Más que activistas, Panchita Peligro, Audry Funk y Rebeca Lane se consideran a sí mismas artivistas, describen su música como forma de protesta en la cual en sus conciertos denuncian a través de ella la opresión y la violencia que viven las mujeres debido a la cultura patriarcal en la que viven.

OTOÑO 2019Reportajes

Ritmos urbanos con perspectiva de género

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La inconformidad de la lucha feminista se despliega en versos de sátira, ira y rebeldía.

Por: Fátima Herrera, Yohana Rodríguez, Juan Raúl Casal, Melanie Gómez Campos y Ximena Torres.

Más que activistas, Panchita PeligroAudry Funk y Rebeca Lane se consideran a sí mismas artivistas, describen su música como forma de protesta en la cual en sus conciertos denuncian a través de ella la opresión y la violencia que viven las mujeres debido a la cultura patriarcal en la que viven.

“Estar en un escenario es un acto político, ya sea que cantes o pongas música. Estas en frente de un montón de gente y tienes de alguna manera cierto poder”, dice Panchita.

“Ni una menos, ni un asesinato más” remata Mare Advertencia Lirika para cerrar sus conciertos con las mismas consignas que acompañan otros movimientos feministas. Ella es una rapera zapoteca, activista y feminista que ha optado por la música como un medio de expresión para demandar la situación de violencia y desigualdad que enfrenta por su género.

Estas protestas corresponden a un tipo de feminismo que además de ser para las mujeres, busca darle voz a otras minorías que se sienten identificadas. De acuerdo con Carmen Díaz, académica del ITESO e integrante de colectivos feministas de Guadalajara, para ellas el sentido es pasar la vibra que encienda a más gente para crear una comunidad más grande que pueda cambiar la forma en la que interactuamos y así podamos tener una vida más digna. Es decir, cambiar el chip de las personas.

A través de los años, la mujer ha recurrido a la música como un espacio para señalar situaciones de injusticia que enfrenta dado su papel en la sociedad. Los ejemplos van desde Sor Juana Inés con “Hombres necios”, hasta Consuelo Vázquez con “Bésame mucho”.

En la música se hace referencia a temas que tienen impacto en el contexto actual de la sociedad en la que se vive. Hoy se habla de  violencia de género, de acoso sexual y de la situación de injusticia que se vive en el país.

“No es lo mismo el rap feminista en México que un rap feminista en España. En el caso mexicano los elementos que permean son la violencia y la impunidad porque estas cuestiones son un problema urgente en el país”; así lo explica Julio Hernández, quien desarrolló su tesis de maestría sobre la construcción identitaria de los jóvenes raperos miembros de barrios en Jalisco.

Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema de Justicia, de enero a finales de noviembre del 2019, se han declarado un total de 3,142 mujeres asesinadas en México. En promedio son 9.5 mujeres asesinadas al día.

En Jalisco del año 2012 a junio de 2019, la Fiscalía General del Estado ha iniciado 264 averiguaciones previas y carpetas de investigación por el delito de feminicidio. No obstante,  el Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), ha denunciado que en el estado se han registrado 233 feminicidios sólo durante este 2019. 

“En la actualidad estamos viendo algo muy feo, en todo el mundo. Hablando de México es de los países con más feminicidios y desapariciones. Así que es un tema importante de abordar” contesta Nathy al preguntarle por qué este tema es relevante en su rap.

“Mujeres raperas hay, y hay un montón, pero ahorita en la actualidad están saliendo puños”, comenta Elha de Fato, rapera tapatía, antes de su presentación en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, donde ella y Nathy fueron las únicas mujeres que participaron.

Las dificultades dentro de la industria música también son evidentes, y se hacen notar desde la forma en la que tratan a las artistas en comparación con los hombres, el salario, así como las condiciones de trabajo a las que están sujetas.

