¿Búscas algo?

La gentrificación verde en Guadalajara

El siguiente texto aborda los factores que están haciendo la gentrificación verde posible, en un proceso que empieza desde del corazón de la ciudad y se extiende hasta la periferia—que incluye al caso del Parque Morelos, aunque ciertamente no termina con el. Asimismo, se cuestiona el papel del gobierno municipal en propiciar esta situación.

noviembre 14, 2022

Alejandra Partida

Miranda Osuna

Danna Cedeño

El un primer vistazo a la manera en la que los agentes de bienes raíces promocionan sus propiedades, uno puede encontrarse con frases como: “Departamento con vista al parque”, “Casa con vista al bosque”, y “Casa a dos cuadras del parque”. En todas estas existe una clara tendencia hacia lo que las inmobiliarias creen que va a vender mejor, y es por una buena razón: todos necesitamos estar en una vivienda que nos permita acceder a la naturaleza. A pesar de eso, muchas personas en Guadalajara no pueden darse el lujo de tener acceso a las áreas verdes; si a través de tu ventana ves una calle con arbolado frondoso, si puedes llegar caminando al bosque, si vives frente al parque, estás disfrutando de una comodidad cada vez más difícil de garantizar.

El siguiente texto aborda los factores que están haciendo la gentrificación verde posible, en un proceso que empieza desde del corazón de la ciudad y se extiende hasta la periferia—que incluye al caso del Parque Morelos, aunque ciertamente no termina con el. Asimismo, se cuestiona el papel del gobierno municipal en propiciar esta situación.

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Para los 4.7 millones de habitantes de la selva de edificios y concreto que es la Zona Metropolitana de Guadalajara, nuestras áreas verdes urbanas—los árboles que resquebrajan el pavimento de las calles con sus raíces tercas; los parques que cobran vida con las lluvias de mayo; los bosques que ofrecen el aroma de los pinos y aire fresco—son un oasis natural y un escape al caos de la ciudad. Nadie puede negar el valor intrínseco de la existencia de estos espacios, pero, aun así, no todos aprecian a las áreas verdes como un bien colectivo, indispensable para el desarrollo y bienestar de todas las personas. Para las inmobiliarias, estas zonas representan un recurso más para explotar en su búsqueda de lucrar; para el actual gobierno del municipio de Guadalajara, son una oportunidad para resolver la crisis provocada por la disminución de la recaudación de los prediales. El resultado de todo esto es que las áreas verdes se han vuelto un símbolo de privilegio.

El panorama que presenta Guadalajara respecto a sus áreas verdes urbanas no es nada alentador. La Organización Mundial de la Salud recomienda una mínima superficie verde de nueve metros cuadrados por habitante para el bienestar de las personas, mientras que otros estándares aconsejan hasta el doble de esta cantidad. Sin embargo, este es un ideal que estamos muy lejos de alcanzar. En Guadalajara, dos de cada tres personas viven en zonas sin acceso a la cantidad suficiente de áreas verdes; la ciudad no solo se encuentra por debajo de lo óptimo, además, una quinta parte de la población no alcanzan ni los dos metros cuadrados de área verde por habitante [1].

Una mirada a la distribución geográfica de esos “desiertos urbanos” revela que no todos son creados iguales; a pesar de que este sea un problema que afecta a más de la mitad de la población en la ciudad, las zonas con menos acceso a las áreas verdes revelan un patrón de marginación y desigualdad. Las zonas más afectadas por esta crisis ambiental geo-demográfica son Oblatos, Tetlán, y la zona de Miravalle. Todos estos “puntos rojos” se encuentran entre las zonas con más marginación en Guadalajara, en un arco que va de media en Tetlán, a alta en partes de Tlaquepaque, y a muy alta en Oblatos.

Todos estos sectores se encuentran, coincidentemente, dentro del Polígono de Fragilidad Ambiental de Jalisco, una especie de Triángulo de las Bermudas tapatío, que atrapa a una población de más de 1.4 de millones de personas en una burbuja que succiona contaminación y que enferma a su población, a tal punto que la CNDH considera que el riesgo ambiental al que están sometidos es una violación a los derechos humanos.

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Una ciudad dividida

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La desigualdad al acceso de áreas verdes en Guadalajara no aparece solo en casos aislados: es un patrón que se esparce por toda la ciudad en una corriente que va de este a oeste.

“Hay una menor cantidad de áreas verdes por habitante en el centro de la ciudad, que disminuye hacia el oriente y aumenta hacia el poniente”, dice Juan Jose Del Toro Madrueño, director de Información Estadística y Geográfica Ambiental del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG).

