Ciudadanías

El hogar como refugio y campo minado

Tzizi es docente de secundaria y mamá de José Ángel, de 12 años, un adolescente que admite con timidez nunca haberle preguntado de sexualidad a sus papás ni haber tenido “la plática”. Desde su doble rol, Tzizi reconoce que “la educación sexual es incluyente respecto a hombres y mujeres, ya en cuanto a las preferencias pues, eso no lo abordan. Los textos ni siquiera vienen así. A nivel primaria no, ya en secundaria un poco más”. 

También recuerda que cuando era adolescente sus padres la mandaron a ella y a sus hermanas a un curso de sexualidad. Ahora que tiene su propia familia, intenta hablar abiertamente con sus hijos: “las cosas se dicen por su nombre. El pene es pene y la vagina es vagina”, aunque reconoce que ellos han sido “muy inocentes” y no han hecho demasiadas preguntas. 

Como docente también está al pendiente de la Asociación de Padres de Familia: “Esa asociación está para ver lo de los gastos. El dinero que entra y en qué se va a gastar. Y para llevar ciertas conferencias a los alumnos, temas de educación sexual, bullying, aseo personal, etc.” Agrega que quienes ofrecen estos talleres son personas externas a la escuela: “nos llegan prestadores de servicios o gente haciendo su servicio social para impartirlos”. 

Tzizi menciona que ya van cinco o seis ciclos escolares sin Escuela para Padres (un programa de la SEP para orientar a madres, padres y tutores de estudiantes de Educación Básica), la suspensión se ha dado por cuestiones de pandemia y falta de interés: “la escuela está en la Colonia Jalisco, es complicado que los padres asistan porque la mayoría trabaja todo el día”.  Reconoce que hace falta acompañamiento para les estudiantes, especialmente en materia de ES, para ayudar a atender ciertas problemáticas. “Nos salen de una a dos niñas embarazadas por ciclo escolar”, agrega. 

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México ocupa el primer lugar en embarazos adolescentes entre los países miembros, con una tasa de 77 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años de edad. De igual manera, tiene el primer lugar en abuso sexual infantil con 5.4 millones de casos por año. 

Ruth García da acompañamiento psicológico e imparte talleres de sexualidad con perspectiva de género a infancias, adolescencias y personas con discapacidad intelectual. Trabajó en la Procuraduría de Protección a Niñas, Niños y Adolescentes de Zapopan haciendo valoraciones psicológicas a los casos reportados de omisión de cuidados, abuso psicológico, abuso sexual, entre otras violencias. 

Además, trabajó en una institución para personas con discapacidad intelectual donde impartía ES: 

“En cuestión de adolescentes y adultos con discapacidad intelectual, algunos padres no querían que hablara de estos temas con sus hijos, pero al ser una institución pública yo tenía el derecho a hacerlo porque los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a una ES laica y libre de juicios. Y en este tiempo estaba la propuesta del pin parental, así que tenía que consultar con los padres y madres sobre qué les enseñaba a sus hijos, y lamentablemente muchos de ellos me pedían que les dijera que se esperaran al matrimonio para tener relaciones. Pero como profesional no les puedo decir eso. Usted puede decirle eso en casa, yo solo estoy dando toda la información preventiva. Los ven como angelitos asexuales, pero son personas sexuadas y tienen necesidades como cualquiera”. 

Actualmente, Ruth imparte talleres de sexualidad como parte de un proyecto de la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres, en dos preparatorias de Tonalá. En estos talleres se abarcan temas como la homofobia, la transfobia, el feminismo, las relaciones de pareja, entre otros. 

“Estoy en un grupo de sexólogos y un día alguien dijo que necesitaba talleristas, y yo brinqué. La primera vez llegaron cien personas en vez de 20 o 30, entonces, ya no fue taller, fue conferencia”, recuerda la sexóloga. 

Recuerda haber atendido situaciones complicadas trabajando en el DIF, como el caso de una familia que alimentaba a sus hijos con agua salada, u otro en que menores de edad sufrían abuso sexual por parte de sus hermanos, pero sus papás no les creían, “se veían cosas muy feas. Es una institución gubernamental que atiende las cosas de primera necesidad. Violencia de género, doméstica, violencia infantil”. 