Panchita, una DJ de cumbia feminista, cuenta cómo en ciertas participaciones en conciertos eran evidentes las diferencias de trato que se le daban en comparación con los varones, comenta que la forma en la que la acogieron no era tan atenta como la de los demás, ni tampoco los cuidados que le ofrecían. “Ahorita que vengo de estar en gira de Europa sí notamos que hay ciertas cosas que, si fuéramos hombres y aparte europeos serían diferentes. Nos pagarían más, nos cuidarían. La parte de la paga también muy clara”.

Audry Funk, rapera poblana cuenta como en una ocasión en la que era la única mujer rapeando, el lugar ni siquiera tenía contemplado un baño para ella:

— ¿Dónde están los baños de las morras?  

— No, es que no contábamos 

— Cómo que no contábamos, si tú me invitaste a rapear, cómo que no contabas con que yo necesitaba un pinche baño. Imagínate el grado de invisibilización.  

Además de las dificultades de las condiciones de trabajo, las artistas se enfrentan a los estereotipos que conlleva participar en el rap: tienen que lucir de cierta forma, cumplir con ciertos características estéticas y mostrarse más atractiva.

“Las que son bonitas, las que están buenas, las que van a hablar de amor romántico. Algo que plazca a un sector masculino. Cuando eres una artista que no complace todo esto es 20 veces más difícil. No soy ni flaca, ni blanca, ni hablo de amor romántico, mi lírica es política”, declara Audry Funk.

“Creo que sí hubo muchas trabas musicales, este mercado negro de donde las mujeres eran usadas como mercancía, en la que si quería trascender tenías que acostarte con el empresario o el dueño de la disquera”, comenta Isaac de Loza, reportero del Informador, especializado en cobertura de temas musicales.

Para los hombres los estereotipos son distintos, desde la apariencia física hasta  el carácter de sus letras, las cuales suelen ser discursos denigrantes u ofensivos contra la mujer.

“Pues si quiero hacerte daño, solo falta que yo quiera lastimarte y humillarte, ingrata, aunque quieras tú dejarme”, canta el grupo  Café Tacvba en su canción “Ingrata”. Otro ejemplo es el tema Blurred lines de Robin Thicke, T.L. y Pharrell, que en uno de sus versos menciona “Sé que lo quieres. Eres la zorra más sexy. Pero eres una buena chica, la forma en la que me agarras, debes querer ponerte indecente”.

Son discursos que se han popularizado a nivel tanto nacional como internacional. En la mayoría de las ocasiones, no se tiene una conciencia del  machismo que incluyen en sus letras, porque esto queda a segundo plano al escuchar el beat (ritmo) que lo acompaña.

“No es que la canción haga que que el machismo y la violencia contra las mujeres suceda, esto sucede y solamente se va amplificando la canción.  La canción solamente está delatando las circunstancias, y está en muchos casos dando el grito al cielo”, explica Madela, crítica y periodista de música.

Por estas razones se cuenta con la presencia de las artistas que buscan abrir las puertas mediante su voces. Hacer notar la valía del género femenino y las inseguridades a las que se ve envuelta en la sociedad en la que vive.

Versos de sátira, ira y rebeldía, pero esta vez, con mujeres alzando el micrófono en el escenario, porque aunque se ha mencionado que esta es música para hombres, ellas lo niegan y no les importa a quién le incomode.

La industría músical

Estas protestas corresponden a un tipo de feminismo que además de ser para las mujeres, busca darle voz a otras minorías que se sienten identificadas.

Concierto feminista Saldar la deuda.

En la música se hace referencia a temas que tienen impacto en el contexto actual de la sociedad en la que se vive. Hoy se habla de violencia de género, de acoso sexual y de la situación de injusticia que se vive en el país.

Fotorreportaje

Para los hombres los estereotipos son distintos, desde la apariencia física hasta el carácter de sus letras, las cuales suelen ser discursos denigrantes u ofensivos contra la mujer.

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