¿Búscas algo?

Una segunda oportunidad

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La fabricación de ropa en masa implica un proceso de explotación del medio ambiente y de millones de seres humanos. En ese contexto, la economía circular en el sector de moda y textil cuenta con un enorme potencial a través de los mercados de ropa de segunda mano. Por eso cobra sentido la conciencia para cuestionar el consumismo, proteger al medio ambiente y dinamizar la economía.

A las 6:00 am de un domingo se pueden ver muchachos dormidos dentro de viejas camionetas pick up estacionadas alrededor de la calle Andrés Terán, en la colonia Santa Teresita. Ellos trabajan armando puestos del tianguis y tienen que estar desde temprano poniendo fierros y lonas para montar los establecimientos antes de que lleguen vendedores y compradores. Por ahí de las 7:00 am, la señora Esther ya está viendo la misa que transmiten en María Visión. Una hora después, ella sale de su casa hacia el Tianguis de Santa Tere para acomodar su mercancía antes de que empiecen a llegar los compradores. Ella guarda la mercancía en la casa de su mamá, justo atrás de su lugar en el tianguis; a diferencia de otros vendedores que tienen su mercancía en cajas o barriles de plástico, Esther sólo tiene que sacar el rack de ropa. A las 4:30 pm, una vez que termina el tianguis, los mismos muchachos que madrugaron van puesto por puesto a desmontar. Recogen y acomodan los materiales hasta tener nuevamente sus camionetas cargadas. Y se van, a disfrutar lo que resta del domingo de trabajo.

Después de treinta y cinco años trabajando como enfermera, la señora Esther se jubiló. Para mantenerse activa, decidió vender ropa los domingos, en el tianguis de Santa Tere. Su negocio lleva diez años y, desde sus inicios, ha sido sostenido por el apoyo de sus hermanos, quienes viven en El Cajón, California; ellos le consiguen ropa usada de marcas americanas para que venda en Guadalajara; su trabajo es buscar camisas usadas en buen estado, mismas que envían en cajas por paquetería. Esther las recibe, las inspecciona y tarda aproximadamente seis horas en plancharlas.

Su puesto se encuentra muy limpio y ordenado. “Yo plancho todas las camisas, porque si no, parecen chicharrón, y para eso, mejor vendería tacos de chicharrón”, dice Esther, y se ríe. Cada semana cuelga nueva mercancía en los percheros: camisas de cuadros, líneas, con estampado, lisas y de una enorme variedad de colores. Las camisas cuestan entre cien y ciento cincuenta

pesos. “Yo tengo muchos clientes que son licenciados, que son gente preparada y con estudios que necesitan estar presentables, pero pues si no hay buenos ingresos, tienen que sujetarse a eso, y yo me presto para darles la oportunidad de verse bien. Bendito sea Dios que me ha dado clientes que no sólo vienen una vez. Ya son clientes de años”.

La señora Esther tiene una variedad de camisas de tallas chicas a extragrandes.

Foto: Yoseline Delgadillo

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Para Esther, es una ventaja recibir dinero extra a su pensión por vender ropa de paca; es algo que la deja satisfecha porque trabaja y se entretiene: “si toda la gente hiciera así, no habría viejitos solos y abandonados”. Los domingos de trabajo la mantienen activa y sociable. Además, su mamá vive en una casa cercana a su puesto en el tianguis; a Esther también la acompaña su hija, que es quiropráctica, y que a su vez obtiene dinero extra de la venta de ropa usada de bebé. Gracias a la venta en el tianguis, Esther y su familia pueden vivir mejor, incluyendo la posibilidad de viajar con fines turísticos, con excepción de la ciudad desde donde le mandan la ropa: “a El Cajón no quiero ir, sería ver a las mismas momias de siempre”, dice refiriéndose a sus familiares.

La señora Esther acomodando camisas un domingo de trabajo por la mañana.

