En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | Laureana o el combate encarnado. II Espiritismo igualitario | por Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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Los padres de Laureana fueron el estadounidense Santiago Wright y la mexicana Eulalia González. A los 22 años la talentosa joven y promisoria escritora se casó con Sebastián Kleinhans, nacido en Alsacia; tuvieron una hija, de nombre Margarita.

A Laureana Wright el matrimonio y la maternidad no le impidieron continuar con su obra literaria y la actividad intelectual pública, iniciada desde 1869 cuando fue admitida como miembro honorario de la Sociedad Netzahualcóyotl, donde participaban Manuel Acuña, Francisco Zarco y Manuel Payno. Tres años después ingresó a la sociedad científica El Porvenir y al Liceo Hidalgo, incluso fue socia honoraria del Liceo Mexicano. Vinieron también sus colaboraciones con El monitor republicano, El bien público y El álbum de la mujer. Una década más tarde y en plena madurez, dirigió la revista América literaria y el semanario Violetas del Anáhuac.

Según lo asienta Lourdes Alvarado, transcriptora de los ensayos de Wright y autora del estudio introductorio de Educación y superación femenina en el siglo XIX, cuando Laureana tenía 45 años, junto con Matilde Montoya, fundó “El Obrador: Luz y Trabajo”, guardería pionera que buscaba ayudar a las madres durante el jornal; como escuela, ofrecía talleres para capacitar en “corte de vestidos y ropa blanca, tejido y otras labores semejantes”.

En la edición de febrero de 1892 de la Revista de estudios psicológicos, publicada en España, se hacía constar en el artículo misceláneo “El espiritismo en Méjico”, que la escritora Laureana Wright había sido elegida presidenta de la “Sociedad Espírita Central de la República Mejicana”. Se informaba, además, que el círculo había dispuesto una academia de magnetismo teórico-práctico bajo la dirección del presidente honorario de la organización, el general Refugio I. González, también director de La ilustración espírita (González desencarnaría ese mismo año, el 16 de agosto).

En el referido artículo se felicitaba a Laureana Wright y a su hija, Margarita Kleinhans, por el “notable servicio prestado a la causa del espiritismo en Méjico” y se participaba que el “sabio doctor Porfirio Parra, digno sucesor del ilustre finado doctor Gabino Barreda, fundador del positivismo en México, se ha pasado con armas y bagajes a nuestro campo”. En la recepción al ilustre Porfirio Parra, se realizaron tres sesiones espíritas en casa de Laureana, “en las que sirvieron como médiums la señorita su hija Margarita, médium escribiente-mecánico, la señora Julia H. de Zamora, sonámbula, y la señorita Carolina Mucharras, con facultades desconocidas aún”.

Elisa Speckman Guerra, autora del capítulo “De espíritus, mujeres e igualdad: Laureana Wright y el espiritismo kardeciano en el México finisecular”, incluido en el libro Disidencia y disidentes en la historia de México, afirma que Laureana encontró en el cuerpo doctrinal de Kardec la noción de igualdad intelectual entre hombres y mujeres, sumada a un Principio inteligente asexuado y la total libertad de pensamiento que los adeptos deben profesar, haciendo inaceptable cualquier sujeción de la inteligencia y libertad de las personas.

“Ese fue el talante de la batalla librada por Laureana Wright, tanto en las páginas de La ilustración espírita como en la presidencia de la Sociedad Espírita Central. Fue desde ahí que, armada de su inteligencia y el deseo de pensarse a sí misma, Laureana Wright de Kleinhans afirmó su ruptura con una sociedad a la cual hacía ya muchos años cuestionaba, y se empeñaba en transformar”.

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