En la Opinión deSobrenatural

SOBRENATURAL |
Un pionero a orillas del Hudson | por Carlos Rosas

Carlos Rosas
carlosfernando.rosas
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Cuando encontré el registro del libro en el catálogo de la Biblioteca del Congreso (Library of Congress) sentí una profunda emoción, pero brinqué de alegría cuando advertí que el texto completo estaba ahí, disponible para todos, en archivo PDF. Después pensé en el improbable viaje a Washington, DC, y todo lo que me significó este regalo. Cinco años después lo sigo agradeciendo.

En mis indagaciones sobre los primeros espiritistas encontré las referencias a este libro y a su autor, Andrew Jackson Davis (1826-1910), un hombre humilde del estado de Nueva York, quien había escrito portentosos libros careciendo de escuela. En uno de ellos, The philosophy of spiritual intercourse. Being an explanation of modern mysteries, se aludía a una comunicación con el espíritu de Benjamin Franklin (1706-1790), en efecto, el científico e inventor, el jugador de ajedrez y más tarde político, considerado una de las columnas históricas de los Estados Unidos de América. Semejante conversación ameritaba encontrar el testimonio.

Existen cuando menos dos ediciones disponibles en texto completo de The philosophy of spiritual intercourse. La que yo tengo a la vista es la de 1851 por Fowlers & Wells. En ella, Davis cita la comunicación que tuvo con Benjamin Franklin, el 6 de enero de 1851, en la que el sabio le confía sus intentos de establecer un nuevo sistema de comunicación entre los espíritus elevados de la “segunda esfera” con los hombres de la Tierra.

“Sugerí a mis compañeros”, dice Franklin, la conveniencia de mostrar la doctrina de la inmortalidad a la conciencia humana, pues tienen su “brillante luz nublada por las sombras de la muerte, una penumbra de ignorancia por falta de evidencias palpables, experimentada en la Tierra”; y agrega:

Propuse la apertura de una instrumentalidad material de uso universal para aquellos que desearan tener comunión con sus amigos en la Tierra, pudiendo todas las mentes ser abordadas de esta manera, a diferencia de lo poco accesible que es la comunicación mental”.

Parece que no hubo éxito en la tentativa instrumental, dicho por el propio Franklin, lo que dio pie a Andrew Jackson Davis para apostrofar, recordando que los seres espirituales también progresan en la ciencia, en la filosofía, en la moral, en la bondad y pureza, como progresan los humanos.

“(…) la mera traslación de un alma de esta vida no la hace omnisciente u omnipotente; y los espíritus son, por tanto, incapaces en algunas circunstancias de controlar sus influencias y prevenir malentendidos. Por consiguiente, para compartir sus pensamientos, los espíritus requieren buenas influencias a través de las cuales pueden acercarse a nosotros; y esto es tan necesario para sus comunicaciones, como es esencial para nuestra correcta comprensión y apreciación de ellos, que poseamos mentes sin prejuicios, libres de sectario fanatismo y abiertos a la recepción de la verdad”.

Arthur Conan Doyle, en La historia del espiritismo, afirma que Davis hizo “inteligentes recomendaciones a los espiritistas” y lo cita:

“Los espíritus me han ayudado durante mucho tiempo, pero no han dominado ni mi persona ni mi razón. Pueden y deben realizar los mejores servicios en provecho de quienes están en la tierra, pero tales beneficios sólo pueden procurárselos aquellos que consientan a los espíritus ser sus maestros y no sus dueños, es decir, compañeros y no dioses a quienes deba adorarse”.

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