Una voz que va perdiendo fuerza

Foto: www.nba.com

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La nueva temporada de la NBA ha comenzado con una de las historias más conflictivas con las que la organización se ha enfrentado en años. Kyrie Irving, base titular y superestrella de los Brooklyn Nets, ha puesto de cabeza a la liga y a la franquicia a la que pertenece con su decisión de no vacunarse contra el COVID-19.

El martes 28 de septiembre, a casi un mes de que diera comienzo el inicio de la temporada regular, la NBA distribuyó entre sus equipos un protocolo sanitario que detallaba el manejo de jugadores que decidieran no vacunarse antes del inicio y durante la temporada regular.

Varias de las restricciones incluían que los jugadores no vacunados no podrían comer en la misma sala que un compañero o técnico vacunado, sus casilleros deberían ser asignados lo más alejado posible de los vacunados, estar siempre con mascarilla y alejado a casi dos metros (seis pies) de todos los presentes en una reunión colectiva, permanecer en sus residencias todo el tiempo, no asistir a lugares donde se acumule mucha gente y una serie de reglas adicionales que suponen una vida muy similar a la que los atletas se tuvieron que someter durante la “burbuja de Orlando”, hace ya más de un año.

Si bien, la NBA no hizo obligatoria la vacunación para sus jugadores, sí instó, a que todos los jugadores se vacunaran para evitar sanciones económicas por cada uno de los juegos que estos se lleguen a perder por “causas no razonables”. Adicionalmente, las juntas locales de salubridad de diferentes ciudades, como San Francisco y Nueva York, prohibieron legalmente a cualquier trabajador de asistir a laborar en lugares cerrados, si no se han puesto al menos una dosis de alguna de las vacunas avaladas por la FDA (Administración de alimentos y medicinas de EE. UU.) contra el COVID-19.

Kyrie Irving, campeón de la NBA y base titular de los Nets de Brooklyn, que se ha perdido la pretemporada y los primeros dos juegos de la temporada regular por no haberse vacunado todavía. El problema de este comportamiento no radica en los casi 380,000 dólares que el campeón olímpico de Estados Unidos deja de percibir por cada juego que se pierda, ni con la reciente decisión de los Nets de “dejar de perder dinero” y escuchar ofertas por el jugador,  mucho menos con la pérdida de forma física y basquetbolística por la que Kyrie pueda pasar. El asunto radica en que con cada juego que Irving está fuera de la cancha, su mensaje y “lucha” por “dar voz a las personas que no tienen voz” pierde fuerza.

El base de 29 años se ha caracterizado, a lo largo de su carrera, por ser una persona comprometida con el activismo social. Ayudó a la familia del difunto George Floyd a comprar una casa, donó más de 1 millón de dólares para las jugadoras que no pudieron ser partícipes de la “burbuja de Orlando”, regaló más de 250,000 almuerzos en Nueva York durante la pandemia y ha participado en numerosas ocasiones en recaudaciones de fondos de la comunidad Sioux. Pese a reconocer públicamente que el no es una persona “antivacunas”, su compromiso actual, de acuerdo con comentarios recabados desde su entorno cercano, es para “defender y dar voz a las personas que han perdido su empleo debido a su decisión de no vacunarse”.

La enorme diferencia entre todas esas veces que Irving se ha “puesto la camisa” de lucha social y su más reciente decisión de no vacunarse, tiene que ver con dos factores fundamentales: el contexto global actual y la pandemia que nos sigue azotando, así como los reflectores posados sobre él al llevar a cabo sus acciones. Primero es importante reconocer que el mundo ha cambiado y, sobrellevar la vida actual supone adaptarse e incorporar una serie de cambios a nuestras rutinas por el beneficio de todos, sin importar tu nivel socioeconómico o qué tan famoso o bueno eres haciendo lo que sea que hagas. En segunda instancia, nadie debe de olvidar que todos podemos aportar al mundo desde nuestra trinchera, ya sea un tribunal, una sala de emergencias o una cancha de basquetbol.

Irving tiene bien claro que su plataforma como superestrella global le permite ser un ejemplo y un representante de todas las causas con las que se ha querido involucrar. A lo mejor le falta entender que sus palabras y sus acciones no tienen la misma fuerza si no se encuentra en una cancha de basquetbol deslumbrando al mundo con su talento nato para driblar y encestar. No se trata de que el deporte por sí mismo lo vuelva más relevante, sino de la cantidad de reflectores que puede atraer para hablar de esos temas que tanto le interesan cuando juega y le demuestra al mundo que está en el pináculo de su profesión.

Kyrie es uno de esos personajes públicos que ha sabido sobrellevar su labor como activista con su plataforma como estrella internacional sin perjuicios para su carrera. Hoy, es indudablemente uno de los jugadores más importantes y decisivos (clutch) que existen en la NBA y, en palabras de varios de sus compañeros, “todos queremos contar con él”. Durant y Harden, Nash, los Nets, los equipos rivales y todos los aficionados del baloncesto estamos ansiosos porque haga su debut en el que es considerado como el equipo “favorito” para ganar el título.

Irving no tiene nada que demostrar y eso es probablemente lo más peligroso de la situación. Múltiples apariciones en el juego de estrellas, así como en la mejor quinteta del año, aunado a su contrato multimillonario y un anillo de campeón, son solo una muestra de la calidad individual y el talento con los que el basquetbolista cuenta. ¿Si se retira sería un caso más de una carrera desperdiciada? Sus ya mencionados logros individuales y colectivos nos demuestran que no, simplemente sería un caso más de un chico idealista que no le sacó el máximo provecho a su plataforma para efectuar un cambio sustancial.

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