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Gibran Julián y la jungla urbana

Gibran Julián cree que todavía hay muchas cosas nuevas bajo el sol. Su obra artística está compuesta por todo tipo de materiales. Madera, vidrio, cerámica. Le gusta innovar, salirse del cuadro.

Varias de sus piezas están inspiradas en la naturaleza. Durante su infancia y adolescencia desarrolló el amor por la montaña, el respeto por el medio ambiente. La columna que intervino en la Línea 3 sobre Ávila Camacho, a la altura del Instituto de Ciencias, es una jungla. Elementos de fauna y de flora componen la pieza. Es un paisaje sano, también ficticio.

Para inspirarse, Gibran hace senderismo. Camina sobre el bosque de El Centinela, en el norte de la ciudad, para despejarse. Recolecta rocas, minerales y cristales que después plasma en su trabajo. Sus excursiones se prolongan porque antes de pintar necesita mucho silencio. De regreso a su casa-estudio, empieza a moldear, intervenir y crear piezas. Miles Davis con su jazz suave lo acompaña en todo el proceso, al igual que su hijo Bastián, que apenas tiene un año y medio. Juega y ríe cerca de él sin distraerlo mucho. Apenas lograron esta convivencia; antes Bastián demandaba mucha atención y cuidado, pero las tardes ahora transcurren en armonía, el padre con su cerámica y su pintura, el hijo con sus trenes y peluches.

Gibran también trabaja en una casa ilustradora. Dibuja personajes para etiquetas de cerveza. El formato digital siempre le ha llamado la atención, es una afición que desarrolló cuando estudió diseño en el ITESO. Aun así, Gibran prefiere mover el cuerpo. Estirar el brazo para alcanzar el punto más alto de un cuadro, doblar la espalda para plasmar con exactitud un detalle. Ahora está trabajando en una colección de paisajes abstractos a base de líneas. Los cuadros que pinta son largos y anchos, requieren que se mueva sobre la superficie del lienzo, que le duela el cuello al final de la jornada.

El salto entre estudiar diseño y ser artista ocurrió cuando se fue de intercambio a Islandia como estudiante. Estar en contacto con paisajes fríos, tan diferentes a lo que estaba acostumbrado, le inspiró a expresarse con fotografías intervenidas con pintura. Muchas de sus piezas son producto de sus recuerdos de sus viajes tanto a Islandia como al Nevado de Colima. Le es muy fácil rememorar un risco, la pendiente de una cordillera. Ahora se desarrolla como diseñador y artista a la vez. En ambas profesiones abunda la fauna y la flora como una marca personal. Gibran se mudó a las afueras de la ciudad para evitar el tráfico y facilitar su contacto con la naturaleza. En sus caminatas, le acompaña Bastián colgado de su espalda, o con sus pasos todavía tambaleantes. Es la intención de su padre que crezca apegado a paisajes, aunque no siempre estén sanos ni sean ficticios.

Gibran Julián invita con su columna en la Línea 3 a cuidar el medio ambiente. Preservar nuestros ecosistemas para muchas más generaciones. “Las acciones individuales, tan simples como separar la basura, pueden hacer cambios colectivos. Es nuestra responsabilidad minimizar nuestra huella lo más posible”.

Tere de Alba
Estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

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