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La evolución del cine queer: 10 años del premio Maguey

Diez años después de haber sido creado en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, el Premio Maguey ha sido testido de la evolución del cine queer en Latinoamérica. Ya se dejan atrás las historias de salir del clóset o de relaciones entre hombres, se ven thrillers psicológicos con una pareja lesbiana como protagonista (ver el apego), comedias románticas sobre dos estudiantes que quieren estar juntas para siempre, la exploración de la relación de una mamá y su hijo trans. Esto hace complicado ponerlas a competir unas con otras, con géneros y objetivos tan diferentes. 

Pavel Cortés, director y programador del Premio Maguey, le propuso al director del festival crear este premio hace diez años, un galardón a la diversidad sexual. Reconocer a personalidades relevantes en el mundo del cine, del arte, la cultura. 

Al inicio, lo que prevalecía eran historias sobre salir del closet, sobre aceptación, sobre relaciones de hombres con hombres. Es lo mismo que ha sucedido con la visibilización LGBTQ en general: la comunidad es mucho más que una relación homosexual entre dos vatos, las historias son mucho más diversas que solo la experiencia de salir del closet. 

El amor lésbico, la transición de sexo, la bisexualidad, la intersexualidad, las personas no binarias. Los diez años del premio han sido testigos de la evolución de la sexualidad en el mundo cinematográfico, en su espacio en la sociedad. El cine es un reflejo de esta. Lo que entendemos por diversidad sexual sigue en evolución, por lo que se refleja en los contenidos que se crean. 

Cortesía FICG

A pesar de que el Premio Maguey tiene un juego de palabras obvio, nunca fue la intención de sus creadores. 

“Lo escogimos porque el maguey es una planta hermafrodita, nunca fue nuestra intención. No queremos que el premio sea visto como algo gay, no porque esté mal, sino porque hay mucho más que eso”. 

Generar un encuentro entre los espacios cinematográficos que celebre la diversidad sexual en todos sus matices, colores, discursos, estéticas. 

Que este encuentro se haga en un festival no queer, sino en un festival de reconocimiento internacional que lleva ya casi cuarenta años, y que tenga un premio así que legitime, visibilice, cree un espacio seguro para la exhibición de las películas, es pertintente. Busca generar empatía, apertura. Trascender en los espacios no comunmente queer. Si de por sí para el cine independiente o de arte encontrar espacios de difusión es difícil, lo suele ser más cuando tienes a una pareja lésbica, o una mujer trans, como protagonistas.  

Más aún en una ciudad como Guadalajara, que tiene la fama de ser conservadora. Las “Marchas Por La Familia” (en contra de las relaciones homosexuales, la educación sexual y las adopciones homoparentales) suceden año con año con miles de personas. A pesar de eso, la marcha por el orgullo queer también va creciendo con los años. Es una ciudad diversa con opiniones dividas. 

Cortesía FICG

¿Cómo se seleccionan las películas para un premio como este? 

Son dos formas: una es convocatoria oficial donde cualquiera puede incribir su película. La otra es las que el grupo de curadores de cada sección ven como relevantes. Es un monitoreo intenso de tratar de ver todo lo que salió ese año, hacer comparaciones, filtros. No ha terminado una edición del festival cuando ya están en la mira de lo que se seleccionará para el año siguiente.  

Para el Premio Maguey se considera que la película tenga algún elemento que haga oda a la diversidad sexual o de género.  

Cortesía FICG
Ana Paula Carbonell Díaz
Estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública.

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