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Una mirada a las ruinas de El Ixtépete, tesoro patrimonial oculto

Los autores son estudiantes de la Licenciatura en Arquitectura del ITESO. Este artículo es parte de la investigación “La ruta franciscana y el Ixtépete, una herencia cultural olvidada” que se realiza en el PAP “Mirar la ciudad con otros ojos: memorias e identidades” en el periodo Verano de 2021.
Por: Diego Leonardo Cadena Lombardi, José Antonio González Maya y Daniel Cuauhtémoc García Martínez

El primer avistamiento del mundo moderno a las ruinas de El Ixtépete fue en 1884, cuando fray Juan Crisóstomo Nájera vio lo que parecían sepulcros al pie de la montaña de Santa Ana de los Negros —actual colonia Santa Ana Tepetitlán—. Entonces no había instituciones que investigaran los restos arqueológicos, por lo que este descubrimiento simplemente fue olvidado.

Pasaron 54 años para que El Ixtépete volviera a llamar la atención. Fue en 1938 cuando un grupo de exploradores buscaban oro y plata cerca del sitio y se encontraron con las ruinas, como lo anota José Guadalupe Zuno en su Anecdotario del Centro Bohemio, publicado en el año 1964. Ahí cuenta que, antes de emprender la búsqueda de metales preciosos, aquellos exploradores consultaron a espiritistas del barrio de San Juan de Dios para que les ayudaran a ubicar los sitios en donde debían explorar; los espiritistas les habrían dado la ubicación exacta de El Ixtépete, con la promesa de que había tesoros en las ruinas. Los exploradores avisaron a las autoridades del Museo Regional del Estado de Jalisco. El director de este museo, Ixca Farías, hizo varias visitas al sitio en el año 1939 y, tras confirmar su existencia, notificó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para que se investigara formalmente el sitio.

El historiador de la Universidad de Guadalajara Hugo Navarro, en su libro Pasado prehispánico de Guadalajara. La zona arqueológica el Iztépete (sic), describe la ubicación del sitio: “El parque arqueológico El Iztépete tiene una extensión de 13 ha, las coordenadas enmarcan solamente el antiguo centro ceremonial, pues todo parece indicar que el sitio se encontraba disperso en una amplia zona, pues sus límites se consideran al norte en el volcán del Colli, al oeste con el inicio de la sierra La Primavera, al este en la planta Kodak, ubicada en Av. Mariano Otero 480 y al sur en la colonia Santa Ana Tepetitlán. Se han tomado estos lugares por ser los que tienen restos de zonas habitacionales más distantes del centro ceremonial, pero con los mismos rasgos culturales que éste”.

Oficialmente, El Ixtépete consiste solamente en el basamento de piedra que se encuentra en el centro del sitio, y se ha llegado a la conclusión de que el basamento fue un edificio religioso donde se efectuaban diversas ceremonias, aunque no existen suficientes piezas de cerámica para poder saber a ciencia cierta cuáles eran los usos que le dieron los antiguos pobladores.

Moisés Rubio, en su investigación “El Ixtépete en ruinas”, dice que, a pesar de todas las investigaciones que se han hecho y del interés de los investigadores del INAH, no se cuenta con suficiente evidencia como para concretar a cuál cultura pertenecen estas ruinas, aunque se ha estimado el periodo de uso entre el 600 y el 900 dC. Con respecto a su población, se cree que estaba conformada principalmente por comerciantes. Existe la hipótesis de que El Ixtépete comenzó a decaer alrededor del año 1000 con el inicio de las invasiones chichimecas a la región mesoamericana, y que hacia el 1100 ya se encontraba en el abandono total.

A lo largo de los años se han encontrado muy pocas piezas de cerámica y de obsidiana fragmentada, y restos de talleres en los que se trabajaba esta última piedra; lo que no se ha hallado son restos humanos.

Una actividad que podría ayudar a rescatar este sitio arqueológico es la asistencia cada año de cientos de personas en el equinoccio de primavera, con el propósito de recargarse de energía y ‘buenas vibras’, como lo hacían nuestros antepasados”

El Ixtépete en 2021. Fotografía de Omar ArceoVillegas.

En la actualidad las autoridades municipales y estatales no muestran ningún interés en el sitio, lo que ha propiciado su descuido, que podría convertirse en patroimonio histórico y llamar la atención de los visitantes.

La periodista Margarita Valle, en el artículo “‘Adorna’ el graffiti ruinas del Ixtépete” (Mural, 6 de febrero de 2005), dice que “la presencia de grafiti es un daño grave que presenta este lugar incluso en sus lugares más recónditos, desde el exterior de los basamentos hasta las tumbas. Desde el ingreso, que siempre está abierto y sin vigilancia, hay grafiti, en los muros y hasta en los señalamientos. Alrededor de las dos edificaciones arqueológicas se observan los rayones que plasman grupos de jóvenes. Incluso en zonas donde está prohibido el ingreso también se detecta el grafiti”.

Además del abandono y el maltrato, una de las intervenciones en el sitio, realizada por José Corona Núñez en 1956, resultó en una restauración muy fallida. Rubio Navarro explica con detalle este lamentable suceso: “La intervención, realizada por José Corona Núñez, consistió en reparaciones muy mal logradas de las zonas deterioradas, mediante el uso de concreto tintado con rojo, con el fin de tratar de asemejar la materialidad del barro presente anteriormente en el basamento. Los resultados fueron muy malos en el basamento y escalinatas de la estructura, por lo que es considerado por los expertos un insulto al patrimonio de Jalisco”.

Otro problema que debe añadirse es la seguridad en el complejo, pues se encuentra en una zona de colonias de alto índice delictivo en Zapopan. El vandalismo es común en el área. La colonia en la que se encuentra esta zona arqueológica es Mariano Otero, que colinda con otras, como Miramar y Arenales Tapatíos, en donde hay altos índices de peligrosidad.

Una actividad que podría ayudar a rescatar este sitio arqueológico es la asistencia cada año de cientos de personas en el equinoccio de primavera, con el propósito de recargarse de energía y “buenas vibras”, como lo hacían nuestros antepasados. Como dice Miriam Pulido en su nota “En pausa proyecto arqueológico del Ixtépete” publicada en El Diario NTR, el 8 de junio de 2015, en marzo del año 2015 “asistieron 3 mil 500 personas, aunque la Dirección de Promoción Económica y Turismo de Zapopan esperaba la visita de 5 mil. Desde 1995 se tienen actividades establecidas cada 21 de marzo y en Semana Santa y Pascua, aunque se organizan paseos gratuitos por parte de la dirección durante todo el año”.

Esto muestra que existe un interés para asistir a estos sitios históricos, un interés que podría fomentarse entre estudiantes, investigadores y ciudadanos en general.

El Ixtépete en 1940. Fotografía: INAH.

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