Si uno se detiene a observar el mapa de las áreas verdes por habitante en las colonias de Guadalajara, se empieza a dibujar un gradiente con los patrones de los verdes y los rojos que nos recuerda a aquella frase tapatía: “De la calzada para allá…”; un dicho que, aunque desafortunado, asoma una verdad oscura que se va revelando con las cifras de nuestras áreas verdes: nuestra ciudad esta partida por la mitad.

Figura 2. Mapa de áreas verdes urbanas por m2 por habitante en el municipio de Guadalajara.

 Fuente: IIEG, 2009

El centro de una ciudad es un microcosmos que podemos estudiar para ver los sistemas internos que la conforman. En otro estudio realizado por el IIEG, la presencia de arbolado urbano en las calles se traza en un mapa de líneas verdes y rojas. De nuevo, una clara frontera aparece ante nosotros, como un espectro que por primera vez se materializa. Esta vez de sur a norte, dividido por Avenida México, en adición a este y oeste, divididos por Avenida de las Américas. Esto es, Santa Tere contra la Colonia Americana.

Figura. Arbolado en las calles. Fuente: Mapa Jalisco, IIEG, 2022

“Se presenta el mismo patrón en el centro de la ciudad, donde hay mucho arbolado, mismo que disminuye hacia el oriente de la ciudad y se incrementa hacia el poniente,” explica Del Toro. “Clarito se ve que hay una división que corta a Guadalajara entre los rojos y los colores tendiendo al verde”, comenta.

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Plan de ordenamiento

¿o gentrificación legalizada?

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Desde antes del gobierno del Enrique Alfaro, una crisis paralizó al ayuntamiento del municipio Guadalajara: en el periodo de 2010 a 2015, por primera vez en su historia, su población empezó a disminuir mientras las personas optaban por vivir en otros municipios como Tlajomulco, Zapopan y Tlaquepaque [2]. Santiago Ruiz Bastida, director de Información Estadística, Demográfica y Social del IIEG, explica el fenómeno de esta manera: “El reordenamiento que se ha ido dando hace que las fuentes de trabajo estén en los municipios centrales, y esto provoca que la gente se esté yendo a vivir a otros lugares, porque ya es muy caro. Pero la población lo que va a buscar es vivienda más barata, y tú al centro no tienes vivienda más barata, sino que la tienes afuera.”

Con la llegada del gobierno de Enrique Alfaro al gobierno estatal, se puso en marcha el Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano del AMG (POTmet), con la intensión de redensificar el centro de la ciudad.

“Hace como 5 o 7 años, empezó a existir una tendencia donde la recaudación del predial estuvo en crisis por la migración a la periferia”, comentó un exfuncionario, quien previamente estuvo involucrado en el Plan de Ordenamiento y prefirió no ser identificado. En respuesta a esa tendencia, se construyó una estrategia: hacer espacio en el centro, designado para la construcción de nuevas viviendas verticales que atrajeran a inversionistas. Esta fuente asegura también que otro incentivo para el POTmet fue la recaudación de la venta de licencias para construir.

Foto: Alejandra Partida

Esa estrategia para redensificar el centro incentiva su gentrificación, si la entendemos como el proceso por el que una zona empobrecida y deteriorada empieza a ver una renovación que la rehabilita, lo que provoca un desplazamiento de la población original, que es reemplazada por una con un mayor poder adquisitivo [3]. Santiago Ruiz lo pone así: “Tú puedes vivir en un departamento en donde todos pagan un rango de precios, y de repente uno de ellos sube muchísimo. Si este renta más alto, el resto tienden a acercarse hacia ese nuevo precio.”

Uno de los principales proyectos del plan de redensificación es el de “Primer cuadro”, que contempla nuevos desarrollos ubicados en el centro. La mayoría de estos desarrollos no se encuentran a más de dos cuadras de un parque. En la página principal de Primer Cuadro, se promocionan departamentos con un precio inicial de 2.2 millones de pesos. Según datos de Market Data México, el ingreso promedio de un hogar en la Zona Centro de Guadalajara es de 239,506 pesos anuales. Por ende, a una persona promedio que actualmente vive en el centro le tomaría 9.1 años pagar el precio de una de estas nuevas viviendas, suponiendo que invierta el 100% de sus ingresos.

