Cuando ya nada parece suficiente para romper las rutinas de la pandemia, aparece una solución: hacer el ridículo podría ser una forma de garantizarnos que seguramente recordaremos un día en específico. A un año de encierros y distanciamiento, a lo mejor es hora de que nos demos esa chance.

En la Opinión deEscucho y Hablo

ESCUCHO Y HABLO |
Hacer el ridículo |
por Natalia Luján

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