Tengo una abuela de 80 años a la que sólo un labial rojo carmín mantiene pegada a este mundo.

PRIMAVERA DEL 2020Reportajes

El labial rojo mantiene viva a mi abuela

|  380GDL

El labial rojo mantiene viva a mi abuela

Culiacán, 18 de mayo de 2020.- Tengo una abuela de 80 años a la que sólo un labial rojo carmín mantiene pegada a este mundo.

Vive con alzheimer desde hace dos años. La enfermedad la hace olvidar su edad. Pero no pierde el porte ni los modales. Le gusta pintarse los labios y adornarse las orejas con perlas.

Mi abuela Emma Sainz quedó viuda a los 36 años, a causa de una balacera que mató a mi abuelo, Wilfredo Martínez, en Culiacán, en 1977. La bala le entró por el ojo y le reventó la cabeza. Se le salieron los sesos. Me acuerdo que los agarré y se los metí de nuevo. Me lo contó varias veces antes de que sus recuerdos quedaran diluidos en una dimensión desconocida. Me pregunto si el día del asesinato traía carmín en la boca. Quedó diabética con ocho chiquillos que criar.

Escuché a mi mamá gritar: ¡Aída, ya me voy! ¿Vienes o te quedas? Corrí al comedor. Las escaleras de mármol son peligrosas cuando las bajas de prisa. Lo primero que vi en la mesa fue paquete de galletas Gamesa, un labial rojo y unos aretes de perlas grandes. ¿Vas con mi abuela? Sí, contestó mamá.

Ahora está en una casa de retiro. Habrá que evitar el contacto con ella en medio de este caos. Arriesgarla puede ser una fatalidad. Ya está viejita.

En la casa de asistencia no nos dejaron tocarla. Solo verla y de lejos. Nos separaba el cancel de la cochera del lugar. La vi salir. Tomada del brazo de la enfermera, no parecía ella. Era otra. En pijama a las cinco de la tarde. Su cabello rubio lucía sin ese crepé de siempre. Aletargada, seria, sin ganas de hablar. Parecía bajo el efecto de alguna droga para calmarla.

Mi mamá y yo lloramos. Pensé que si mi abuelita Emma estuviera lúcida se autocalificaría como “Vieja loca”. Nunca tuvo pelos en la lengua, aunque no usaba majaderías. Siempre pulcra de formas para hablar.

¿Dónde quedaron sus labios rojos carmín? Mi mamá siempre me repite el impacto que tiene el labial rojo en la abuela. Cuando la veía triste o en un mal momento por la enfermedad, le pintaba los labios y en automático la viejita se ponía derechita… presumida, coqueta. Era la personalidad de doña Emma, para quien parece que la belleza es un deber.

Fotografías: Aída M. Aguilar.

Mi abuelita lucha en la guerra de no perderse a sí misma a diario como para sumarle otra guerra al no dejarla estar en su casa al alcance de su tocador.

Parece una mentada de madre. Siempre nos recordaste que hay que chingarle y no depender de un hombre porque a la vuelta de la esquina puede ya no estar y la vida pintarte un escenario de viuda con ocho niños. Te volviste agricultura. Te movías en un ambiente laboral pesado. Curioso cómo llevabas en tu bolso una pistola pero también un labial.

Qué escenario tan distinto verte así, abue. Sé que no te sentarías en esa mesa de comedor porque no tiene mantel. Tampoco saldrías al recibidor en pijamas. No dejarías que te vieran sin tu placa dental. Mucho menos sin tus labios rojos.

Parece injusto cómo después de pasar una vida tan dura, tengas que verte en la necesidad de estar aquí. Entendí el porqué de tu labial rojo. Es tu arma, abue. Lo que te recuerda quién eres. Tu mejor arma en esta guerra.

Mi abuela, Emma Sainz. Fotografía: Aída M. Aguilar.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *