz en compañía de otros. Al llevarlo al plano del futbol, los aficionados se desentienden del marcador: por eso, sin importar que México no gane juegos en las copas del mundo, tiene una afición extraordinaria; a pesar del juego, el público está feliz por el relajo.

Trino Camacho, monero, comentarista y aficionado al futbol, tiene muy claro que la distancia ha mermado la pasión entre los aficionados, ya que la reacción de la gente es factor importante del folclor en el deporte y para el propio futbolista. Lo dijo así, en entrevista: “Una cosa que no se olvida cuando vas a un partido importante y hay un gol es voltear a ver a tu alrededor cómo en ese momento se hace una especie de comunión al festejarlo y abrazarse. Es algo a lo que ya estábamos muy acostumbrados como parte de una válvula de escape los fines de semana”.

La pandemia dejó en evidencia que la manera de presentar el futbol de la televisión es obsoleta, y es por eso que el aficionado se ha alejado más de ella para ver los partidos, a pesar de los millones de pesos que invierten en producir y equiparse para transmitirlos.

La clave para atraer al público y que se interese más en el deporte, que encienda su televisor y vea los juegos, es que los comentaristas narren los partidos sin demeritar o idolatrar a un jugador —o a un equipo completo—, que se centren en describir de la manera más imparcial posible y explicar al televidente por qué tal futbolista hizo una jugada, para que el público juzgue por sí mismo lo que ha visto y saque sus propias conclusiones; el narrador no es quien debe ofrecer un punto de vista único.

Por otro lado, el futbol profesional podría servir para que las personas que lo siguen se responsabilicen y entiendan el grave problema de salud que implica la pandemia: que el covid 19 afecta a toda la población. Que los futbolistas usen mascarillas y enseñen que es importante seguir las recomendaciones de salud permitiría enviar mensajes sobre cómo protegerse ante una pandemia que no cede.

Un paso importante sobre el retorno del público a los estadios lo dieron el Necaxa y el Mazatlán en sus estadios, pues, a pesar de no tener la afición más numerosa de México, reunieron 5,047 y 6,019 aficionados, lo que equivale a 21% y 24% de sus aforos, respectivamente.

Pero en la Liguilla, donde una de las llaves de los cuartos de final fue entre América y Chivas, el Gobierno del Estado de Jalisco dio permiso para que el partido de ida en el Estadio Akron, del 25 de noviembre, fuese abierto como una “prueba piloto”, para que no más de 5,800 aficionados —12% de su capacidad total— acudieran al recinto. Aunque se planteó la idea de ese número de fanáticos en el estadio, la realidad es que solo ingresaron 3,727 con boleto pagado, 7.7% del aforo del estadio.

La distancia entre las personas y los filtros sanitarios que hubo al ingreso al estadio y hasta llegar a las gradas fueron prudentes; además se instaló un centro para pruebas rápidas de covid 19, al cual acudieron 11% de los asistentes (408 personas); dos de ellos resultaron positivos; aunque después, con la prueba PCR resultaron falso positivo, en ese momento se les negó la entrada.

Aunque el gobernador Enrique Alfaro, al concluir el partido, dijo que esa “prueba piloto” resultó satisfactoria, las críticas no se hicieron esperar, pues numerosas voces pidieron reflexionar si era más importante abrir primero el Estadio Akron y no otras actividades económicas en Jalisco.

De tal magnitud es el impacto del futbol en la sociedad, que interfiere con prácticas en otros sectores de la población y que afectan actividades económicas que podríamos suponer que no tienen nada que ver con el deporte. Desde los puestos ambulantes que se sitúan a las afueras del Estadio Jalisco y Estadio Akron, hasta de las propias cerveceras, como es el caso de la Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma —como lo mencionó el académico Enrique Páez— que no cerró tanto por su personal y el estado de la pandemia, sino porque sus mayores ganancias vienen de lo que consumían los aficionados en los estadios deportivos de México.

A pesar de que se reanudó el acceso al público exclusivamente para el juego de ida de los cuartos de final entre Chivas y América en el Estadio Akron, no fue permitida la venta de bebidas y alimentos ni mucho menos a las típicas personas que deambulan entre los asientos de las gradas del recinto ofreciendo estos alimentos.

El futbol es primeramente una actividad recreativa y de ocio, pero el impacto que genera va más allá del deporte mismo y afecta usos y actividades que en primera instancia no tienen que ver con el juego.

Así fue el 2020 del futbol mexicano
Fernando Aarón Franco González
Es estudiante de Ciencias de la Comunicación en el ITESO. Ha trabajado para Atlas FC y Club Charros de Jalisco en sus áreas de comunicación.

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