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MariCarmen Lancaster: flores para interrumpir diálogos mentales

Para Maricarmen Lancaster el arte urbano no tiene por qué gustarle a la gente. Más que impresionar a algún peatón por el valor estético o simbólico de su trabajo, el objetivo de sus murales es interrumpir diálogos mentales.

Una persona va de regreso a su casa, se baja del camión cargando tres bolsas de mercado en una mano y va pensando: “Tengo que regar mis plantas y pagar tal cuenta, invitar a una amiga a cenar, ya casi no la he visto…”. De repente se topa con un mural. No es necesario que lo entienda o lo admire, pero a Maricarmen le gustaría pensar que el arte urbano le crea cuestionamientos a esa persona, le da pie a problematizar.

De cierta forma el arte siempre interrumpió sus diálogos mentales. Maricarmen fue maestra de ciencias sociales en la prepa UVM. Lo odiaba. Vestida de traje, rodeada de “chavos prepotentes”, cuidando su lenguaje y apariencia, transcurrieron siete años. Entonces decidió probar su suerte y enseñarle sus dibujos a una amiga suya en la Cámara de Comercio. Para Navidad, por fin estaba pintando un regalo enorme para el gobierno.

“Un día dije: voy a dedicarme al arte un año y aunque chille le voy a echar todas las ganas del mundo. Sí chillé unas dos veces”. Así Maricarmen renunció a su trabajo y se volcó de lleno al mundo artístico. Se dio cuenta de que siendo artista tenía la libertad de ser quien era. Ese año se convirtió en otro y en otro.

Un momento que marcó su carrera fue cuando empezó su serie de murales “Flores que no la marchitan”. La invitaron a dar un taller en Tlaquepaque para mujeres que sufrían violencia doméstica. Maricarmen tenía que enseñarles a las participantes a pintar su flor favorita, que representaba sanación y resistencia. Escuchar las historias y los llantos de todas ellas fue crucial para decidirse a pintar sobre su lucha.

Regados por la ciudad ha dejado murales de flores. Siempre diferentes. Siempre en blanco y negro. Representan lemas como “Ni una menos”, pero también la admiración que siente por sus abuelas y el reconocimiento por las mujeres que luchan contra el cáncer de mama. El mural que pintó en una columna de la Línea 3, que está sobre Ávila Camacho, cerca del Instituto de Ciencias, es uno más de ellos. Maricarmen estaba impactada por la cantidad de mujeres que sufrían de violencia doméstica, incrementada por la cuarentena. Decidió pintar una reja con mala hierba y flores. Mientras que la reja representa el encierro al que están sometidas, las flores simbolizan a cada mujer que resiste, y como mala hierba es resiliente.

Aunque no solo pinta sobre causas feministas, todo lo que pinta es social. Duda que alguna pintura no sea social. Ella es autora de la serie de murales “Todo va a estar bien”, pintados sobre amarillo. Se le ocurrió la idea en plena crisis. Cuando la pandemia llegó a México se cancelaron todos sus proyectos y en cuestión de un mes ya estaba en ceros, apenas tenía el dinero para ir al súper. Con el estrés y el tiempo encima decidió que era buena idea intentar transmitir lo que es un apretón en el hombro cuando las cosas van mal. Un abrazo visual. Así empezó una serie de 33 murales que están en diferentes zonas de la ciudad

Maricarmen Lancaster vive del arte. Se dedica a pintar desde hace siete años. Siete años de interrumpir diálogos mentales.

Tere de Alba
Estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

1 Comment

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