¿Búscas algo?

Ojalá estén bien

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Las ventanas están cerradas. Afuera huele horrible. Dentro de la casa, Celia puede evitar los olores que vienen del río que corre a cinco metros de su cochera, pero invariablemente tendrá que salir para regar sus plantas, visitar a sus vecinas y quejarse otra vez con la Tratadora de Agua porque un aroma fétido la está envenenando.

Hace doce años las cosas no se veían así, cuando Celia y su esposo compraron esta casa. En el 2010, agentes inmobiliarios llevaron a sus prospectos a conocer el fraccionamiento La Perla, a tan sólo unos metros del río. Parecía un lugar bueno para vivir: no tenía basura alrededor y el aire era fresco. La pareja decidió comprar la casa.

En una de sus primeras noches en La Perla, un fuerte olor los despertó. Era tan insoportable que no podían descansar. En ese instante la esperanza de tener una propiedad se convirtió en una pesadilla, cuando el extraño aire contaminado entró por sus ventanas. Luego supieron que el fraccionamiento no cuenta con drenaje y que todos los residuos van directo al río, justo enfrente de donde habitan. “Nos engañaron, ¿de dónde viene ese olor? Esa tratadora nueva no trata nada», reprocha Celia.

Espuma tóxica en arroyo de El Ahogado

Es época de lluvias y en el paisaje de La Perla sobresale una espuma blanca proveniente de una acumulación masiva de contaminantes en las aguas del Río Santiago. El viento fétido es imparable y revuela por los patios y jardines del vecindario. La espuma tiene una consistencia semejante a la nieve, esponjosa, de un color que no parece propio de algo contaminado; sin embargo, es pura mugre, y extermina casi toda la vida acuática del río. En las aguas, además, crece una vegetación de lirios, una maleza que se multiplica y pone en peligro la poca flora y fauna que resiste en este ecosistema.

Lirio acuático en arroyo de El Ahogado, Jalisco, México

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A pesar de la contaminación, se pueden observar algunos peces nadando entre las aguas cafés y los lirios; a pesar de la contaminación, los niños del vecindario salen a pescar y llevan a casa un balde de comida que incluye vertidos industriales y gases tóxicos. A pesar de la contaminación, la vida sigue. Muchos no se dan cuenta de la gravedad de la situación. “Ojalá estén bien, porque ya no se sabe de ellos. Se mudaron hace unos años. Aquí casi todos se terminan yendo”, confiesa Celia.

Insuficiencia renal, problemas en los pulmones, cáncer, una peculiar tos constante: estos son algunos de los padecimientos de los pobladores de la zona. Se quejan, se quejan y se quejan: “por favor echen sus químicos para disminuir este asqueroso olor porque nos estamos ahogando”, reclaman, sin obtener una respuesta contundente.

Una vecina nueva llega a La Perla. Tiene una hija recién nacida. Desde el primer día viviendo ahí, la tos de la bebé no para. La doctora le advierte: si no se mudan, se morirán. Tuvieron que irse a un cuartito del otro lado de la ciudad porque todavía tienen que terminar de pagar este techo en el que apenas estuvieron unos meses. Ojalá estén bien. “Por lo menos no están oliendo este cochinero”, me dice Celia.

Agua del Río Santiago y contaminación de las áreas verdes. Jalisco, México.

 

Antes de las elecciones estatales de Jalisco en el 2018, Enrique Alfaro visitó el fraccionamiento La Perla y les prometió a sus habitantes ayudarlos a mejorar su calidad de vida. Ganó; a ellos les convenía. Pero los dejaron abandonados. La que les fincó este terreno se desapareció, dejando casas sin terminar, sin bardas ni drenaje. Funcionarios del ayuntamiento les prometieron cerrar una calle por “seguridad perimetral”, pero sigue sin haber muro que contenga  oloroso paisaje.

 En 2020 inició el proyecto Revivamos Río Santiago, impulsado por La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el Plan Estatal de Atención a las Medidas Cautelares 708-19. Ocasionalmente alguna autoridad realiza investigaciones del río donde murió hace catorce años Miguel Ángel López Rocha debido a una intoxicación aguda por arsénico después de haber caído en estas aguas contaminadas. Desde los cuatro años que Alfaro es gobernador, se ha presentado una sola vez, asegurando que comenzarán obras por mil millones de pesos que complementarán el sistema de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales al 100 por ciento para sanear las aguas en un año. Se recaba información acerca de cómo afecta a la salud de los seres humanos vivir ahí, su experiencia habitando cerca del Río Santiago, su opinión de la tratadora… y eso es todo, el olor sigue ahí.

El apoyo de los habitantes de las zonas aledañas es poco. Muchos incendian vegetación y tiran basura; los pepenadores, en su trabajo de recolección, rompen bolsas de basura, de modo que parte de los residuos terminan en las aguas del río. Por eso la señora Celia compró una podadora y ahora corta el pasto muy cortito, porque así va a ser más difícil que su árbol termine quemado en algún incendio provocado. También le pidió ayuda al gobierno para sembrar más árboles. Le prometieron que iban a construir un jardín botánico, poner plantas medicinales, árboles frutales… “ojalá el agua de este río se viera igual de brillante que la cabeza del gobernador”, comenta Celia con picardía.