Con voz firme Ruth hace hincapié en la importancia de que las infancias sepan nombrar su anatomía, “nos ayuda a los adultos a entender lo que pasa en casa. No es lo mismo que te digan ‘oye mi abuelo, mi tío o mi hermano, me tocó la vulva, el pecho, el pezón’ a que te digan ‘me lamió mi paleta y me enojé’. Si nombran las cosas nosotros podemos hacer algo inmediatamente”. 

Menciona que las plataformas internas de las escuelas no alcanzan a cubrir las necesidades del alumnado. A pesar de esto, Ruth considera que hay un buen pronóstico para las familias interesadas en tomar talleres de sexualidad para acompañar a su hijes. 

Katy, de 15 años, recuerda que en su secundaria sólo repasaron las partes del cuerpo y hablaron sobre anticoncepción. Dice que si tiene dudas sobre ES prefiere recurrir a algún maestro de confianza, pues hablarlo con familiares y amigos la hace sentir incómoda, en especial con sus papás, “me han dejado tareas en las que tengo que preguntarles sobre educación sexual, pero si no fuera por eso por mi parte no les preguntaría. Me da vergüenza”. 

Esto no sorprende a Jorge Luis Dávila, sexólogo clínico, sexólogo educativo, psicoterapeuta y educador, quien considera que “la actitud que los padres y madres tengan sobre sexualidad ante sus hijos, es la misma que van a tener sus hijos el día que crezcan”. El socio fundador del Instituto de Sexología y Desarrollo Humano del Bajío, considera que, “para hablar de sexualidad hay que quitarnos todos los prejuicios”. 

Recomienda que las madres y padres busquen tomar cursos basados en lo que sus hijes necesitan. “Llegan conmigo y me dicen ‘oye es que mi hijo me dice que es gay ¿qué hago?’ Nada, acompáñalo, entiéndelo, fórmate y lee sobre esto que atañe a tu hijo. Como los papás no leen, se hacen de muchos mitos de lo que escuchan y que han aprendido, entonces bajo esos mitos dan por hecho muchas cosas sobre sexualidad”. 

Jorge Luis considera que tenemos una sociedad de padres que no se quiere informar, “a mí me tocan situaciones en escuelas donde he podido hacer intervenciones, pláticas o talleres para padres y muchos son forzados a ir. El asunto está en que no se quieren formar”. 

Sobre la ES en las aulas, Jorge Luis insiste en que mucho del trabajo pendiente no está en reformar los contenidos, sino cambiar las actitudes que se tienen hacia la sexualidad, “disolver los paternalismos de maestros con el sistema puede dar una mayor apertura para dar un acompañamiento más sencillo y avanzar hacia una educación sexual más adecuada”.   

El sexólogo educativo insiste en que la sexualidad se va construyendo desde varias aristas, y la ES debería considerar esto en su enfoque al abordar, no solo la biología, sino la salud reproductiva, la salud sexual psicológica, el género, y la salud sexual social, “se ha dejado más la sexualidad en un ámbito biológico o biomédico, pero si habláramos de una educación de la sexualidad, eso implicaría todo lo psicológico, lo social e incluso lo espiritual”. Especialistas y padres coinciden, la sexualidad abarca varias dimensiones. 

Marcela coincide: “no podemos apartarnos de la idea de que a los hijos no sólo los maternamos o paternamos en casa. Hay toda una sociedad, todo un sistema de ideas que nos enseña e impone un privilegio. Mis hijos por el hecho de ser varones ya nacieron con él. Aquí el v desafío como mamá ha sido desmitificar esto y tumbar ese privilegio para deconstruirlos en ese sentido. Nuestra familia está en el empeño de crear nuevas masculinidades a través de ellos. Con Dalma ha sido diferente, desde chiquita andaba marchando, desde los 5 años traía su cartel. Es un reto, por que sé que aunque yo esté empujando el sistema también empuja. Como familia estamos descubriendo nuevos mundos y estamos pagando los precios por andar en la búsqueda”. 

Goretti Hernández
Estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública.

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