El fotógrafo tapatío es considerado un mentor para generaciones de fotoperiodistas de Guadalajara, además de haber sido un artista y documentalista reconocido a escala internacional

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Humanista de rigor profesional, maestro y buen amigo: así recuerdan a José Hernández-Claire

Humanidad, disciplina y generosidad: ésos son tres de los rasgos característicos de José Hernández-Claire que más inmediatamente recuerdan colegas que conocieron al celebrado fotógrafo tapatío, quien falleció este sábado de septiembre a los 72 años de edad, y que dejó un valioso legado como profesional y artista, apreciable principalmente en la fotografía documental.

Nacido el 30 de abril de 1949, Hernández-Claire fue arquitecto de formación y luego estudió una maestría en diseño urbano en Brooklyn, Estados Unidos, de la que egresó en 1980; entonces hizo un curso de fotografía y definió la vocación a la que dedicó las siguientes cuatro décadas. Además de participar en más de 50 exposiciones individuales y más de 100 colectivas en varios países, y de legar obra a colecciones internacionales de Europa y América, es recordado en Guadalajara por su trabajo documental y en particular para el fotoperiodismo, sobre todo por eventos como su cobertura de las explosiones del 22 de abril de 1992. Algunas de sus imágenes de aquel año están consideradas entre las más representativas de la movilización ciudadana que sucedió a la tragedia del sector Reforma tapatío, y aquel trabajo además le valió el Premio Internacional de Fotoperiodismo Rey de España.

Para sus colegas de la fotografía profesional, su rigor ante el oficio es uno de los rasgos más importantes que recordar. El fotógrafo Humberto Muñiz, quien fue su compañero en el periódico Siglo 21 y también su amigo, recuerda su compromiso personal con el oficio. “Fue muy disciplinado, nunca dejó la fotografía; yo me salía del carril y quería hacer pintura y él me volvía a meter. Sus fotos, aparte de tener una estética muy atractiva, daban el mensaje de que era un humanista, y su la disciplina para hacer un reportaje podía hacer que estuviera años trabajando. No te miento: se pasó más de 20 años yendo todos los años a la Romería de la Virgen de Zapopan. Ese tipo de disciplina, el amor a la foto, te dicen que nunca perdió el gusto. ‘José, cómo lo haces, qué te motiva’; yo me desmotivaba y él no, él seguía con ese ahínco, bien fletado. La vez que fuimos a Michoacán por la visita del Papa, se trepaba, corría, a agarrar imágenes del Papa y de la gente, como un chavo de ahorita”.

Dánae Kótsiras, fotógrafa independiente, fue una de sus estudiantes en la Universidad de Guadalajara, y afirma que “aunque no hubieras estado en el aula con él” los demás fotógrafos aprendían de su rigor profesional. “Se involucraba mucho. Tú lo veías trabajando y estaba enfocado: la cámara era como su filtro para involucrarse en lo que estaba mirando”.

Era una persona que te inspiraba con su humanidad para llevar la foto. Ese no perder el suelo, que de repente le pasa a muchos fotógrafos que se divean, se rockstarean, era muy importante para nosotros, era una persona que te inspiraba: siempre fue muy educado, lo veías trabajar y decías ‘Yo quiero ser así’”

—Dánae Kótsiras

José Hernández-Claire en 2019. Fotografía: Cultura Jalisco.

Kótsiras tenía seis años en 1992, cuando las explosiones en el sector Reforma, y luego fue alumna de Hernández-Claire. “Creo que él ayudó a aportar esa humanidad en la desgracia, esa manera de ver tan peculiar, que busca siempre transformar las cosas, hacernos testigos de lo que vio, porque un fotógrafo trasciende por los momentos que documentó (…) Ésa es la capacidad que tiene un fotógrafo de cumplir con la nota pero también elevarlo a lo poético, trascenderlo. Es un poco lo que le pasa a (Sebastiao) Salgado, en qué posición te pone que transforma esa mirada y conmueve a los demás, al mismo tiempo que piensas que nunca vas a olvidarlo. Y además sabía moverse en los dos campos, porque, por ejemplo, fue fotógrafo de la FIL un rato y le alcanzó a hacer unos retratos maravillosos a Juan José Arreola. Siempre estuvo en las grandes ligas, pero nunca perdió esa humildad y sencillez”.