Otro proyecto que actualmente se está desarrollando es “Ciudad creativa digital”, el cual se dedica a la enajenación de los terrenos alrededor del Parque Morelos con la intención utilizarlos para desarrollar viviendas nuevas y sedes para empresas digitales. Este proyecto ha sido apodado como “el Silicon Valley mexicano” pero, ¿en verdad es necesaria la construcción de los más de 355 departamentos que serán concentrados en tres torres alrededor del Parque Morelos? Los vecinos de la zona ya han dado su respuesta: un rotundo no. Los habitantes de esta colonia han alzado la voz en múltiples ocasiones en contra de este proyecto, pero no han sido escuchados.

María Patricia Guadalupe González Paz, presidenta de la Asociación de Vecinos de la colonia El Retiro, asegura: “Este proyecto es única y exclusivamente para ganar dinero. No es por el bienestar de la gente. Esto es el negocio de quienes quieren construir y del gobierno, que los está apoyando. No es bienestar para la ciudad, no es bienestar para los vecinos.” Al contrario, las condiciones de vida para los habitantes que actualmente viven en torno al parque se van a ver afectadas por la llegada de este proyecto. “Ya tenemos problemas con la cantidad de casas habitadas que tenemos. Imagínate cómo vamos a estar cuando lleguen estos departamentos. Aquí ya estamos muy mal en servicios y tenemos problemas de movilidad, que solo van a empeorar cuando lleguen los departamentos.”

Como lo explica González Paz, es claro que el Parque Morelos forma parte de la estrategia de los edificios que están realizando, y esta es la razón por la cual la integridad del parque se ha visto amenazada. “El parque es de la ciudad, aunque ya tenemos tiempo que nos han estado diciendo que se iba a bardar, para que quedara exclusivo para ellos. Entonces, dime: ¿Cuáles son los beneficios de nosotros que tenemos tantos años de vivir aquí? Ninguno.”

Foto: Alejandra Partida

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Plan de ordenamiento

¿o gentrificación legalizada?

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Foto: Alejandra Partida

El sector inmobiliario en Jalisco se posiciona a sí mismo de manera fuerte a nivel global, con un crecimiento en su demanda del 95% del primer cuatrimestre de 2020 al mismo periodo de 2021. Con ese peso económico, las inmobiliarias tienen una gran capacidad para influir en la manera en que se ordena la ciudad.

Las áreas verdes urbanas es la nueva fiebre de oro de los bienes raíces en las ciudades. “Claro, las Áreas Verdes Urbanas aumentan la plusvalía hasta cuatro veces más,” dice el agente inmobiliario Alberto Cornejo.

Podemos ver estas cifras en los rangos de los precios de las colonias que se concentran alrededor de los parques y bosques de la ciudad.  Un mapa del precio promedio de viviendas en venta por colonias del Área Metropolitana de Guadalajara, realizado por el IIEG, revela que junto y alrededor de las áreas verdes principales, el rango de precios de los inmuebles llega hasta las decenas de millones.

Pero el proceso de gentrificación no solo tiene lugar en el centro de Guadalajara. Podemos ver este fenómeno en las centralidades satélites, las cuales se definen como “centralidades externas que se han desarrollado físicamente fuera de la ciudad central, pero manteniendo una dependencia funcional a la misma” [4]. Alrededor del Bosque de la Primavera, por ejemplo, sobresalen las colonias de El Cielo Country Club, en donde la media de precios de casas en venta es de 14,240,000 pesos; El Palomar, en donde la media es de 13,000,000d e pesos; en Ciudad Bugambilias, donde el precio promedio de ventas es de 10,671,376 pesos; así como en el Bosque de San Isidro, donde la colonia Las Cañadas tiene una media de precios de 12,939,960 pesos. En todas estas zonas, la expansión urbana en busca de áreas verdes es la que provoca la deforestación y degradación de las mismas, como hemos visto con los incendios provocados en años recientes en el Bosque de la Primavera.

En las centralidades periféricas también podemos ver que alrededor del Parque Metropolitano son notables las rentas de colonias como Ciudad Granja, en donde la media es de 19,000 pesos mensuales; Arcos de Guadalupe, con una media de 21,250 pesos, así como en la Colonia del Parque, en donde la media es de 17,750 pesos. Bordeando al Área Protegida de Nixticuil, destacan dos colonias: Los Almendrados, donde la media del precio de vivienda es de 4,300,000 pesos, y la colonia Argenta Parque Residencial, en donde la media es de 4,370,000 pesos.

En las centralidades metropolitanas tenemos a la Colonia Americana, donde la renta promedio es de 22,038 pesos, con una media de dos recámaras por vivienda. Alrededor del Bosque Los Colomos, la colonia de Colinas de San Javier del lado de Zapopan, el rango de las rentas llega a los 85,000 pesos mensuales, mientras que en Colinas de San Javier del lado de Guadalajara alcanza hasta los 89,000 pesos mensuales.

