Reportajes

La primera regla de Waffle House

Por: Juan Raúl Casal

El tipo del jersey saltó de la barra para golpear al mesero, el mozo respondió con un gancho derecho a la mandíbula del sujeto que quería atacarlo. Dos amigos del agresor rodearon la barra para asistirlo, se encontraron con los compañeros del empleado, tenían los puños arriba. Esto no pasó en una cantina, fue un pleito de Waffle House.

Mucha gente se vuelve violenta en los Waffle House. El menú de esta franquicia de restaurantes de Estados Unidos está integrado por una diversa selección de desayunos: papas, waffles, huevos y cualquier cosa llena de grasa que va a traer alguien de vuelta a la vida en una mañana difícil. Aunque le falta una advertencia acerca del riesgo de chingadazos antes de que llegue el plato de tocino.

Esta cadena originaria del estado de Georgia se ha hecho famosa en los últimos 10 años por sus desayunos estilo sureño; también porque dentro de sus restaurantes ha habido más peleas que en toda la saga de Rocky. Primero se creía que las riñas de Waffle House se debían a que muchas personas suelen ir borrachas a comer algo grasoso antes de irse a casa; el lugar está abierto las 24 horas; su menú son fotos, para que el cliente de madrugada pueda apuntar a lo que quiere, en caso de que hablar no sea una opción. Esa hipótesis tuvo que ser descartada cuando salieron a la luz videos de gente sobria y los empleados del establecimiento golpeándose a plena luz del día.

Jean-Jacques Rousseau, filósofo suizo que estudió con detenimiento el contrato social al igual que muchos otros de la Ilustración, desarrolló la teoría del buen salvaje, que postula que los individuos nacen libres y buenos, pero son envenenados por el sistema o el espacio en donde se desarrollan. Es su manera de explicar que detrás de un acto de violencia hay un conjunto de circunstancias que orillan a las personas a actuar de esa forma. Son dos de tres caídas, el límite de tiempo es lo que tardan en hacerte de desayunar.

El video que hizo viral este fenómeno gastronómico-violento (de cuando Vine todavía existía) es un ejemplo de lo que decía Rousseau: un joven pide waffles mientras que dos empleados intercambian golpes junto a la parrilla. A este chico y al resto de las personas que van hambrientas a Waffle House no les queda otra opción más que entrar a un entorno agresivo y de degradación del espíritu humano para comer un plato de papas hashbrown.

De 2018 a 2020, seis de las peleas en esta cadena de restaurantes llegaron a medios internacionales como Fox News y The Daily Mail. Dos son de empleados que pelean por la organización del horario o por algún asunto relacionado con la parrilla; otras dos son de clientes que boxean cerca de una de las mesas o en la entrada por razones desconocidas; y los últimos dos son de cocineros que luchan contra un comensal porque el platillo no quedó como lo pidieron o por un boleto de estacionamiento que alguien no pagó. A veces sacan cuchillos.

En el estudio “Spontaneous giving and calculated greed”, elaborado por investigadores de Harvard y Yale, se habla de cómo una persona actúa de forma desinteresada cuando no tiene mucho tiempo para tomar una decisión; cuando a los sujetos se les dio más tiempo para reflexionar, sus resoluciones los favorecían a ellos mismos en lugar de a todo el grupo. Los primeros 10 segundos son el tiempo en el que la gente está dispuesta a colaborar antes que ver por su beneficio propio. La semilla de bondad está ahí.

Esto comprueba cómo los seres humanos son buenos por naturaleza; las circunstancias son las que los corrompen. Una persona puede ir a comer wafles sin ningún plan de agredir a nadie, hasta que entra a un lugar en el que los puñetazos se sirven con la misma frecuencia que un huevo frito. No hay rounds ni réferi, solo comida y madrazos.

La primera regla de Waffle House: no hablar de las peleas de Waffle House.

A simple vista este lugar parece un refugio para el alcoholizado, un buen sitio donde comer algo que no quiere aparentar ser comida de lujo. Si se ve más de cerca, también es donde todo duele y donde la vileza alcanzó a la comida más importante de día. Espero que este restaurante, al igual que las personas, sea bueno en esencia. La evidencia dice todo lo contrario. Aquí, como en Fight Club: los nuevos pelean primero.

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