En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | El protoespírita Swedenborg (2) | por Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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II. Eco de las revelaciones

Procedente de Ámsterdam, donde se encontraba su principal impresor, Emanuel Swedenborg llegó a Londres en mayo de 1744 y permaneció en esta ciudad 15 meses, regresando a Estocolmo en agosto de 1745. Su ir y venir entre estas ciudades será frecuente hasta su muerte.

Cyriel Sigstedt, en The Swedenborg epic, nos informa de los ocho años que tardó el vidente sueco en escribir Arcana Cœlestia, su principal obra teológica, publicada en ocho volúmenes, entre 1749 y 1757. Detalla su regreso a Londres en el verano de 1758, con la intención de publicar cinco libros de menor calado pero desprendidos de los Arcanos.

Una de estas obras fue Heaven and Hell, según Sigstedt la más leída de Swedenborg; su atractivo principal, refiere el biógrafo, es su detallada descripción de la vida después de la muerte. Ediciones Siruela lo tradujo y publicó en 2002 como Del cielo y del Infierno.

La edición española respeta la numeración de los párrafos que hizo Swedenborg; en el 493 escribe:

Nuestro primer estado después de la muerte es semejante al estado en este mundo, puesto que estamos igualmente envueltos en asuntos de carácter externo. Tenemos rostro, voz y carácter similares; llevamos una vida civil y moral similar. Por eso nos da la impresión de que seguimos en este mundo, a menos que observemos cosas que están fuera de lo ordinario y recordemos que los ángeles nos dijeron que éramos espíritus cuando fuimos despertados. Por eso, la misma vida continúa en la otra, y la muerte es solo un tránsito”.

El interés que suscitó el científico y vidente sueco puede sopesarse con la larga lista de mentes brillantes que han puesto sus ojos en él. La de Jorge Luis Borges es una de ellas. Otra, la de Helen Keller.

La activista y escritora, quien perdió la vista y la audición antes de cumplir los dos años, publicó en 1927 su libro My religion, editado después como Light in my darkness, en español Luz en mi oscuridad (1968), donde rinde homenaje a Emanuel Swedenborg.

Antes de referir su primera lectura de la obra del sueco, con el libro Heaven and Hell, Keller rememora un acontecimiento decisivo en su ánimo espiritual, sucedido en los últimos días de su infancia, en la biblioteca donde estudiaba. Tras media hora extática, le confió a su maestra que había estado muy lejos de ahí, sin haber salido de la habitación, ¡en Atenas!

“Apenas había pronunciado estas palabras, se apoderó de mi mente una deslumbradora y asombrosa noción que la encendió en llamas. Percibí la realidad de mi alma y su absoluta independencia de las circunstancias de lugar y persona. Comprendí que solo por ser espíritu había ‘visto’ y sentido vívidamente un paraje situado a miles de millas de distancia”.

Capítulos adelante Helen Keller recomienda entregarse, aunque sea nada más por cinco minutos, a algún placer especial, sea este la contemplación de una flor extraña, la lectura de poesía o aligerar la carga de otra persona, y explica:

Es preciso admitir, siquiera ocasionalmente en nuestras vidas, la presencia de lo bello, fresco y eterno, porque de lo contrario se nos cerrarán las puertas del cielo (…) Poco importa el esplendor del cielo si la tierra no sabe apreciarlo. El amor a la belleza nos permite aspirar a las magnificencias de la alborada y a la lluvia de estrellas”.

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