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Pecarí de collar: el cerdo montés de los suburbios

Por: Juan Raúl Casal

Este es un vecino que mucha gente de los suburbios no imaginó tener cuando llegaron al bosque: el pecarí de collar. Este puerquito de 20 kilos es un mamífero que está disperso en América tropical y subtropical, o sea desde el sudoeste de Estados Unidos hasta el norte de Argentina. Puede ser visto en casi toda la república mexicana, no importa si es la playa o un jardín en las afueras de Jalisco.

El Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) crece cada vez más. Entre más casas se construyan casas en el bosque a las afueras de la ciudad, los encuentros entre pecarís de collar y gente que sale a correr en las tardes serán cada vez más comunes. Mide 50 cm de ancho, y de 70 a 110 cm de largo. Es más grande que muchos de los perros que acompañan a dichos corredores.

Antes de que a alguien se le ocurra sacar la escopeta al ver uno, es importante saber que no suelen atacar a la gente a menos de que se sientan amenazados. Muchas personas se comportan de esta misma forma y no salen en Animal Planet. El fotógrafo de vida silvestre Jesús “Chuy” Moreno ha tenido varios encuentros con estos pecarís.

En un recorrido cerca de Pinar de La Venta que organizó con algunos de sus alumnos de fotografía se toparon con ellos. “Una chava del grupo dijo que nos venían siguiendo, era un grupo de cuatro o cinco pecarís.”, cuenta Chuy. Tuvieron que hacerse a un lado esperar a que los cerdos monteses estuvieran delante de ellos. “Ellos tienen preferencia de paso” dice entre risas.

Fuera de los sobresaltos que este animalito pueda causarle a los suburbanos incautos, a Chuy le parece importante recordar una cosa sobre estos encuentros: “No hay que olvidar que si llegan a nuestro jardín no es porque ellos estén en nuestra casa, nuestra casa está en su camino por comida o agua”.  Hay que tener en mente que las colonias o fraccionamientos donde vivimos son desarrollos que no tienen en cuenta a la flora y fauna del lugar.

“La mayoría de los núcleos urbanos no piensan en las interacciones de humanos y naturaleza al momento de ser construidos”, explica Alejandro Mendo, arquitecto especializado gestión y desarrollo local, territorio y sustentabilidad. Describe cómo lo ideal sería pensar los desarrollos desde la “ambitectura”, que es construir lo más similar al sitio donde ocurrirá la obra. Esto por consideración a las especies de animales que llegaron al lugar antes que las personas y al entorno en sí.

Cualquiera que pase por los suburbios de Jalisco sabe que la realidad son casas que saltan a la vista y palmeras en un bosque de pino, no hay mucha atención por los pecarís ni otras especies de la zona. “La presencia del hombre tal como es nuestro modelo de ocupación del planeta es nocivo para la naturaleza”, dice Alejandro para explicar que no hay un solo escenario donde las personas no sean dañinas para su entorno. Lo menos que se puede hacer es planear mejor cómo se va a existir con la vida silvestre y distintos entornos.

Una forma de ver esto no es pensar en los pecarís de collar como algo con qué lidiar, sino como seres con quiénes coexistir. “No podemos separarnos de algo que es parte de nuestra realidad, nuestra historia. Un distanciamiento nos haría perder la noción de lo que sucede ahí”, expresa Juan Gabriel Padilla, biólogo por la Universidad de Guadalajara y Maestro en Filosofía por parte de ITESO.

Puede que la única forma de conocer qué hay en el bosque en el que vive la población de las afueras del AMG, sea ir a caminar y encontrarse de frente con estos animales. Sí, aunque el paseante y su golden retriever se lleven un susto. Vivir en un bosque no solo implica responsabilidad, también está el gozo de salir a dar un paseo o de apreciar los árboles y los cerditos peludos que viven entre ellos.

Como los pecarís de collar son seres vivos, la relación de coexistencia también debe de ser vista desde la ética. “Tenemos que considerar el recurso de la otredad, que no solo va respecto al otro como personas, sino al medio ambiente, eso nos lanza al cuidado y a la responsabilidad”, sostiene Juan Gabriel.    

 Coexistir con el pecarí de collar debería de ser importante para muchos, pues en casi cualquier lugar de México se pueden encontrar estos mamíferos peludos. Si se deja de ver a animales como estos como cosas y más como seres vivos puede cambiar la relación que se tiene con medio ambiente en general.  El bosque es un vecindario en el que el cerdo montés es otro habitante, hay que ser buenos vecinos.

«Fui a los bosques porque deseaba vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida… para no darme cuenta, en el momento de morir, de que no había vivido.» – HENRY DAVID THOREAU

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