Pensar en cómo recuperarse tras acontecimientos inesperados o dolorosos es tan agobiante como las pérdidas económicas y humanas de la pandemia, y el año 2020 nos hizo buscar nuevas formas para estar mejor; la musicoterapia es un método alternativo y personalizable para enseñar a nuestra mente a hablar de las vivencias y emociones más recónditas

Reportajes

Musicoterapia, una aliada del lenguaje emocional

BIENESTAR Y AUTOCUIDADO

En 2019, Reneé atravesó su primera ruptura amorosa. Para pasar la hoja, se acogió espontáneamente en la catarsis con la ayuda de la música. Con ella, provocaba el flagelo al escuchar canciones de desamor, canciones que le recordaran a quien en ese entonces era su novio.

Ella tiene 23 años y es estudiante de psicología. Utilizar la música para intensificar sus emociones y dejarse sentir la tristeza por medio de ella se convirtió en la manera de vivir su duelo y entender lo que le ocurría.

Meses después conoció en un curso la musicoterapia, una rama de la psicoterapia cognitiva que utiliza la música y sus elementos, como el sonido, el ritmo y la melodía, para facilitar la comunicación, el aprendizaje y la expresión dentro de la terapia cognitiva consciente.

Luego me acuerdo que tomé el curso y ahí hizo clic. porque nos preguntaron cómo utilizamos la música nosotros. Entendí que yo la uso para intensificar mis emociones”.

Reneé suele ser evasiva con sus emociones, por lo que contactar con su dolor no resultó algo sencillo. Aunque escuchar canciones de desamor le era algo normal, detrás de ello se manifestó una alerta biológica en la que el único objetivo de la mente es mantenernos a salvo.

En el panorama global, la OMS le tomó el pulso a los servicios de salud mental durante el 2020 en su evaluación El impacto de la Covid 19 en servicios de salud mental, neurológica y de abuso de sustancias”. El análisis reporta que, en 130 países alrededor de los cinco continentes, los servicios públicos y comunitarios para asistir los problemas de salud mental quedaron parcial o totalmente paralizados.

Servicios de atención mental en escuelas para niños y adolescentes, en empresas, salas de intervención neurológica y espacios psicoterapéuticos. En este último caso, 55% de los servicios quedaron interrumpidos parcialmente y 10%, detenidos por completo.

Tan solo en México, durante la víspera navideña doblamos la proporción de ansiolíticos y antidepresivos que consumíamos: estos medicamentos representaban 15% de las prescripciones médicas en el país; ahora corresponden a 30% y así se mantuvieron hasta febrero de 2021, según la Asociación Nacional de Farmacias de México.

Pensar en cómo recuperarse ante acontecimientos inesperados, amargos o dolorosos resulta algo tan agobiante como las pérdidas económicas y humanas de la pandemia, que alimentan nuestros miedos más profundos. Aquí, la música se nos presenta como un enfoque psicoterapéutico asequible, estemos solos o en grupo, para observar desde dentro lo que nos pasa.

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El lofi, una escapatoria temporal

El lofi (corriente de producción cuyo nombre proviene de la expresión low fidelity o baja fidelidad) es la nostalgia hecha género musical plasmada en miles de playlists en Youtube. Aparecen con títulos como “beats para relajarte y estudiar”, “calma tu ansiedad”, “caminas en un barrio de Osaka, Japón, mientras llueve” o “Tu familia está durmiendo y estás jugando a Minecraft en una noche de verano del 2012”.

Estos contenidos se han convertido en confesionarios populares del sentir de personas de varias generaciones que, atribuladas por los problemas de la vida diaria en las relaciones, la escuela o el trabajo, encuentran escapatoria a un lugar seguro construido por un pasado que era menos acelerado. El músico y youtuber Jaime Altozano compartió uno de esos comentarios, que ilustra bien este sentimiento millennial:

“Como en este (video), Just wanna stay here forever, donde el primer comentario dice: soy un abogado con muchísima ansiedad social que la esconde extremadamente bien. La cuarentena está siendo el mejor momento de mi vida y después voy a intentar cambiar de profesión; cuidaos todos”.

Las primeras listas fueron creadas por 2016, pero muchos otros videos de mil y una temáticas diferentes se han subido a la red. Sus visualizaciones se han disparado desde el año pasado, cuando comenzó el aislamiento en el mundo.

La utilización popular de este género podría ser lo más cercano a la musicoterapia. Pero, mientras el lofi resulta un alivio temporal frente a los problemas de la humanidad más joven, la musicoterapia requiere una disrupción consciente y procesual de las creencias que integran nuestra identidad, nuestras vivencias y conflictos propios.

A diferencia del lofi, el propósito de la musicoterapia es que, quien toque una canción, cante o escuche una melodía, pueda relajarse y al mismo tiempo profundizar en vivencias o estados emocionales distantes de forma voluntaria. Es una llave para acceder a patrones de pensamiento y recuerdos que han sido bloqueados por los complejos mecanismos de defensa del cerebro.

