Los Lakers del 2021-2022 podrían ser de los mayores fracasos en la historia de la NBA.

Cuando escuchamos que LeBron, Anthony Davis y Russell Westbrook competirían esta temporada en un mismo equipo, todos pensamos en el camino a las finales, incluso en su rival para la última ronda de la Conferencia del Oeste. Ahora sabemos que es totalmente lo opuesto.

Después de perder seis partidos consecutivos, se encuentran fuera del ‘play in’. Con la marca de 31 victorias y 47 derrotas, no están ni siquiera dentro de los 10 mejores equipos en el Oeste. Las posibilidades de entrar aún existen, pero se deterioran conforme pasan los encuentros. 

Está bien, han tenido incontables lesiones a lo largo de la temporada, pero, ¿Es esta la razón del fracaso? No. Las decisiones tomadas por los dueños y directivos  del equipo desde hace varias temporadas fueron claras, dejar ir tus mejores selecciones del draft para reforzar al equipo con estrellas que sirven para un par de temporadas, o como es el caso, para mucho menos.

Ni con ‘The King’ situado en lo más alto de la tabla de anotadores. Ni con múltiples agentes libres antes del inicio de la temporada. Ni con la amistad de Carmelo Anthony y James. La plantilla no pudo levantar la temporada. Egos, declaraciones polémicas, conferencias de prensa inusuales, veteranos sin motivación y un coach sin identidad.

El calendario se convirtió en su peor enemigo, y les toca cerrar contra Phoenix, Golden State y Denver; primer, tercer y quinto lugar de la conferencia, respectivamente.

La lucha es contra los Spurs, 33 victorias y 45 derrotas, que cuentan con un calendario sencillo, en comparación con los que juegan en la Crypto Arena. 

Aún con todas las matemáticas, en una campaña así de larga hay que preocuparse por ganar el siguiente juego. De uno en uno es la única manera en la que la postemporada puede llegar a Los Ángeles.

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