La disciplina profesional estaba ligada a su propia convicción personal de mantenerse saludable, en buena condición física: “Una disciplina como la del ejercicio lo hacía rendir mucho, y como documentalista necesitas tener fuerza física”, dice Dánae Kótsiras. Pero Ricardo Guzmán, fotógrafo y quien fue su asistente por varios años, subraya que su interés por mantenerse fuerte no era casual sino un rasgo de su profesión: “Yo casi lo conocí corriendo. Muchos años después de que fui mi maestro, una vez fue con sus alumnos a tomar foto de paisaje a la Barranca de Huentitán, y me echó un telefonazo para ver si lo acompañaba. Sus alumnos se acalambraban, se cansaban, y él llegó primero que todos; yo tuve que echarle un chingo de ganas, pero él llegó impecable con la cámara, en pantalón y con camisa. Era un ejemplo para mí porque se mantenía así para poder lograr sus proyectos: para poder caminar toda la procesión, para recorrer todo el camino de los migrantes, el desierto, los caminos de Chiapas”.

El trabajo de José Hernández-Claire destaca por su originalidad pero también por su capacidad para defender una filosofía de la fotografía centrada en la mirada pausada y respetuosa sobre los problemas humanos. El fotógrafo Rafael del Río, quien también llegó a colaborar con él, lo define como “una visión muy profunda, un ojo muy personal, que por su trabajo, vinculado al periodismo y al documental, deconstruye o sintetiza situaciones cotidianas de tal manera que convierte la realidad en propuestas casi icónicas; era dueño de una construcción simbólica muy interesante y nunca dejas de encontrar cosas importantes en su trabajo”.

Más todavía, Del Río lo define como “un gran cronista. Él era una oportunidad de apreciar esa lectura de los fotógrafos como artistas, que abstraen una visión profunda de las cosas para propiciar una síntesis todavía más a profundidad. Es un personaje clave para la fotografía en México. Yo creo que, luego de Alberto Gómez Barbosa por cuestión de generación, José era en realidad la cabeza de toda una generación. Lo interesante es que esos fotógrafos trascienden edades, ves su trabajo años después y siguen siendo súper vigentes, y eso es uno de sus grandes aportes: lo vas a ver dentro de 20, 30 años y va a seguir enriqueciéndote”.

Ricardo Guzmán recuerda al respecto que Hernández-Claire fue parte de una generación central para la fotografía contemporánea en México, participante de los Coloquios Latinoamericanos de Fotografía de finales de los años setenta que “reformaron, reinterpretaron a todo el medio fotográfico”, y destaca de él “ese bagaje, esa experiencia, ese nivel de compromiso, con ese nivel de disciplina, y de compromiso con el medio, con la gente, con la gente que retrata, con sus proyectos, con su tenacidad”.

Definitivamente es un gran documentalista: la disciplina documental, es decir del encuadre, del compromiso con la composición, con el blanco y negro, con respeto por el encuadre completo. Él defiende ese paradigma que implica respeto por la gente, y por eso para mí es imposible deslindarlo de la formación”

—Ricardo Guzmán

Manos amigas, una de las fotografías más recordadas de la cobertura de José Hernández-Claire sobre las explosiones de 1992 en el sector Reforma de Guadalajara. Imagen; Mediateca INAH.

En términos técnicos, Humberto Muñiz subraya la influencia de Hernández-Claire entre quienes son fotoperiodistas en México y particularmente en Jalisco, explícita en una estética “que busca que la foto atraiga; no que sea bonita, porque un accidente o una tragedia no son bonitos, pero que te atraiga estéticamente además de que te informe. Los periódicos de antes tenían una fotografía informativa seca; cuando entramos a Siglo 21 José nos exigía que trabajáramos así. Tenía un estilo muy definido; mucha gente diría que era muy purista, y pues sí lo era: sus fotos eran de negativo completo; te enseñas a tomar la foto desde el visor, no en la edición”.