“Depende de la música que utilices, claro, pero sí puede conectar con historias de vida, con momentos pasados donde nos sentíamos mejor; da esperanza, pero depende de la música. Además, puede sacarte de esos pensamientos repetitivos”, dice Lorena López, musicoterapeuta por el Instituto Mexicano de Musicoterapia Humanista.

 

¿Quiénes podrían tomar musicoterapia?

Una sesión de musicoterapia individual puede costar entre 300 y 400 pesos aproximadamente. Para un taller en grupo, el precio puede variar por el tipo de público, el número de participantes y el tiempo. Para una empresa, el precio puede ir desde 1,200 a 1,800 pesos en un taller de 16 horas.

No cualquiera está calificado para indicar un proceso musicoterapéutico. La música y las emociones son armas de doble filo capaces de trabajar las emociones a niveles muy profundos y, como tales, deben canalizarse con cautela en compañía de un profesional.

Es necesario que la persona tenga un entrenamiento específico y que tenga conocimientos sobre la salud emocional y su modo de expresión, para que no se recreen las heridas del paciente, explica Sandra Fajardo, egresada de psicología por ITESO y especialista en musicoterapia por el Instituto Mexicano de Musicoterapia Humanista, en Ciudad de México.

Según Sandra, la musicoterapia puede dirigirse a cualquier persona que quiera trabajar desde otro lugar que no sea especialmente la palabra. “Para poder conectar con emociones, convivencias, con recuerdos de una manera muy distinta que no es el lenguaje, que se entiende en la corteza frontal (del cerebro)”.

Por otro lado, entre más canales sensoriales utilicemos, como sucedería al poner atención a una melodía, almacenamos más información y recordamos mejor las cosas, puntualiza el médico neurocirujano Rodrigo Ramos.

Ilustraciones: Paula Guzmán.

De vuelta al presente

Sofía López, estudiante de danza contemporánea en la Universidad de Guadalajara, habla de su experiencia que ha tenido con la música y cómo ha controlado su depresión con ella.

Justo creo que la guitarra me salvó de mi depresión pandémica. Estoy segura de que agarrar el nuevo hobbie me salvó, porque es terapéutico de una forma mucho más profunda”.

Desde que era niña ha sido artística. Creció al lado de la música creándola, interpretándola y bailándola. Sus papás le regalaron una guitarra eléctrica una Navidad, cuando tenía once años, pero, al darse cuenta de que debía tomar clases, y que quería ser realmente buena, la mejor guitarrista que hubiera existido, la abandonó.

“Realmente es un compromiso, porque creo que, si no me comprometo, es difícil que un hobbie me haga estar mejor o más feliz”.

Ahora, con 21 años, cuenta que cuando comenzó el aislamiento social empezó a manifestar síntomas de depresión. Entró en un círculo vicioso en donde tenía días parcialmente felices, hasta que se convirtieron en días automáticos.

Días adormecidos.

Decidió volver a apuntar hacia las cuerdas cuando en las pasadas vísperas navideñas recibió dinero y comenzó a buscar ukeleles y guitarras en Amazon. Cuando su mejor amiga, Andrea, se enteró de su búsqueda, ella misma le obsequió a Sofía una guitarra. Fue también una forma de salir del hoyo en el que estaba.

“En algún momento yo sabía que iba a tocarla. A lo mejor a los 30 años o a los 40, porque siento que de pronto son sueños frustrados, que es difícil de encontrar el tiempo y los recursos para lograrlos cuando estás enfocado en otras cosas que ya elegiste, que ya son tu día a día”.

Sofía dice que hay gente a la que le alcanza el agradecimiento para seguir en la pandemia, pero éste no era su caso.

“A mucha gente le sirve agradecer y enfocarse en el presente, el decir yo estoy aquí, yo estoy a salvo. No he perdido ningún familiar por covid; estamos bien, juntos y tenemos salud.

“A mucha gente, agradecer y valorar le alcanza para seguir adelante, para seguir bien, para bloquear malos pensamientos en su cabeza. Y eso está padrísimo, pero hay gente a la que no nos alcanza, y creo que yo soy una de esas personas. Agradezco y valoro muchísimo que mi familia esté completa, pero aun así no puedo dejar de sufrir exponencialmente por estar encerrada.

“A todos los jóvenes les dio como esta crisis en algún momento de la cuarentena; el pensar ‘ya perdí tanto tiempo de mi vida. ¿Cuánto tiempo más falta?’.

“Y piensas en tu carrera, cuándo te vas a graduar o los viajes pospuestos. Se se van sumando pequeñas cosas que se perdieron y se va generando una ansiedad gigante sobre el tiempo, y el futuro y una incertidumbre, hasta un punto donde yo, muy extremista y dramática, me dije a mí misma que perdí 10 años de mi vida con esto”.

Pero con la guitarra, y con cada sesión, Sofía ha podido anclarse al presente. Sofía, con la música en pandemia, descubrió que nació para ser guitarrista.

      CRÉDITOS
  • Producción: Ximena Torres
  • Reporteo: Brince Tapia y Aída Aguilar y Carolina Martínez
  • Guion y edición: Fátima Herrera y Dulce Figueroa
  • Ilustración: Paula Guzmán
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