En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | Los tiros del jarabe tapatío (2) | por Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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Segunda parte: Los tiros del jarabe tapatío 

Según Jean Meyer, en un artículo publicado en la revista Tzintzun (2016), a mediados de marzo de 1926 el gobierno de México ya había expulsado del territorio 202 sacerdotes extranjeros, además estaban clausurados 83 conventos y 118 colegios católicos.  

El 31 de julio del mismo año entró en vigor la ley reglamentaria del artículo 130 constitucional, la ley Calles como se le conoció popularmente. Durante este mes y conducidos por el Comité Episcopal, los obispos mexicanos trataron de zanjar sus divisiones para hacer frente al embate anticlerical. En una reunión del 11 de julio, entre cinco arzobispos y cuatro obispos, se acordó ser intransigentes, según versión del jesuita Luis Vega, citado por Meyer. 

“La mayoría aprobó tres decisiones que aparecerían redactadas en la carta pastoral colectiva del 25 de julio: 1) no se admitía el registro de los sacerdotes ante el gobierno civil; 2) se suspenderían los cultos en todas las iglesias del país el día 1 de agosto, y 3) se informaría a la Santa Sede sobre esas resoluciones, con la provisión de que el silencio de Roma sería considerado como una aprobación implícita”. 

El periódico El Informador, en su edición del sábado 31 de julio, anunció en su primera plana: “Ayer fueron entregados todos los templos católicos de esta ciudad a particulares”, de acuerdo con la “pastoral de los prelados del país”, sin registrarse desórdenes. Sin embargo, al día siguiente, en la edición del domingo primero de agosto, informó de “un sangriento zafarrancho en las afueras de la Capilla de Jesús”. 

El martes 3, por la noche, se dio otro “sangriento” choque, ahora en el Santuario de Guadalupe, entre tropas federales y fieles que resguardaban la iglesia. El miércoles 4 por la mañanael ejército desalojó el recinto, se detuvieron a “cerca de cuatrocientos hombres”. 

El primero de abril de 1927 fue aprendido y fusilado Anacleto González Flores, junto con dos hermanos Vargas González. El maistro Cleto, como se le conocía popularmente, catequista nato, fue mano derecha del arzobispo Orozco y Jiménez, fundador de la Unión Popular y jefe de la resistencia católica en Jalisco. 

A mediados de 1929, tras un año de andar echando bala, José de Jesús Padilla Martínez dejó el cerro para ir al rescate de dos de sus hermanas, condenadas al destierro en Estados Unidos, tras ser juzgadas como brigadistas santa Juana de Arco. Provenientede Eagle Pass, Texas, el tren llegó a Yurécuaro y ahí se encontraron con muchos combatientes, con mucho cristero, amnistiándose, pues ya se habían firmado los arreglos entre el gobierno y el episcopado. Él no entregó su arma, no se rindió, y calladito, se guardó en su casa de Liceo, en el centro de Guadalajara. 

“[…] ¿por qué no se nos preguntó si queríamos rendirnos? −reflexiona Padilla−, yo creo que ahí me nació una especie de resentimiento […] hacia los obispos, el señor ese, Ruíz y Flores, y el otro, Díaz. Si nosotros andábamos luchando precisamente por ellos, andábamos luchando porque prácticamente el desgraciado de Calles nos dejó sin templos, y entonces naturalmente que al defender los templos, al defender nuestra religión, pues defendíamos lógicamente a los sacerdotes”. 

En 1935 volvió a la refriega en la llamada “segunda”, también con el general Rocha; regresó herido al terruño, se repuso y vamos otra vez a las andadas, hasta la derrota. Salvó el pellejo.  

Murió el 7 de febrero de 1997, a los 84 años. 

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