En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | El protoespírita Swedenborg |
por Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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I. Científico luterano

El rey Carlos XII de Suecia murió en el frente noruego por un disparo en la sien, el 30 de noviembre de 1718. Este soberano pasó 18 años en guerra de los 21 de su reinado, al que llegó cuando tenía 15.

Emanuel Swedenborg se integró a la corte de Carlos XII a instancias de uno de sus consejeros, Christopher Polhem, eminente ingeniero y matemático. La carta de presentación de Swedenborg fue su revista de investigación científica e inventivas tecnológicas: Daedalus Hyperboreus; siendo el monarca de inteligencia despierta y también aficionado a las matemáticas, ordenó se le diera un asiento en el Royal College como asesor extraordinario.

Fue el mismo Swedenborg quien acudió al frente noruego para resolver el traslado por tierra de cinco bergantines, desde el puerto de Strömstad hasta el fiordo Iddefjord, hazaña que no impidió la muerte de su monarca en el sitio de Fredrikshald, a los 36 años, en la Gran Guerra del Norte (1700-1721). Así lo asienta Cyriel Sigstedt en The Swedenborg epic, donde además anota:

“Emanuel Swedenborg fue primero científico, luego anatomista […] Sus contemporáneos lo vieron como un genio de la ciencia y la invención, pero no fue hasta mucho más tarde que los anatomistas comenzaron a apreciar sus contribuciones al estudio del cuerpo humano”.

La Encyclopaedia Britannica ofrece un artículo biográfico sobre el científico sueco (29 de enero de 1688, Estocolmo-29 de marzo de 1772, Londres), hijo de Jesper Swedberg, capellán de la corte, profesor de teología, obispo de Skara. El mismo Emanuel pasó por la Universidad de Uppsala, donde se graduó en 1709. Nunca se casó ni tuvo hijos; sus vástagos fueros libros, decenas de libros.

En 1744, a los 56 años, una epifanía trastocó su vida, fue la revelación telúrica que cambió sus intereses intelectuales y quehaceres de científico: volvió al padre y se hizo teólogo, pero esto sería mera anécdota si no fuera porque la revelación vino acompañada de la visión y la mediumnidad.

Arthur Conan Doyle consagra a Emanuel Swedenborg el primer capítulo de su Historia del espiritismo. Y dice de él:

Para comprender completamente a Swedenborg, sería preciso tener un cerebro semejante al suyo, cosa que no ocurre todos los siglos. Y aun con nuestro poder de comparación y con nuestra experiencia de hechos, que para Swedenborg fueron desconocidos, apenas si podemos comprender una parte de su vida con claridad”.

Conan Doyle fue crítico con Swedenborg. Escribe del sueco que su aporte teológico es “la parte más deleznable y peligrosa de su obra”, de pretensiones intolerables.

Superada la exégesis bíblica, para el autor de la Historia del espiritismo la teoría del sueco está en consonancia con postulados espíritas generales, dígase, por ejemplo, la comprensión de este mundo como un “laboratorio de almas”, una escuela, un espacio de experiencia y prueba donde lo material acrisola y libera lo espiritual.

Doyle cita a Swedenborg para dejar manifiesta la potencia psíquica del vidente:

“Una noche —dice— el mundo de los espíritus, cielo e infierno, se abrió para mí y en él hallé a varias personas conocidas, de diferente condición. Desde entonces, el Señor abría diariamente los ojos de mi espíritu para ver, en estado de perfecta vigilia, lo que ocurría en el otro mundo y conversar, con plena conciencia, con los ángeles y los espíritus”.

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