En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas (2) | Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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Segunda parte: El fundador

Don Rafael Álvarez y Álvarez de la Cadena (1887-1954), creador del Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas (IMIS), nació en Zamora, Michoacán, en una familia aristocrática. Aún muy joven, el vendaval revolucionario lo instaló en la élite política, gracias a la filia maderista de José, su hermano mayor: en 1911 fue regidor del gobierno municipal de Zamora y en 1918 fue diputado del Congreso michoacano; a los 33 años, en 1920, Pascual Ortiz Rubio lo nombró gobernador interino cuando dejó el cargo para unirse a la rebelión de Adolfo de la Huerta; Álvarez cumplió el encargo en dos breves periodos.

Vendría luego la diputación federal (1924-1926) y, engolosinado con el puesto, se reeligió (1926-1928) traslapando funciones con su curul de senador para el mismo periodo, elección objetada y sin embargo aprobada en la sesión preparatoria del Senado, el día 27 de agosto de 1926; repitió escaño en la siguiente legislatura (1928-1930). Será director del Nacional Monte de Piedad a partir de 1935.

Don Rafael, además, fue un consumado masón de la Gran Logia Valle de México, a la que pertenecieron, entre otros, Emilio Portes Gil y el general José María Tapia, ayudante de Plutarco Elías Calles y asiduo asistente a las sesiones del IMIS.

“Cuando lo conocí”, anota Gutierre Tibón en Ventana al mundo invisible, “el señor Álvarez y Álvarez era un sexagenario que no aparentaba su edad. Muy activo como presidente del Monte de Piedad, encontraba tiempo para dedicarse a sus aficiones artísticas: la pintura y la música; y para leer libros y más libros de ciencias ocultas. Poseía una de las mejores bibliotecas de México en este campo”.

Según Tibón, fue en 1930 que don Rafael abrazó la causa espírita, después de que entidades desencarnadas le extrajeron los cálculos renales que lo atormentaban, a través de una operación practicada por la señora Agustina Samperio de Rosales, “mujer singularmente dotada”.

Al sanar, don Rafael frecuentó varios grupos espíritas de la Ciudad de México, donde en 1933 conoció a Luisito, su alter ego, un raro —por escaso — médium de efectos físicos; en las sesiones del IMIS “las manifestaciones mejoraron paulatinamente, hasta obtener las ectoplasmías completas y la voz directa”.

Con la indispensable colaboración de Luisito, pero exclusivamente de su peculio y estricta dirección, Álvarez y Álvarez fundó en 1939 el Círculo de Investigaciones Metasíquicas de México, mismo que en 1944 cambió a Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas (IMIS).

Según anotaciones de Tibón, las facultades de Luis Martínez Pérez, Luisito, fueron advertidas cuando tenía seis años: al dormir el niño aparecían esferas luminosas alrededor de él, notorias en la oscuridad de la habitación; la noticia llegó a un círculo espírita de la calle San Ciprián, en las afueras de la ciudad, grupo al que fue invitado a participar como incipiente médium, ganándose unos pesos con el permiso de su madre.

Durante muchos años, su actividad marginal de médium le permitió redondear un poco sus entradas; hasta que se enteró de su existencia el señor Álvarez y Álvarez, a la sazón presidente del Monte de Piedad, y le dio un empleo”.

La apariencia de Luisito en el transcurso de las sesiones del IMIS era la de un hombre de “movimientos lentos y torpes”, de una completa pasividad.

“Es un hombre del pueblo, mestizo, obeso, calvo, de mediana edad. Cojea notoriamente debido a un reumatismo deformante de la pierna izquierda”.

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