En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas (3) | Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas 

IIIEstricta liturgia 

Carlos Rosas 

 

Por mucho tiempo las sesiones del IMIS se realizaron en el domicilio de don Rafael Álvarez. No fue inusual, sin embargo, su práctica en otros domicilios, debiendo tener una sala específica para la reunión, acondicionada lo mejor posible para asegurar la oscuridad necesaria. 

El gabinete en la casa Tlalpan, como le llama Tibón a la sala donde se hacían las sesiones, era “un pequeño templo sui géneris”. Era una habitación de 3.5 x 4.5 m, con una sola puerta; la única ventana tenía un cortina gruesa. Al interior había un sillón reservado para el médium y sillas dispuestas en círculo; al centro se disponía una pequeña mesa de madera, con papel y lápiz, un megáfono de cartón y juguetes; había jarrones con flores frescas; debajo y alrededor del sillón se colocaban también flores y hierba −tal vez alfalfa− dispersa como protección para el médium. 

Los convocados llegaban con antelación y se formaban espontáneos corrillos de conversación espírita. Cuando Luisito, el médium, hacía su aparicióndon Rafel lo pasaba al gabinete para hipnotizarle; una vez dormido, el sonido de una pequeña campana de plata indicaba el inicio de la sesión. Todos acudían al lavamanos y tras el aseo, uno a uno ingresaban al gabinete, luego la puerta era cerrada con llave. 

Don Rafael indicaba su lugar a cada persona, sin dilación se formaba la cadena tomándose todos de las manos y en la oscuridad total esperaban las primeras manifestaciones. Don Rafael hacía las invocaciones dando pie a las apariciones de acuerdo con un programa prefijadosu rígida batuta controla a los participantes, encarnados o desencarnados, pero no siempre los resultados fueron los esperados o con la tersura deseada.  

Desde el más allá son dos los guías principales del círculo: el doctor Enrique del Castillo y Amajur, destinados a procurar consuelo y salud a los asistentes.  

Ambos curan con pases magnéticos, ligeros masajes y dando de beber agua que previamente han saturado de benéficos fluidos. Cada miembro de la cadena desea la visita del fantasma médico, y éste mantiene su actitud paciente y bondadosa con todos. La última parte del espectáculo no es menos singular: se trata de los niños, ocho o diez lucecitas que se ponen a jugar alegremente con los juguetes”. 

En el acta del 21 de enero de 1943, “formulada” por el señor Adalberto González, dice: 

“En todas las sesiones siempre he invocado al hermano Amajur, porque me significa una entidad elevada que colocada en planos superiores, se manifiesta por voluntad propia y desciende hasta nosotros a cumplir una misión de bondad. Esta vez, como en otras, está perfectamente iluminado; y el contacto que tiene para todos es tan suave, tan alentador física y moralmente, que desearíamos que nunca se alejara de nuestro lado.” 

Sin embargo, no todas las sesiones fueron así de complacientes y grata sanación, hubo muchas en que las presencias oscuras hicieron de las suyas, como la del 4 de febrero del mismo año 43. 

“En efecto, el médium fue levantado con todo y su sillón, primero despacio y pesadamente, luego, con suavidad y ligereza. […] La respiración afanosa del médium se escuchaba en lo alto del cuarto. Luego se oyó un estruendo angustioso: las «fuerzas» que sostenían a Luisito allá arriba lo abandonaron y el pobre cayó ruidosamente en el centro del círculo. Se había lastimado y se quejaba dolorosamente”. 

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