Reportajes

James Bond jodió los martinis

La copa es perfecta antes de dispararle a alguien, la frase para pedirla hace que cualquiera se sienta como un agente secreto al servicio de su majestad: “Vodka martini, skaken, not strirred”. Este coctel fue inventado a mediados del siglo XIX; James Bond lo echó a perder en 1953 cuando lo ordenó en Casino Royale, la primera novela de Ian Fleming.

La receta original lleva ginebra, vermut y un pedazo de limón mezclados con hielos; el Vesper martini de Fleming lleva vodka, ginebra, kina lillet y un trozo de la cáscara de un limón sacudidos en un batidor de cocteles. La forma de preparar la bebida cambió porque así la prefería el escritor que le dio vida al 007.

Bond y Fleming aman romper las reglas. Durante su juventud el escritor (1908-1964) fue expulsado de varios internados y academias militares. Tiene sentido que tomara la forma de preparar el coctel y la cambiara a su gusto. Comenzó a escribir la serie del espía inglés cuando vivió en Oracabessa, Jamaica, después de trabajar en operaciones encubiertas durante la Segunda Guerra Mundial. El autor disfrutaba de bebidas frías en su nuevo hogar; era casi una obligación que su personaje hiciera lo mismo en el libro.

“El 90% de lo que hay en el libro es mi experiencia personal, las partes de espionaje no lo son”, dijo Fleming en una entrevista con CBC en 1964.

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A pesar de ser la bebida preferida del personaje, muchos bartenders dicen que esta receta mata el sabor del coctel. El mixólogo y autor Jeffrey Morgenthaler explica en su libro Drinking distilled: A user’s manual que cuando se combinan vodka y ginebra en una copa el resultado no sabe a una cosa ni a la otra. Cuenta en este mismo manual que al mezclar un martini en una coctelera, más agua de hielo termina en el vaso. “Cuando sacudes una bebida, el hielo se rompe más y el coctel queda con más agua”, cuenta Abraham Delgado, bartender en Matilde Mi Amor. Bond tomaba copas rebajadas.

Para el espía que parece perfecto, hay un trago que no lo es. “Todos los héroes tienen fallas; no tiene caso enfocarse en ellas, hay otras cosas que examinar”, dijo Ian Fleming en la misma entrevista de CBC. Su gusto por un trago que no sabe bien no es un defecto como tal, pero sí algo que vuelve un poco más normal a un personaje que parece ser superior en todo. Nadie puede ser como el James Bond del libro: Sean Connery y Daniel Craig se ven tan bien al pedir la copa porque lo hacen con confianza. “Una copa no te hace más o menos hombre”, cuenta Abraham con una bebida rosa en la mano.

Esto hace muy sencillo para las personas que trabajan detrás de una barra darse cuenta cuando una persona pide un martini por gusto o porque lo vio en la película. Las únicas diferencias entre James Bond y los bebedores de fin de semana son: el esmoquin, el sex appeal y la licencia para matar. “Preparar tragos es la parte fácil, nunca dejas de aprender a tratar con la gente”, dice Abraham detrás de la barra. Los bartenders saben cosas de sus clientes que ellos creen ocultar: hay que aceptarlo o beber Tecate en casa.

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