En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL | Pinceles etéreos y una obra extraordinaria | por Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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Sir Philip Anthony Hopkins (1937), además de ser un célebre actor de teatro y cine, es pianista y pintor. En 2018 participó en la muestra colectiva Duende. Artists translating spirits, en la que presentó algunos dibujos realizados entre 1998 y 2000. Según la presentación de la exposición, en la Cavin-Morris Gallery de Nueva York, la condición puesta a los artistas fue sentir que sus obras estuvieran realizadas “por o en colaboración con entidades de otros planos de existencia”. Algunos de los participantes son, en efecto, médiums.

De M’onma, un artista japonés incluido en la muestra, se dice que trabaja en trance, permitiendo a una entidad tomar el “control de su mano durante horas”. Otro participante es el checo František Jaroslav Pecka (1878-1960), “quien realizó dibujos mediúmnicos a principios de la década de 1920” y cuyas obras no se habían visto desde 1927, cuando se expusieron en el Congreso Nacional Espírita de París. Duende reunió la obra de 15 artistas.

En 2019, un amigo me confió la decisión de viajar a Europa como premio a sus segundas nupcias, así que en el entusiasmo me atreví a sugerir, si visitaba Viena, acudiera al Leopold Museum, donde se conserva la mayoría de la obra de Egon Schiele (1890-1918), un pintor austriaco admirado desde siempre. Ya en el museo, en su rendida peregrinación a los estetas, mi amigo me envió fotografías y un mensaje advirtiéndome que Schiele también fue espiritista.

Obra de Hilma af Klints Verk. Imagen: cortesía.

El dosier de prensa que circuló el Museo Guggenheim de Bilbao para presentar la obra del austriaco, proveniente del Albertina Museum de Viena, afirma que otras “influencias presentes en la obra de Schiele son la teosofía y el espiritismo”. La nota de Borja Hermoso dedicada a la exposición y publicada por El País, el 1 de octubre de 2012, refiere, sobre las inconfesadas vocaciones del artista, “su gusto por el espiritismo y por las fotografías de fantasmas y las imágenes de enfermos esquizofrénicos, su pasión por la teosofía y el aura de las personas”.

Pero, en definitiva, quien ha acaparado los reflectores, con sobrada justificación, es Hilma af Klint (1862-1944). Todo en esta pintora es misterio, revelación y belleza. Compatriota de Emanuel Swedenborg, abrevó como Schiele de la teosofía, pero también de los rosacruces. Desde joven y hasta su muerte fue espiritista. Según el sitio de internet de la Fundación Hilma af Klint, en 1896, cuando la artista tenía 34 años, junto con cuatro amigas, fundó el “grupo de los viernes”, reuniéndose para estudiar el Nuevo Testamento, meditar y hacer sesiones espíritas; Hilma era médium, practicaba la escritura automática y el dibujo en trance.

Derivado del trabajo con su persona y el contacto con seres de luz, nombrados “los altos” por el grupo, af Klint realizó entre 1906 y 1915 “Las pinturas para el templo”. El conjunto de 193 obras es “uno de los primeros ejemplos de arte abstracto en Occidente, anterior en años a las primeras composiciones no figurativas de sus contemporáneos europeos”.

Por mandato de la propia artista, su obra no se hizo pública hasta 20 años después de su muerte. Su celebridad llegó con la exposición que le dedicó el Guggenheim Museum de Nueva York, Hilma af Klint: paintings for the future (octubre de 2018 – abril de 2019). El año pasado se estrenó el documental Beyond the visible, su primer retrato fílmico.

Grupp VI, nr 15. Evolutionen, 1908 Olja på duk 99 × 130 cm HAK083 © Stiftelsen Hilma af Klints Verk

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