La restauradora Karla Jáuregui. Imagen: cortesía 2PM Estudio.

La expresión en el patrimonio cultural no debería ser delito

La restauradora Karla Jáuregui, directora de proyectos de conservación de bienes culturales emblemáticos como la Minerva y la Catedral de Guadalajara, expresa que las prácticas de iconoclasia resignifican y enriquecen al objeto

Valeria Álvarez Pérez

Reconocida restauradora de bienes culturales y conservadora del legado humano, Karla Jáuregui expresa que cada monumento u objeto es un documento cargado de historia, pero también capaz de cambiar su significado si las conductas o dinámicas sociales lo ameritan.

Es egresada de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ECRO) de la licenciatura en restauración de bienes culturales y especialista en superficies arquitectónicas históricas. Ha dirigido proyectos como las restauraciones del monumento la Minerva y de las fachadas principales de la Catedral de Guadalajara y el Palacio de Gobierno.

¿Qué hace una restauradora?

La restauración, en términos muy puntuales, se refiere a la intervención profesional al medio material del patrimonio cultural. Incluso cuando se trata de patrimonio cultural inmaterial, se busca conservarlo medio tangible para transmitírselo a las generaciones futuras. Intervenir en la materia es una oportunidad privilegiada, nos da información importante e incidimos en aspectos históricos, simbólicos y emocionales de la cultura que haya generado el patrimonio.

¿Qué distingue a una restauradora?

Se analiza a los objetos desde la ciencia, no solo desde un orden histórico, antropológico y social. Un restaurador, y ninguna otra disciplina que atiende el patrimonio, tiene una injerencia firme sobre las decisiones de lo que se le puede, o no, hacer a un objeto. Un historiador, antropólogo o arqueólogo podría saber lo mismo que yo, pero no se dedican a la investigación material; yo les digo qué le pueden hacer al patrimonio. Esto depende también de las necesidades del caso: yo no me encargo de que las cosas sean perfectas otra vez, me encargo de que se conserven.

¿Has tenido retos como mujer restauradora?

Sí, sobre todo en ámbitos muy machistas; escogí una especialidad de abordar monumentos y arquitectura, siempre ha habido varios detalles en cuanto a cuestiones de género. Pero creo que he tenido más detalles con mi propio género, mujeres me han producido más trabas que hombres. Mujeres políticas, mujeres superiores a mí en la jerarquía del trabajo, y autoridades. Por eso no puedo decir que soy una víctima del hombre.

“Un historiador, antropólogo o arqueólogo podría saber lo mismo que yo, pero no se dedican a la investigación material; yo les digo qué le pueden hacer al patrimonio. Esto depende del caso: yo no me encargo de que las cosas sean perfectas otra vez, me encargo de que se conserven”

Como restauradora, y siendo que tu trabajo se centra en la restauración de monumentos, ¿cómo te posicionas con respecto a prácticas de iconoclasia?

Me enfurecen las circunstancias que atraviesan muchas personas con sus familiares desaparecidos, con escenarios de violencia contra la mujer, contra el hombre y los niños. Estoy sensibilizada con la situación; el tema de que la sociedad se exprese en el patrimonio cultural no es nuevo ni exclusivo de las mujeres. No es algo malo ni algo que tenga que estar supeditado a un delito por encima de lo que sucede en el ámbito social.

“El patrimonio cultural siempre ha sido vandalizado. Fuera de etiquetarlo como un hecho de mero dolo para dañar, siempre ha sido un medio de expresión. Tiene que ver con las necesidades que la autoridad no está solventando. Resignifican al objeto, son parte de su historia y su trayectoria de vida; lejos de ser algo que demerita al patrimonio, lo enriquece”.

¿Dónde está la importancia de la conservación del patrimonio?

El legado humano, refiriéndose a múltiples ámbitos, como máquinas u obras de arte, responde a diferentes expresiones. El legado cultural del ser habla de ciencia, tecnología, arte y guerra, y conocemos la existencia del humano solamente por lo que podemos estudiar en el presente de sus restos materiales. Es importante conocer quién nos precede, los aciertos y errores que se han cometido; a partir de esto se puede generar un aprendizaje social y admirar la riqueza cultural.

¿Por qué son importantes?

El pasado se olvida, pero la memoria de los objetos es vigente, su existencia sigue hablándonos de algo. A través del aspecto material se estudian los valores del objeto: ¿cómo debe ser conservado y transmitido? ¿Por qué lo conservamos? Esto tiene muchas respuestas: se restaura por importancia y valor sentimental, hasta para los intereses de élites de poder y sus discursos políticos. Desde cualquier motivo, parto de una metodología indistinta.

¿Cómo abordas la dualidad entre que los objetos no deban ser perfectos y su correcta restauración?

Es un acto crítico; los casos no ameritan las mismas soluciones, no tienen el mismo ámbito simbólico. No debes hacer actos que falsifiquen al objeto, lo que realices tiene que ser identificable. Lo que yo haga con la restauración debe tener la cualidad de ser, incluso en el futuro, distinguible de lo que es original. No invento lo que no puedo descifrar: tengo que actuar de una manera ética y respetuosa con los que se apropian de ese patrimonio y con los que lo conocerán en un futuro.

La restauradora Karla Jáuregui. Imagen: cortesía 2PM Estudio.

* La autora es estudiante de la licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.

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