Foto: Yoseline Delgadillo

Los tianguis no siempre han sido como los conocemos: antes no vendían ropa, sino que se limitaban al comercio de comida, y marcas como Nike o Adidas eran poco vistas en México, con excepción de las familias que vivían en el norte del país o que tenían mucho dinero y viajaban a Estados Unidos para ir de compras. En el caso de Carmen Rodríguez, la venta de ropa americana empezó como una oportunidad de ganar más dinero, pero terminó convirtiéndose en el negocio familiar. Ella nació en enero de 1929 en la ciudad de Mexicali y migró a Guadalajara en su adolescencia para trabajar en el aseo de casas. Un día su pareja -que era residente en Estados Unidos- le propuso que se mudaran a Los Ángeles, donde podría trabajar en lo mismo, pero ganando en dólares. Ella aceptó y se mudaron. Empezó a trabajar y a enviar una parte de las ganancias a sus familiares en Mexicali. Después, consiguió un trabajo adicional al de limpieza, separando prendas en una empresa de paca de ropa; notó que este mercado era muy activo, así que decidió invertir en ropa americana para que la vendiera su familia.

Los familiares empezaron vendiendo en su casa: ponían una lona afuera desde la cochera hasta la banqueta, y acomodaban la ropa encima. Se acababa en pocos días. Los viajes de Carmen fueron cada vez más recurrentes. Iba y venía en camión por la frontera. En sus primeras vueltas, llevaba la mercancía en maletas porque le resultaba más barato que poner todo en paca. La venta de ropa en México se convirtió en un mejor negocio que limpiar casas en Los Ángeles, por lo que decidió volver al país y trabajar de lleno en el negocio de la paca americana. Así como en el caso de Carmen, para muchos habitantes de la frontera esta fue una oportunidad para obtener mejores ingresos; de hecho, ella empezó a llevar su mercancía a otras ciudades de México y terminó estableciéndose en Guadalajara.

Carmen murió en 1997, pero su familia continuó su legado.

Raúl Moreno Olvera es bisnieto de Carmen Rodríguez y desde niño ha estado familiarizado con la compraventa de prendas en ambos lados de la frontera. Sabe que los recolectores de ropa en Estados Unidos se dedican a la búsqueda de prendas de segunda mano; ellos preguntan en casas y en tiendas; también compran por precios bajos a los programas del Ejército o de las iglesias que buscan recaudar fondos. Después ofrecen estas prendas a thrift shops o a empresas de reciclaje textil, como Victoria Clothing, una marca de ropa americana usada que vende al mayoreo dentro del país. Los vendedores pueden llegar con bultos gigantes, bolsas, cajas o pequeños paquetes conformados por libras de ropa, que la empresa compra y luego procede a abrir. Posteriormente separan las prendas entre ropa de invierno, de verano y en un grupo que irá a la “basura”; de ahí pasan a una segunda subdivisión: niño y adulto; después dividen por calidades: en perfecto estado (nuevo), buen estado (usado en buenas condiciones), regular estado (detalles que arreglar) y mal estado (roto, para tirar en “la basura”). Todo lo que está destinado a ir “a la basura” en realidad se categoriza por materiales (algodón, lino, poliéster) para poder ser reciclado por otras empresas interesadas en aprovecharlos; las prendas hechas de múltiples textiles se tienen que desechar porque no pueden ser reutilizadas. Semanalmente las recicladoras visitan el almacén, seleccionan los contenedores que cuentan con el material que les interesa, y al final pagan dependiendo su peso. Según datos de World Economic Forum, 40% de todos los materiales producidos para las prendas nunca llegan al consumidor final, y por lo general se queman o terminan en vertederos.

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Ilustración: Sara Ezzy

Al tener todas las prendas divididas por categoría, se pasa al proceso de empaquetado en una Baling Machine o prensa. Se trata de una máquina que mide alrededor de 2 metros de alto por 1.5 metros de ancho, donde se acomoda la ropa doblada de la manera más apretada posible; la máquina tiene dos puertas para evitar que la ropa se desborde, y al llenar la prensa hasta la altura de la primer puerta, ésta se cierra, y se repiten los mismos pasos hasta el segundo nivel, de modo que al cerrar las dos puertas la prensa ejerce una fuerza desde arriba y comprime todo. Posteriormente se abren las puertas y se ponen los “flejes” (una especie de cintos de plástico) para fijar el bloque de ropa comprimida. La marca cuenta con dos prensas y ocho empleados. Hay dos personas en cada prensa para el acomodo de las prendas, y otros cuatro que vacían los barriles y mueven lo que queda hecho paca.

