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No hay muerto feo, hay muerto pobre

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Carlos Hernández tuvo un día ocupado. Le llegaron 40 muertos al laboratorio donde trabaja, en Guadalajara. Carlos es un embalsamador con experiencia. Su labor es dejar a los muertos como si estuvieran vivos. Siempre tiene chamba, durante el 2019 murieron 7.8 personas al día en Jalisco según el INEGI.

No hay muerto feo, hay muerto pobre. Un embalsamado en el paquete básico de IMSS cuesta 2 mil 600 pesos, afirma Gustavo González, administrador del velatorio número ocho del IMSS en Guadalajara. Si se le quiere hacer algo extra a la persona muerta como una reconstrucción facial, representa gastos adicionales.

Los funerales son para los vivos. Desde el antiguo Egipto, la gente prepara a los cadáveres antes de enterrarlos o incinerarlos, explica Dora Flores, administradora de la casa funeraria Latinoamericana. Dora lo platica en un escenario de personas de vestidas negro y ojos rojos de llanto. En los cuartos de su “oficina”, unas personas le lloran a un ataúd de caoba, y otras a uno de pino. Sí, en estos momentos también se nota quién gastó más dinero para la ocasión.

La muerte es una escena o una función desde que alguien fallece hasta que lo entierran o incineran. Es una puesta en escena para los vivos que lo despiden, afirma el artículo Cuerpo, velatorio y performance, de la académica Laura Marina Panizo del Instituto de los Altos Estudios Sociales en Buenos Aires, Argentina, publicado en 2012. Esta ceremonia incluye el ritual de preparación de un cuerpo para la ceremonia a la que asiste la gente que lo conoció en vida. El acenso al cielo no es el único pretexto para este espectáculo, que puede ser bueno, malo o regular. Todo depende de la cartera de los deudos.

La muerte es un performance (interpretación). Y es un negocio, concuerdan varios que trabajan en la industria funeraria. Nada más para embalsamar un cuerpo, la cartera debe tener un mínimo de dos mil pesos. Pero, en Guadalajara, hay carteras que destinan hasta siete mil y eso no es mucho si se toma en cuenta que en Estados Unidos el precio va desde los 700 hasta los 1200 dólares.

Cuando una persona muere, sus amigos o familiares contactan a una funeraria. Esta los lleva a un laboratorio para que embalsamen y maquillen al cadáver. En la mesa del laboratorio, el muertero inyecta a la persona fallecida en la arteria femoral — que está en la pierna izquierda — para sacarle un tercio de la sangre y remplazarla con formol.

El 60% del cuerpo humano adulto es agua, cuando una persona muere hay que remplazar una buena cantidad de fluidos con lo que llaman la inyección arterial de conservación, formol para los que no son conocedores del oficio. Esto tiene como fin evitar que el cuerpo se encoja o se arrugue, para que lo puedan transportar a otro lugar o se parezca a la persona que fue en vida.

Cuando el formol empieza a correr por las venas del difunto, el embalsamador masajea su cuerpo para desprender los coágulos que se forman a las pocas horas del deceso. Su masaje de despedida. “Con que saques tres litros de sangre, el cadáver queda presentable”, dice Javier Sainz como si recordara a los muertos que arregló para sus seres queridos.

Para practicar este oficio, la gente pálida que alguna vez estuvo viva se vuelve parte de su rutina diaria. “Uno aprende con cuerpos de todo tipo y de todas formas, hasta algunos putrefactos”, cuenta Javier Sainz con su voz que en una cafetería o un banco sonaría grave nada más, pero por su oficio su tono parece de ultratumba. También declara que este oficio no es nada más convivir con muertos todo el día.

Casi todos los que se dedican a esto aprendieron haciéndolo, para ser embalsamador hay que ser bueno para la ciencia: biología, para poder tratar un cuerpo en general; física, porque el formol se inyecta con una bomba y hay que regular la presión según el tiempo que lleve muerta la persona para que no estalle un vena o una arteria; matemáticas, ya que siempre hay que sacar la proporción de sangre y formol precisa para que el cadáver no se arrugue o se hinchen.

El sentido común es uno de los mejores amigos del embalsamador: cuando una persona fallecida tiene varios orificios de bala, tal vez no es la mejor idea poner la bomba de formol al máximo. Durante el 2019 el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) hizo 1549 autopsias a muertos por heridas de bala. También hay que tomar en cuenta cuándo va a ser la ceremonia de ataúd abierto, porque el maquillaje no es diferente al que usan los vivos; después de algunas horas la piel lo absorbe y el ocupante del cajón vuelve a su palidez natural. Algunos deudos le llevan al muertero el maquillaje que quieren que use en su persona fallecida.

El tipo de maquillaje que se usa en un difunto depende de una sola cosa y eso es lo que los deudos están dispuestos a pagar. Teniendo en mente que los cosméticos son casi iguales para vivos que para los muertos, no es lo mismo pagar por un producto MAC que por una marca similar. Todo el funeral es un show, la utilería y misceláneos cuestan.

Hay quienes no quieren que su cuerpo reciba ningún tratamiento una vez que mueren. Pedro Treviño no quiso ser velado ni lo embalsamado, su familia se despidió de su cadáver desnudo sobre la mesa de la morgue del hospital donde falleció, luego fue cremado. Cuando Pedro tomó esta decisión antes de morir, puede que no haya considerado el impacto que su ceremonia poco ortodoxa tuvo para su familia. A final de cuentas, el ritual de la velación y entierro es para que los deudos se puedan despedir y cuando alguien ignora esta formalidad, puede ser impactante para los vivos.

No importa qué maquillaje se use para dar color al muerto, a qué presión le inyecten el formol o con qué ropa y en qué tipo de ataúd lo entierren. Su causa de muerte tampoco importa. Al final a todos los tratan igual: Una persona sostiene la cabeza y otra los pies antes de meter el cuerpo a un horno o a una caja, todo lo demás es vanidad.

Fotoreportaje

Reportaje realizado por:
Juan Raúl Casal Cortés

 

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