Pero el otro rasgo que Guzmán destaca de Hernández-Claire es, precisamente, su trabajo como maestro, formador de nuevos fotógrafos, por lo cual tan solo, dice, la ciudad y el estado de Jalisco le deben un homenaje. “Por sus clases pasamos un montón de los que ahorita estamos en plena producción y los que estamos creando en este momento. Era capaz de infectar de ese compromiso y esa disciplina a más personas y eso hace que sea tan importante. Él para mí fue como una chispa, que se encendió con sus clases de siete de la mañana a dos de la tarde. Horrible el horario, pero él era puntual todos los días, y sus clases eran tan chingonas que todos queríamos ser puntuales. Él lo entendía así: yo soy mi proyecto de vida, yo soy mi compromiso, yo soy la fotografía; esto no es un hobbie sino un proyecto de vida”.

La exposición que aún se le debe

Los colegas de José Hernández-Claire coinciden en señalar que la ciudad de Guadalajara tiene una deuda con el fotógrafo, artista y profesor. Ricardo Guzmán, quien trabajó como su asistente, explica de hecho que el propio Hernández-Claire había autorizado comenzar con el desarrollo de una gran exposición retrospectiva de su trabajo, con ayuda de varias instituciones de Jalisco, y lamenta que él no estará presente para verla, pero asegura que seguirá adelante con esos planes.

“Le hablé para pedirle permiso cuando yo tenía ya dos o tres cosas amarradas; él se lo platicó a Nora su esposa. Creo que lo que nos toca ahora es saldar una deuda digamos histórica, pero que ahora es muy urgente. Creo que él lo que más agradecería es que siguiéramos haciendo foto, porque sus proyectos duraban toda la vida”.

Rafael del Río insiste en que su fallecimiento debe ser una oportunidad para reflexionar sobre el sentido de su trabajo: “Nos hace falta una revisión más detallada; te lo digo desde la experiencia de todos como fotógrafos, que solo mostramos solo una parte de nuestro trabajo diario: es una oportunidad de valorar y revisar sus diferentes legados y enriquecer su trabajo”.

Precisamente por eso, Humberto Muñiz subraya la necesidad de organizar una exposición ambiciosa sobre el trabajo de Hernández-Claire: “Una retrospectiva, que estén las fotos de antes, de sus series viejas. Él tuvo mucho trabajo en sus primeros años y no todo lo mostró, estoy seguro de que le habría dado gusto”.

¿POR CUÁL FOTO LO RECUERDAS?

Rafael del Río

“Mucho de lo que más me gustaba de José eran sus fotos de la calle. Me acuerdo de una que tengo muy clavada en la cabeza: una señora de espaldas con un vestido flores, ante un muro que tiene una pinta de flores, que hace un juego de camuflaje muy interesante. Él tenía un ojo muy educado”.

Dánae Kótsiras

“Él tiene un maravilloso trabajo de 2004 o 2005 que hizo con indígenas que cruzaban al otro lado. ¡Y es un trabajo en color, no en blanco y negro! Se me hizo muy importante cómo documentó eso, las personas con ropa tradicional, caminando por San Francisco, las grandes ciudades, haciendo este viaje. Si él tenía que hacer una peregrinación, la hacía. Yo me lo encontré una vez en la Romería, estaba desde la noche anterior allí. Pero la foto del 22 de abril es tan importante. Es una imagen que tiene que ser recordada por lo terrible de esa tragedia que se quedó impune, un retrato de un evento que no se debe repetir. Creo que los fotógrafos documentalistas buscamos una imagen para que esas situaciones no se repitan en la historia”.

Humberto Muñiz

“Recuerdo la serie de los ciegos, que además ganó un premio de la OMS. Es un trabajo buenísimo, humano, muy humano; José se metió de lleno. Tiene muchísimas imágenes: el trabajo de los ritos y costumbres de Jalisco y el de las religiones, para mí todos eran buenos, pero el de los ciegos era el que más me gustó”.

Ricardo Guzmán

“Tengo dos: definitivamente la del 22 de abril, la foto galardonada del premio Rey de España, pero hay una foto que estuvo en el número uno del periódico Público (en 1997), ‘El guardián de la Minerva’, que es un señor en un puente de mantenimiento de la estatua de la Minerva, que trae un escudo, pero es una llanta, y una lanza, pero es una vara para destapar las alcantarillas”.

Iván González Vega
Editor de 380GDL y profesor de Periodismo ITESO. Trabaja en medios de comunicación desde 1994.

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