En cuando a las centralidades emergentes, las cuales se caracterizan como núcleos de población con altos índices de marginación, tenemos el caso de Tonalá, donde el precio promedio de una vivienda es de 934,552. Sin embargo, en su colonia La Noria, ubicada en la frontera con el Área Natural protegida de la Barranca de Huentitán, el precio promedio por vivienda es de 8,700,000 pesos, una cantidad más de 9 veces mayor.

Figura. Mapa de precio promedio de viviendas en venta por colonia en el AMG. Fuente: IIEG, 2022
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¿Por qué nos deben importar las áreas verdes urbanas?

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Las áreas verdes son vitales para alcanzar una buena calidad de vida. Si tomamos en consideración que en la actualidad, 55% de la población mundial vive en ciudades, y que, de acuerdo con las previsiones, ese porcentaje no va a disminuir en el futuro, es indispensable que abordemos los problemas asociados con el estilo de vida urbano, y la forma en la que las áreas verdes contribuyen al bienestar de las personas, desde su importancia para contrarrestar el sedentarismo—un factor relacionado con una serie de consecuencias negativas como la obesidad, la diabetes y enfermedades cardiovasculares, responsable de cobrar 3.2 millones de vidas al año, según la OMS—hasta su importancia para el desarrollo humano, demostrada por la Mental Health Foundation en un reporte reciente que concluye que la mera presencia de naturaleza alrededor de las personas contribuye a reducir la ansiedad y la depresión y, en general, a mejora la salud mental, puesto que son espacios de convivencia que ayudan a fortalecer el sentimiento de comunidad.

Las áreas verdes urbanas también son pieza clave para mejorar la calidad del aire, por su capacidad para crear microclimas dentro de las ciudades, reduciendo hasta dos grados la temperatura máxima en comparación con calles sin arbolado. Su ausencia, por otra parte, se ve reflejada en altos índices de asma, irritación de garganta, cáncer de pulmón, entre otras enfermedades. No debería de extrañarnos, entonces, que las áreas verdes urbanas jueguen un papel importante en incrementar la expectativa de vida de las personas que tienen acceso a ellas.

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La ciudad inhabitable

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Si permitimos que este proceso siga su curso, el efecto de burbuja inmobiliaria—en el cual los inversionistas apuestan por elevar los precios de las viviendas con el fin de usarlas como modelo de negocio—va a terminar forzando a personas que ya están disfrutando de un acceso a áreas verdes de calidad a ser desplazadas a zonas sin ellas.  “Van a tener que subir los impuestos, y, ¿A quién van a perjudicar? Pues a los que estamos aquí,” dice González Paz.

La vivienda adecuada es un derecho humano fundamental. En nuestra propia constitución está escrito que: “Toda familia tiene derecho a disfrutar de vivienda digna y decorosa” [5], misma que se define como: “[La cual cuente con] los servicios básicos y brinde a sus ocupantes seguridad jurídica en cuanto a su propiedad o legítima posesión, y contemple criterios para la prevención de desastres y la protección física de sus ocupantes ante los elementos naturales potencialmente agresivos.” En todos los puntos, este derecho está siendo violentado por el actual clima económico. Los servicios básicos se están volviendo cada vez más inaccesibles, y de igual modo, a las personas les resultará cada vez más difícil ser propietarias de una vivienda y costearse lo que vale tener acceso a las áreas verdes que puedan funcionar como frontera contra los elementos naturales más agresivos.

Como hemos estado viendo, no es solo la vivienda la que está en riesgo. Siendo un recurso cada vez más limitado, las áreas verdes han estado siendo apropiadas por un solo sector. Este es un patrón que predominará a medida que la expansión humana continúe y se vaya agenciando más territorio que antes les pertenecía a los ecosistemas. De esta forma, un fenómeno se irá haciendo más evidente: la injusticia ambiental. Una dura verdad acerca de nuestra naturaleza humana—con la cual será necesario reconciliarnos—es que, en vez de unirnos en la conservación del ambiente para nuestros descendientes y nuestra comunidad, la escasez solo agrava las dinámicas de desigualdades previamente existentes, y, por consiguiente, quienes menos contribuyen a la crisis ambiental son quienes más van a terminar sufriendo las peores consecuencias de esta. Y al final, solo tendrán acceso a las áreas verdes aquellos que poseen el poder adquisitivo que les permita darse el lujo de pagar las rentas en aumento y la inflación de bienes básicos como la comida y los servicios.

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