En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | Ixca, Izcariote (2) | por Carlos Rosas

Segunda parte: entre Viajeros de la Tierra y el ateneo

Inspector de monumentos y maestro de la Escuela Normal de Jalisco, abrazó la pintura como oficio y docencia; fue miembro de agrupaciones decisivas en el futuro de la ciudad.

 

Para Juan Farías, siguiendo la recomendación de su amigo Madero, fue recurrente enviar su revista Alma a otros círculos; de esta forma compartían experiencias y mensajes, además de lograr alguna presencia pública, sirviéndose de esto para resistir los embates de confesiones institucionalizadas que se sentían amenazadas con la nueva práctica.

Revistas hubo muchas, aunque de corta duración. En la Ciudad de México circulaba Nueva era, donde publicaba Madero; en Monterrey se leían Cruz astral y Reencarnación. Desde Guadalajara, Farías y su círculo remitían su boletín mensual a geografías diversas, tan distantes como Europa o Sudamérica.

La revelación, revista espiritista de Alicante, España, en su número de marzo de 1904, acusó recibo del órgano de difusión de Viajeros de la Tierra:

Con verdadero deleite hemos leído los dos números que han llegado a nuestro poder, pues su texto lo componen artículos doctrinales de gran enseñanza.

Le auguramos un feliz éxito en la propaganda de nuestros regeneradores ideales al proseguir por el camino emprendido. Con gusto dejamos establecido el cambio”.

Por su parte, ¿A dónde vamos?, una revista de “estudios psicológicos” editada en Santiago de Chile, en su número de junio del mismo año, anotó haber recibido las dos primeras entregas de “Alma, publicación mensual de estudios psíquicos y morales de Guadalajara (Méjico)”.

Juan Farías, al mismo tiempo de su labor espírita, confraternizaba, mundano, con el Ateneo Jalisciense, sociedad de artistas y “cabezones”, como lo explica en sus Casos y cosas de mis tiempos, al que concurrían “un buen número de socios de la más florida mentalidad local”.

En 1903 lo presidía Tomás V. Gómez:

“Don Tomás fue un personaje de una corrección intachable, profesor de gramática y su vida, tanto pública como privada, fue gramaticalmente correcta, con una que otra fe de erratas. A sus modales nunca les faltó, ni punto ni coma; su andar, su manera de sentarse, su forma de saludar, eran dentro de la más pura sintaxis”.

 

El secretario del ateneo era Antonio Becerra y Castro, poeta perteneciente a Viajeros de la Tierra y después secretario de la Junta Permanente del Segundo Congreso Espírita de México. Farías lo describe como:

(…) verdaderamente quijotesco en su figura: flaco, demasiado flaco, alto, demasiado alto, da la impresión de un enorme cepillo de dientes”.

Otro miembro del círculo espiritista y también miembro del ateneo fue Marcelino Dávalos:

Era bajo de estatura, pelo negro ensortijado, ojos vivos y saltones, mirada penetrante, fogoso y entusiasta para hablar, acérrimo revolucionario, que después se unió a la causa maderista con sinceridad”.

En marzo de 1910 Juan Farías cumplió 37 años y hacía tiempo que era masón; llegaría a ser grado 33, el máximo del rito escocés. A la par, su activismo espírita no decaía: hay noticias del círculo tapatío en Luz y unión, una revista catalana; en su número de agosto informaban que en Guadalajara “se están haciendo trabajos experimentales con el notable médium E. Benítez”; en la edición de octubre enteraban de su satisfacción con el “Círculo espírita de Guadalajara (México) ‘Viajeros de la Tierra’, notable por los elementos medianímicos de que dispone”.

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