PRIMAVERA DEL 2020Reportajes

La cuarentena se siente azul

Todas las mañanas Beto escapa de la depresión, aunque hay noches que se duerme sin conseguirlo. Así han pasado 61 días de aislamiento social por covid-19

Por Tere de Alba

Guadalajara, 18 de mayo de 2020.- Cuando despierta lo primero que ve es la pintura “El viejo guitarrista ciego”, de Picasso. Un hombre huesudo con los ojos cerrados que sostiene una guitarra curvilínea, grande, café. Es el fondo de pantalla de su teléfono. Incluso despejándose del sueño, aprecia los tonos azules que predominan, la expresión decaída del hombre. Beto no siente nada. Hay etapas así, en las que permanece imperturbable, ajeno a lo que pasa a su alrededor. El confinamiento ha sido una de ellas.

Parece feliz, al menos tranquilo. Bloquea cualquier pensamiento que lo destantee porque sabe que valdría madres si tiene una época triste en el encierro. La consecuencia es que no ha hecho nada creativo en dos meses. Ve películas. Ignora cuando nada tiene sentido. Lee libros. Evita el pensamiento de que no será feliz, aunque lo tenga todo. No le gusta su improductividad. Picasso pintó “El viejo guitarrista ciego” a los 22 años, cuando se suicidó su mejor amigo. Dos años más de los que tiene Beto. Tal vez necesita otro golpe de realidad para convertirse en un artista.

En las clases virtuales, se siente superior a sus compañeros. Lo hartan los estudiantes pretenciosos de Audiovisuales que relacionan los temas vistos con películas de Stanley Kubrick. Se queja de sus maestros porque no le enseñan nada nuevo. Beto cierra los ojos ante lo positivo que le aporta el ITESO. Si lo reconoce, no estudiará cine en la Ciudad de México. Aparte de depresivo, es inconforme.

La hora de la comida es una tregua. No checa ni una vez su teléfono. Por dos horas no hay nadie que vea la pintura del viejo ciego. Aprende las recetas de su madre Norma; cocina para su hermano menor Juan, cuando ella trabaja como anestesióloga en el Hospital del Carmen. En la mesa, nadie menciona a quién le falta algún quehacer. Tampoco se reprochan las actitudes cortantes. Es el momento en el que hablan de los antiguos dramas familiares, de qué es lo que sigue en el futuro. Beto apenas sonríe, se siente triste en un momento feliz.

Fotografías: cortesía Alberto Martínez.

Uno de sus cinco amigos le marca en la tarde. La llamada irrumpe con los tonos fríos de su fondo de pantalla. Solo contesta porque no ha visto a nadie desde que el gobernador de Jalisco decretó aislamiento obligatorio el 20 de abril. Escucha por horas el problema aburrido de su amigo. Se burla él, no conoce el dolor. Por eso le gusta el período azul de Picasso. Porque retrata la verdadera tristeza, la prostitución, la pobreza. Se siente más cómodo con las personas incompletas. En esas conversaciones, rara vez, él se desahoga. No le dice a nadie que está triste hasta que lo supera.

Sale a correr a las siete, cuando el cielo se torna naranja. Las calles lo esperan desiertas. Su colonia, ubicada cerca de Periférico Norte en Guadalajara, está repleta de parques verdes por las lluvias recientes. Rodeado de colores vivos Beto concluye que la vida no es tan difícil, olvida qué lo tenía tan melancólico.

En la noche, observa con atención la guitarra color café del cuadro de Picasso. Es un símbolo de esperanza, leyó en alguna parte; gracias a ella sobrevive el ciego. En el silencio de la madrugada va en busca de los problemas. Escucha “Bulletproof” de Radiohead. Piensa en Camila, la chica que no lo correspondió. Recuerda a su padre que murió hace seis años ahogado. Entonces llega la inspiración. Escribe poemas, toma fotos, inventa guiones. Es como si Beto estuviera tocando la guitarra. Quién sabe si podrá mañana.

Día tras día de aislamiento, “El viejo guitarrista ciego” lo acompaña. A veces piensa que puede burlarlo, pero siempre está ahí con su gesto nostálgico, su postura imposible, esperándolo cada vez que checa la hora. Antes de dormirse. Cuando acaba de despertarse.

Tere de Alba
Estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

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