Ilustración: Sara Ezzy

Generalmente los compradores llegan directamente al almacén o les contactan vía internet para conocer la mercancía y comprarla. Arizona, California, Texas, Florida y Nebraska son los estados que tienen a sus mejores clientes, quienes generalmente buscan esta mercancía con la finalidad de revenderla a las tiendas de thrift shop. También tienen clientes en Latinoamérica, principalmente de Chile, Argentina y Belice.

El envío de la paca depende de cada comprador, pues la marca no tiene un servicio de transporte. Se les entrega una factura y de esta manera pueden pagar los aranceles para transportar la mercancía legalmente por las fronteras. En el caso de Estados Unidos y México, existen pases certificados para cruzar la mercancía. Raúl dice que son pocas las personas que cuentan con este permiso, de modo que el préstamo del pase se ha convertido en negocio, por lo que la introducción legal de la mercancía puede costar mucho a los interesados en venderla en México.

La familia de Raúl tiene clientes de Guadalajara que venden la ropa de paca en diversos tianguis reconocidos de la ciudad, como el Tianguis del Sol, el de San Juan Bosco, el de Santa Tere y el de Mezquitán.

El Tianguis del Sol es de los mercados más conocidos en Guadalajara, abre los miércoles, viernes y domingo.       Foto: Sara Ezzy

Alicia Gómez trabaja en el departamento de Control y Calidad del Ayuntamiento de Guadalajara. Para ella “los tianguis son una válvula de escape al mal estado económico de la ciudad. Te dan chance de vender, y es una salida si no tienes empleo o no eres emprendedor”. Las personas interesadas en vender en los tianguis de Guadalajara tienen que registrar su lugar en las oficinas que ocupa la Dirección de Tianguis y Comercios en Espacios Abiertos. Existe la posibilidad de rentar o comprar el espacio directamente con los propietarios, y si el caso es que ya está vendido u ocupado, los delegados lo asignan. “Es raro que no te den lugar”, dice Alicia.

Antes del 2018 eran comunes los operativos para decomisar la mercancía de los vendedores en los tianguis de México, pero a partir del nuevo Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), esta práctica quedó en el pasado.

Estas reformas se alinean con el interés de una parte importante de la industria textil. Basta considerar la propuesta de “las siete erres de la moda” de Fashion Takes Action, que consiste en reducir, reutilizar, reparar, revender, rentar y reciclar en favor de la sostenibilidad, la circularidad y un consumo más ético. Y es que, en acuerdo con datos de la ONU, si duplicamos el tiempo que utilizamos la ropa, podríamos reducir a la mitad los gases de efecto invernadero que genera la industria textil. La economía circular en el sector de moda y textil cuenta con un enorme potencial si se aprovechan las oportunidades que ofrecen los mercados de ropa de segunda mano, pues el medio ambiente y la economía son beneficiados.

Para que la ropa llegue un puesto de venta de segunda mano, pasa por un primer uso. Pero incluso cuando las prendas son nuevas… ¿imaginas a la persona que trabajaron en lo que traes puesto? Seguramente mucha gente se involucró en su diseño, la costura, planchado, empaquetado, transporte y acomodo. Pienso en las prendas usadas, ¿Por qué ya no querría

alguien esta falda que a mí me encanta? Quizá la respuesta es que entre cambios de estilo y gustos no hay nada escrito. Hay ropa que jamás imaginé que podría conseguir, pues son modelos que no se ven en el mercado o cuyo precio en una tienda es incosteable. ¿Resulta incómodo pensar que un extraño utilizó la camisa que traigo puesta? Alguna vez se han preguntado, ¿a cuántas personas le han visto la misma prenda? O ¿por qué el cielo estaba tan gris? La moda ultrarrápida alardea ser barata. ¿Será que unas vidas importan más que otras? Sólo pensarlo se siente incómodo. Me gusta pensar que los mercados son espacios donde hay una creciente consciencia de los consumidores…