En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | Ixca, Izcariote (1) | por Carlos Rosas

Primera parte: la amistad con Madero

Juan Farías fue un hombre prolífico en la cultura y el arte, además de espiritista y masón: dio sus mejores frutos en el primer tercio del siglo XX en Guadalajara.

Años antes de figurar en la escena pública, mucho antes de ser, uno, fundador del Museo de Bellas Artes, Etnología e Instrucción de Bellas Artes (hoy Museo Regional de Guadalajara), y, el otro, presidente de México, ya eran espiritistas. Mantenían comunicación por carta, haciéndose llegar revistas y periódicos de su filia común: la vida en el más allá y el logro de progresos morales con la ayuda de espíritus adelantados. Juan Farías y Álvarez del Castillo nació el 16 de marzo de 1873, en Guadalajara; Francisco Ignacio Madero González hizo lo propio el 30 de octubre del mismo año, en Parras. Su convicción espírita, alimentada en el seno familiar, nunca minó sus variados intereses o su ánimo social; en el espiritismo tuvieron el fuerte impulso para ser hombres industriosos y comprometidos, cada uno a su manera, con los fines de su certeza.

Aunque en instituciones y temporadas diferentes, Juan Farías, como su amigo de Parras, estudió en Estados Unidos (Instituto de Arte de Chicago) y pasó una temporada en Francia, donde pulió libremente su técnica pictórica conviviendo con otros artistas. Al iniciar el siglo XX ambos ya estaban de regreso en México, uno en Jalisco, el otro en Coahuila.

En una carta del 6 de diciembre de 1903, Francisco Madero le ofreció ayuda a Farías, su hermano —así solían llamarse entre sí los masones y los practicantes espíritas—, para solventar los gastos iniciales de la revista Alma, del círculo espiritista Viajeros de la Tierra, agrupación tapatía a la que pertenecían el propio Farías, Jorge Enciso y Antonio Becerra y Castro, entre otros.

En aquellos años, dos hermanos de Juan, José y Salvador, trabajaban en las haciendas de los Madero. En la referida carta, Francisco le informó a su amigo tapatío que había entablado una buena relación con José; tiempo después, cuando se anuncia el matrimonio del hermano, Madero extiende la invitación a Juan y a su esposa.

En otra misiva, el 26 de diciembre, Francisco Ignacio envía a sus amistades de Guadalajara un giro postal por 50 pesos para costear los primeros gastos de Alma, contribución de otro adepto y él, asegurándoles su mejor disposición para volver a ayudar si se presenta el apuro. En esta misma comunicación, el de Parras pone a disposición de Farías una edición completa de la Ilustración Espírita, la publicación pionera del espiritismo mexicano, dirigida por el general Refugio González en el último cuarto del siglo XIX. También promete remitir colaboraciones, sea un artículo suyo o algunos de los mejores comunicados de los espíritus, recibidos por ellos:

“[…] con la condición de que Uds. han de aprobar mi escrito, pues ya sabe que muchas personas piensan mejor que una sola y que ni las comunicaciones de los espíritus más superiores debemos de admitirlas sin hacerlas pasar antes por el tamiz de la razón”.

Estas cartas pueden leerse en el libro Archivo de don Francisco I. Madero, Epistolario, primera edición anotada (2012) por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y el Instituto Cultural Helénico.

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