Celia recuerda que hace unos meses, un equipo de periodistas la entrevistó. Desde ese día, el olor ha disminuido. En el video aparecen ella y sus vecinos hablando sobre cómo es su vida en La Perla. Ella sabe que se transmitió en televisión y redes sociales. “Ahora sí tiran sus químicos seguido”, dice. Aunque los productos artificiales sí disminuyen la espuma blanca, cualquiera que no viva en la zona de La Perla opinaría que este olor es anormal. Es extremadamente fétido y da la sensación de que te encuentras dentro de una burbuja tóxica.

Plantas de tratamiento a un costado del Río Santiago. Jalisco, México.

Quizá uno termina por acostumbrarse. Yo no pude hacerlo. Los ojos me ardían y me tocaba mucho la nariz, como si tuviera alergias. Nunca imaginé que el olor iba a ser tan potente. Lo más extraño es que los químicos que tiran en las aguas residuales ayudan a que el tufo se neutralice, pero sabes que estás respirando un coctel de químicos y basura.

El olor es ácido.

Las personas olemos gracias a una región en el fondo de nuestra nariz llamada epitelio olfativo; tiene una capa de células receptoras olfativas y de neuronas especiales que perciben los aromas. El cerebro tiene cuarenta millones de neuronas receptoras olfativas diferentes, así que un olor puede desencadenar la reacción de millones de neuronas específicas, mientras que otro puede activar otras; estas combinaciones permiten que detectemos una amplia gama de aromas. Una vez que reciben un estímulo, la señal viaja a través del tracto olfativo a destinos en todo el cerebro, haciendo paradas en la amígdala, el tálamo y el neocórtex. Estas estructuras del sistema límbico están relacionadas con el procesamiento de nuestras emociones, el envío de mensajes desde los órganos sensoriales y con el control de las capacidades cognitivas. Decir que el olor es “ácido” es decir que ese olor viaja y nos deja esa sensación incómoda y desagradable. Quizá por eso Celia me contó que antes de que el agua contaminada del río tuviera químicos para calmar el fuerte olor, ella no tenía ganas de comer.  También entiendo por qué al llegar a mi casa tenía una sensación incómoda hacía todos los productos que se encontraban en mi baño: el jabón de cara parecía combinarse con un olor del río, el shampoo me puso a cuestionarme las cientos de veces que juré olía rico; el desodorante no parecía tener aceites esenciales ni aroma a coco. Pasaron semanas y me deshice de algunos productos de higiene. Me cuestioné sobre los olores que me rodean: “¿Cuáles son “normales”?

***

Los trabajadores de la planta “El Ahogado” saben que las aguas negras y los productos químicos se acumula al interior de los tanques de la tratadora de agua hasta formar una capa de mugre. Por eso durante el día se escucha un sonido como si soplaran: ese es el ruido que se produce cuando los tanques se limpian por dentro. Desde afuera solo se ve que sale un ligero polvo, mientras que los residentes de “La Perla” parecen estar ahogándose a cada momento.

Espuma tóxica proveniente de la tratadora “El Ahogado”, Jalisco, México.

Uno de los hijos de Celia trabajó en la planta tratadora. Ella cuenta que las medidas de protección eran casi nulas: solo le dieron un traje de plástico para cubrirse el cuerpo y ni siquiera le proporcionaron algo para la cara, que estaba siempre expuesta, dejándolos desprotegidos ante las sustancias tóxicas. Varios de los empleados de la compañía tienen que revisar la espuma tóxica cuando se desborda, por lo que caminan como entre nubes podridas. En esos casos hay que verificar de dónde surge, si es que está tapada una tubería, o bien encontrar cuál es el problema para resolverlo. Sin el equipo necesario, muchos renuncian a este trabajo. “Mejor ser albañil, comerciante, o lo que sea, con tal de alejarse un rato de “La Perla”.

Ojalá estén bien. Aunque el daño ya está hecho.

***

En la serie de Chernobyl se muestra cómo ante una emergencia, las personas de la ciudad deben abandonarla una vez que se ha vuelto inhabitable. Esto pasa hasta que ocurre el accidente. “Yo creo que eso es lo que están esperando, que ocurra algo peor”, suspira Celia. Si fuera por su voluntad, se hubiera ido apenas la despertó ese primer olor, pero todavía le quedan dieciocho años para pagar su casa. “¿A dónde va uno si no hay dinero? Las cosas no son así de fáciles. Si los vecinos tienen la oportunidad de largarse, que se vayan: esto es una bomba de tiempo”.

Recientemente El Comité Ciudadano de Defensa Ambiental de El Salto Jalisco, recabó firmas de los habitantes del fraccionamiento La Perla para solicitar que los reubiquen. “¿Quién nos va a reubicar? A nadie le importamos”, dice Celia, y se despide desde su verde y pequeña cochera. Al final, con una gran sonrisa, me pide que observe a un costado suyo: ya está creciendo el árbol de mango que plantó. Sigue siendo un arbolito, pero desde que lo movió del terreno que da al Río Santiago, está creciendo.

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