En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas (1) | por Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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Primera parte: Tibón entre espíritas

 

Cualquier referencia a Gutierre Tibón (Milán, 1905-Cuernavaca, 1999) quedará en deuda con su legado y su personalidad erudita. Fue un estudioso inagotable del hacer simbólico del hombre, escritor y viajero incansable, amante de México y su cultura, tierra elegida para vivir cuando tenía 35 años y en la que murió colmado de honores y amigos.

Que Tibón se interesara por el espiritismo y la vivencia paranormal no es extraño; por el contrario, será natural en él como libre pensador, ávido de la experiencia y la exquisitez de la comprensión. En 1960 escribió un prólogo para el libro Ventana al mundo invisible, publicado por voluntad póstuma de Rafael Álvarez y Álvarez y en el que se dan a conocer las actas de las sesiones del Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas; en el libro, Tibón cumple con escrúpulo la voluntad del fundador y director del memorable círculo, pero también aporta su interpretación de los hechos y reseña, en la edición de 1979, sus propios hallazgos obtenidos con reputados psiquiatras, parapsicólogos, médiums y curanderos.

El deslinde realizado por Tibón, entre las convicciones de don Rafael y las suyas propias, no es cosa menor y produce un efecto de contraste esclarecedor, convincente por sus argumentos.

“Me seducía el espiritismo en mi adolescencia porque las sesiones se realizaban en la penumbra, y al formar ‘la cadena’, el contacto de mi meñique con el de Salomé producía una corriente eléctrica que me estremecía de emoción y de ternura. Salomé tenía trece años, unos menos que yo”.

El enamoramiento confeso de Gutierre Tibón no fue obstáculo para el análisis de las respuestas y concluir que el mensajero de la “mesita espírita” era su propia mente o la de su hermano, también participante en la sesión.

Años después, una vez que fue admitido por las entidades en el instituto de don Rafael, su hipótesis cobró fuerza al conocer a Luis Martínez, el genial personaje que dio vida y sostén a los trabajos del IMIS, médium, cabe decirlo, de materializaciones, el summum de la mediumnidad. Si para los espiritistas es indiscutible la comunicación de las almas desencarnadas, de personas muertas con los vivos, para Tibón es una manifestación del inconsciente humano.

“Los defensores de tal hipótesis están convencidos de que las entidades que se prestan como si fueran los espíritus de personas finadas solo son proyecciones del subconsciente del médium o resultantes de una confluencia de corrientes mentales subconscientes del médium, de los participantes en la sesión y tal vez de otras personas. Dichas corrientes mentales pueden emanar del océano síquico que nos rodea: el mundo de la percepción extrasensorial, en el que no existe ni tiempo ni espacio, ni pasado ni futuro”.

Se conocen tres ediciones mexicanas de Ventana al mundo invisible: la primera, de 1960, por Antorcha, con prólogos de Gutierre Tibón y Alberto Algazi; la segunda, de 1979, por Editorial Posada; la tercera, de 1994, bajo el sello de Planeta. En las ediciones de Posada y Planeta ya no aparece Algazi.

El ejemplar que tengo en mis manos corresponde a la última edición e incluye los prólogos de 1960 y 1979; el cuerpo central del libro lo componen 107 actas, correspondientes a las sesiones entre el 10 de abril de 1940 y el 12 de abril de 1952. La obra cierra con un listado de 57 nombres de “algunos de los más destacados asistentes a las sesiones”.

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