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Samantha Santana, con las mujeres tapatías

Samantha Santana piensa que históricamente las mujeres han sido representadas de manera pobre. El primer adjetivo que se utiliza para describir un personaje femenino normalmente tiene que ver con su físico. Se habla de su belleza y se excluye a quienes no cumplen con ese estándar. En cuarto o quinto lugar se especifican otras cuestiones menos importantes como la personalidad o la inteligencia.

Muchas niñas crecen sin poder identificarse con los personajes femeninos que ven en anuncios, libros o películas. Se preguntan por qué sus madres, sus amigas, ellas mismas, no les llegan a los talones a las musas culturales. Y es que los personajes femeninos son representaciones muy antiguas que apenas evolucionan. La aventurera guapa. La madre compasiva. La villana sexy.

Entonces era una prioridad para Samantha representar a la mujer ordinaria. En el mural que pintó en la Línea 3, cerca de la estación Río Nilo, retrató a varias mujeres que admira. Activistas, familiares, amigas de Samantha, plasman una visión más realista de lo que es una mujer. Amontonadas y en colores vivos, producen una sensación de conglomeración.

Samantha quería representar el sentimiento de muchedumbre en las marchas feministas. El 8 de marzo ella salió a marchar. Pisó las calles sintiéndose segura, poderosa, libre. Tal vez por primera vez. La empatía al decir “No te conozco pero siento tu dolor” es capaz de unir a una mujer de raíces indígenas y bajos recursos con una estudiante de una universidad privada. La sororidad latente el 8 de marzo fue inspiración para el mural que pintó en la columna del 19 al 22 de octubre.

Una de las mujeres perfiladas fue su abuela. Al igual que tantas en su generación, vivió su vida en la sombra de su esposo y encontró en el arte una disciplina socialmente aceptada para poder expresarse. Otra de las mujeres es su mejor amiga, que la ha acompañado en cada etapa. Una más es su jefa, directora de la organización Parvada. Es una de las mujeres que más ha inspirado a Samantha. La organización opera mediante un salón de belleza. Mientras hacen las uñas de las señoras y les cortan el pelo, las mujeres encuentran un lugar seguro para hablar de violencia doméstica y darse apoyo emocional.

Samantha estudió psicología en el ITESO. Sus papás que son artistas la impulsaron a estudiar una carrera con mejores oportunidades. Pronto, se dio cuenta que no le encantaba, pero se quedó. Hizo su maestría en Psicología social y encontró una nueva vocación. Su trayectoria académica no es algo que eclipse su arte, son dos profesiones que van en paralelo y se complementan.

En su tiempo libre, Samantha ve reality shows como La vida de Jenny Rivera. Busca despejarse de la carga emocional que implica su trabajo. La mayoría del tiempo es ilustradora; por eso cuando salió la convocatoria de Traza, amigos y familiares la animaron a presentar una propuesta. Aunque nunca había hecho un mural, Samantha va a aprovechar cada oportunidad de deconstruir el personaje femenino, retratado por hombres y sufrido por mujeres. Va a retratar a la mujer imperfecta, la mujer luchona, la mujer ordinaria.

Tere de Alba
Estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

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