Reportajes

El negocio de vender historias

Más allá de ser un negocio redituable, la profesión del librero prevalece con el fin de preservar una parte de la cultura y la historia a través de la palabra y los pensamientos de los autores en la literatura, la ciencia e incluso en la religión

 

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”, son las palabras del escritor mexicano Juan Rulfo en su novela Pedro Páramo, obra cuyo segundo ejemplar se encuentra en el centro de Guadalajara a diez mil pesos.

Este es un negocio que se dedica a la compra y venta de libros usados, lo que se conoce también como librerías de viejo, de las cuales quince están afiliadas a la Asociación de Libreros de Guadalajara, pero se estima que el número puede ser mayor. Se pueden encontrar ejemplares recientes, desde libros viejos, con menos de cien años, hasta antiguos, aquellos de más de un siglo. La mayoría se encuentra en el centro.

Nelson Mora (joven de piel atezada, cabello ralo y negro y un timbre de voz tímido), encargado de la librería El Laberinto Cultural, ubicada en la calle Manuel López Cotilla, dice que en los nueve años que lleva en el negocio ha tenido también ediciones poco usuales y antiguas de temas religiosos, forrados en piel de ternero y escritos en latín, con un precio de más de seis mil pesos.

Las personas suelen vender sus ejemplares a un bajo precio sin saber que quizá se trata de un libro de más valor, como lo es esta segunda edición de Pedro Páramo, que, dado el título de la obra, el autor, la antigüedad y su estado físico, tiene un valor de diez mil pesos.

La novela fue publicada en 1959 por el Fondo de Cultura Económica, obra del escritor mexicano Juan Rulfo, quien se consagró como uno de los autores del boom latinoamericano junto con autores como García Márquez y José Agustín, y ahora una de las voces más importantes dentro de la literatura de habla hispana.

La obra de Rulfo se caracteriza por la manera en la que retrata México desde un punto de vista y una narrativa que no había sido explorada, un México que no se había contado aún. Su otra publicación fue El llano en llamas, una compilación de diecisiete cuentos, publicada en 1953.

Nelson y José Antonio Meza, dueño de la librería La Estación, sobre la avenida 8 de Julio, coinciden en que es esta una de las obras más vendidas, junto con otros textos de la literatura clásica, como Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes o La divina comedia de Dante Alighieri.

Se encuentran en los estantes obras como Final del juego de Julio Cortázar, Inés del Alma mía de Isabel Allende, textos sobre filosofía, ciencia, religión y hasta superación personal o revistas.

Para todo hay. Se vende de todo un poco, hasta filosofía y poesía, comenta José Antonio Meza mientras acomoda los libros en cajas de cartón.

Existen librerías de viejo especializadas, como La Perla Books, ubicada sobre la calle Pedro Moreno, donde se venden libros en inglés. También están los bazares, algunos de éstos en el barrio de Santa Tere, o puestos de venta sobre avenida Chapultepec los sábados por la .

El trabajo de un librero es preservar precisamente la memoria y las historias, mantener vivos a estos autores y sus obras, expresa José Barba, vocero de la Asociación de Libreros de Guadalajara.

En El Laberinto Cultural se ha rescatado un libro y el recuerdo de Comala, en cuyas páginas “el agua que goteaba de las tejas hacía un agujero en la arena del patio. Sonaba: plas, plas y luego otra vez plas, en mitad de una hoja de laurel que daba vueltas y rebotes metida en la hendidura de los ladrillos”, en alusión a las palabras de Juan Rulfo.

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