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Rubén de la Torre: Más de seis mil almas tocadas por el amor al golf

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Originario de la localidad Capilla de Milpillas, situada en el Municipio de Tepatitlán de Morelos, Rubén de la Torre vivió los primeros trece años de su vida sin conocer el golf, hasta que él y sus padres se mudaron a Chapala, ahí fue cuando comenzó a trabajar en el Country Chula Vista de Ajijic.   

“Cuando empecé de caddie no sabía ni que era el golf, un día le trabajé a la esposa del dueño, ahí me registraron oficialmente”. Tenía 14 años, trabajaba algunos días en la construcción y de manera diaria en el club, así se familiarizó con el mundo del campo y la pelota. Un adolescente que, sin saberlo, se convertiría en profesional. En cada golpe analizaba el juego, en cada hoyo sus anotaciones crecían y se convertían en enciclopedia, con cada golfista memorizaba un secreto en la cancha. Aprendió el juego mientras observaba.

En sus días libres practicaba en un cerrito, con un camino largo y angosto, parecido a un fairway.  Se convirtió en la rutina: pegar bolas todo el día, comer y dormir.

Su primer torneo fue en 1971, tuvo lugar en el Chapala Country Club, a pesar de que no tuvo un buen resultado, disfrutó de vivir una experiencia inédita. En el curso de aquel año conoció a Javier Ramírez, un empresario que se convertiría en su íntimo amigo, y el responsable de llevarlo a su actual campo: Las Cañadas Country Club, al norte del municipio de Zapopan.

Siguió su carrera profesional y jugó en múltiples clubes del país, incluso fuera de él, cuando disputó un torneo televisado en el Club Casablanca de Laredo, Texas. Ganó varios torneos en el Country de Chapala y en Chula Vista Country Club entre 1972 y 1982. Su último torneo fue en 1983, cuando se dedicó por completo a su empleo como profesional del club.

“Cuando jugaba, mis amigos me decían que era el mejor jugador de putter -bastón de golf- en Guadalajara, siempre fui bueno manejando la adrenalina en el campo. Te transformas en alguien diferente y haces mejores tiros.”

Foto: Diego Aguirre

Para don Rubén lo más importante vino después de los torneos, enseñando y disfrutando de la cotidianidad en medio del verde interminable de los 18 hoyos. A pesar de ser un gran golfista, su vocación ha sido enseñar y compartir el deporte con todo el que lo buscara.

Durante los 50 años trabajando al norte de la ciudad, calcula que ha dado clases a más de mil niños, y a más de 5000 adultos, entre ellos profesionales como Sophia Sheridan -ex LPGA- y Jorge Pérez León -profesional del Country Club-

Considera que enseñar golf es lo suyo, que su método es de la vieja escuela, dice que para que un golfista sea golfista necesita paciencia, conectar cuerpo y mente y saber manejar las emociones. Un maestro en todos los sentidos. Un versado de la enseñanza.

Su lección más grande ha sido formar una familia alrededor del deporte. Tiene ocho hijos, cuatro mujeres y cuatro hombres, de los cuales tres son profesionales en el mundo del golf. Dos trabajan en el mismo club, uno se desempeña como profesional, y otro como maestro de alumnos en todos los niveles.

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“Lo más bonito es la gente que conoces, y lo que más da satisfacción es ayudarla. Para mí es como estar de vacaciones, me encanta disfrutar del campo todos los días. En algún corto periodo de mi vida me dediqué a la ganadería, quizá económicamente me hubiera ido mejor, pero no me arrepiento, el golf es mi pasión, siempre estaré feliz”.

En el campo a diario. Enseña, practica y aun aprende. Da clases por las tardes y juega por las mañanas.  Con 74 años su intención es darle vida al club que ha sido su casa, donde creció él y su familia, formar a jóvenes golfistas y compartir los valores del deporte.

Foto: Diego Aguirre

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