Arte y Cultura

Historia por historia, Betto Arcos retrata a la música del Barrio Cósmico

Por Iván González Vega

“Todo mi trabajo lo hago por amor a la música”. Con la frase, Betto Arcos agita la mano para que quede claro que está hablando en serio, aunque en realidad no hace falta: tiene enfrente una copia de su libro Historias musicales del Barrio Cósmico, harto más elocuente: reúne 152 historias inspiradas en sus casi tres décadas de trabajo como periodista especializado en música, o bien, que ama la música. Publicado en 2020 y traducido al español en 2021, Arcos lo presentará este miércoles 1 de diciembre en la FIL 2021, a las 18:00 horas, en el Foro FIL.

Betto Arcos nació en Xalapa, Veracruz, en 1962, pero la vida lo llamó a Estados Unidos: en la Universidad de Boulder, de Colorado, terminó sus estudios de Periodismo; luego se enamoró de la radio y se mudó a Los Angeles, en donde vive desde los noventa, trabajando para la NPR, la cadena de la radio pública nacional estadounidense; para la emisora KPCC de Los Ángeles, y para el programa Music Planet de la BBC.

Como cualquier otro periodista, ha tenido que bregar sin descanso para tener tiempo que dedicarle a sus aficiones: lo suyo es el periodismo sobre música y eso le ha permitido informar, para una audiencia de hasta 10 millones de personas, acerca de lo que solo puede ser llamado un barrio megadiverso: música de América Latina, pero también de cualquier lugar del mundo, en cualquier género, popular y clásica, y de todo tipo de orígenes.

En las Historias… están al chelista Yo-Yo Ma y el cantautor cubano Silvio Rodríguez, pasando por Rosalía, Celso Piña, Diego El Cigala, Ana Tijoux, Silvia Pérez Cruz, Nella, Carla Morrison, Gustavo Santaolalla, Lila Downs (de quien fue cománager), La Santa Cecilia y Jorge Drexler… pero también el laureado compositor Arturo Márquez, creador del Danzón número 2; o el no menos importante Jordi Savall, en su aventura de hacer música inspirada en estudios sobre las Cruzadas. El barrio es bastante más amplio y se extiende hasta Irán, Armenia, varios sitios de la vasta África, la punta norte de Canadá o la punta sur de Groenlandia. “Soy mexicano pero, para mí, el Barrio Cósmico está en todos lados”.

Tras sus años de escuchar, entrevistar y reseñar, Arcos construye en el libro breves textos que funcionan como crónicas y semblanzas que se revelan como historias dictadas por la música: la edición está organizada en apartados como Aprendizaje, Migración, Identidad y Adversidad, pero también hay una sección de Productores, otra acerca de Brasil y una más sobre la Diáspora cubana. Admite que la edición fue uno de los pasos más complicados, por las varias historias que dejó fuera.

 

—Pero el libro no es una síntesis, sino una muestra bastante amplia.

—Mucha gente me ha dicho que es avasallador estar leyendo un libro en donde, de repente, te metes en la música de una artista venezolana y te dan ganas de escucharla: te inspira, te motiva a que leas la historia y digas: ¿a qué suena María Márquez? ¿A qué suena el Mariachi Herencia de México? O: a ver, esta banda de músicos cubanos que viven en Los Angeles, ¿habrá algo de ellos en YouTube? Pero te vas a encontrar con la historia de una banda de Irán: una hermana vive en Los Angeles y otra vive en Estocolmo, Suecia. Las fui a ver, las entrevisté y me encontré con que su música es pop cantada en persa.

 

—¿Es éste un libro de un periodista, de un melómano o de alguien que utiliza la música para hacer un poco de Historia?

—Es todo eso. Hay una cosa bien importante: mi trabajo, en un principio, es por amor a la música; soy melómano, me encanta escuchar música, no puedo vivir sin ella. Dos: para que yo pueda contar historias, tiene que haber una razón; mi editor me dice: “A ver, Betto, esa historia de Nella, una cantante venezolana, ¿por qué crees que vale la pena que la escuchen ocho millones de personas?” Yo tengo que escribir un texto que lo convenza. (…) Yo no puedo decir: oye, es que canta muy bonito; eso no es suficiente.

El periodista mexicano Betto Arcos. Foto: cortesía.

—De todos modos, eres tú escogiendo a partir de lo que te gustó.

—Obviamente. En el libro hay 152 historias; 145 fueron historias que yo seleccioné, y las otras siete fueron sugeridas, recomendadas por mi editor. Ahorita mismo ya hice las entrevistas de un grupo de Venezuela que vive en Miami, un grupo que se llama C4, que toca el cuatro llanero venezolano; todos son emigrantes; tengo que contar la historia de por qué salieron de Venezuela. Los entrevisté la semana pasada, entrevisté al productor, ya tengo un poco la idea de lo que voy a escribir, mi editor ya me aceptó la historia… y así es como voy, historia por historia.

 

—¿Qué tan importante es el editor en un trabajo como éste?

—Yo no concibo escribir un guion sobre un reportaje sin un editor que me guíe, que me ayude, que me critique. Todas las historias que están en este libro fueron editadas por ocho editores en diferentes programas de radio nacional de Estados Unidos y de Inglaterra. Mi último editor en la radio nacional de EU se jubiló en enero de este año y no tienes idea qué pena para mí decirle adiós; trabajé con él nada más once años, pero él trabajó más de veinte años con otras personas como editor de cultura. Cuando le hicieron la despedida, por Zoom, todos diciéndole: Tom, aprendí mucho de ti. Hay un respeto muy fuerte hacia los editores. Con el editor que tengo ahora ya no me cuesta tanto trabajar; creo que ya se da cuenta de que, después de veinte años, ya no estoy tan verde.

Una de sus piezas más recientes, sobre la cantante colombiana Victoria Sur, nominada a los Latin Grammy.

Celso Piña. Foto: Betto Arcos, cortesía.
Rosalía. Foto: Betto Arcos, cortesía.
Silvio Rodríguez durante un concierto en La Habana. Foto: Betto Arcos, cortesía.
Yo-Yo Ma baila en La Nana, en la colonia Guerrero de la CdMx, durante un evento comunitario. Foto: Betto Arcos, cortesía.
Iván González Vega
Profesor de Periodismo ITESO. Periodista desde 1994.

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